Opinión

La información es un derecho humano y el periodismo un servicio público

El aviso está activo y dice más o menos esto:  “la información inmediata y veraz es un derecho, no pague por ella”.

Un aviso sorprendente, en el diario digital CRhoy, me incita a recordar la gran lucha mundial de los años 80, por el derecho a la información y las comunicaciones, que, a pesar de toda la argumentación y sabiduría reunidas (Comisión Mc Bride encabezada por la UNESCO, García Márquez y Sean Mc Bride, entre otros), fue derrotada por las grandes corporaciones informativas, la SIP, y los imperantes gobiernos de derecha como Pinochet, Tatcher y Reagan.

El aviso está activo y dice más o menos esto:  “la información inmediata y veraz es un derecho, no pague por ella”.

Por ser ese medio un newlether gratuito, como tantos en la Internet, es una auto propaganda, una exhortación al público y, en cierta forma, una crítica indirecta a los diarios convencionales competitivos, que cobran suscripción por ser leídos en sus versiones impresas o digitales.

El asunto se las trae, porque si bien es un ardid publicitario de CRhoy (que acaso no se lo cree mucho), encierra en el fondo una verdad de a puño que proviene desde la Revolución Francesa y que palpita siempre en el trabajo de los medios informativos, aunque hay manos peludas y poderosas que la aplastan a cada rato.

Vamos al mero principio: Con la liberación de Francia y la Declaración de los derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, se consagró, entre otros, el don de la libre expresión del pensamiento (art. 13), que dos siglos más tarde, en la Carta de la ONU(1948), se ampliaría como derecho de libre comunicación (art. 19), esto porque el concepto pasó a comprender, además de la expresión del pensamiento, el derecho a informarse.

Esa potestad universal del ciudadano, incubada en Voltaire, Diderot, D’ Alembert, y corroborada en la ONU, por más de cien países signatarios, es el derecho sagrado a que se refiere el inocente aviso de CRhoy, que encierra, en esa gratuidad, un bien jurídico tan verdadero, como si se hubiera escrito en piedra.

Lo que no es gratuito, ni libre ni sagrado derecho, es el periodismo corporativo o la forma como se pone en vigencia aquel noble beneficio social que, descolló como Primera Enmienda constitucional de los Estados Unidos. 

Me explico: al declararse los derechos humanos como una obligatoriedad de las naciones, estas fueron implementando, desde el XVIII, maneras de cumplirlos y así, a cada derecho humano, le fue  emparejado un servicio público, que es el canal o medio por el que se concreta el primero. Ejemplo: al derecho de la vida le acompañan los servicios de salud, seguridad, vivienda, protección. Al derecho a la salud, los servicios médicos, asistenciales, hospitalarios. Al derecho de libre movimiento, los servicios de transporte. Al derecho de educación, los servicios escolares, y así por el estilo.

De modo que todo derecho humano es libre y gratuito, y contará con su respectivo servicio público para garantizar el cumplimiento. Este es el que se paga.

En ese contexto, el sagrado derecho a la información se verá asistido, desde tiempos inmemoriales, por el servicio público del periodismo, cuyas ramificaciones en torno a la profesión respectiva harán que se cumpla el contrato social rubricado en 1948, pero consagrado desde la toma de la Bastilla.

El derecho, como lo indica el anuncio, es libre, sagrado y gratuito. Lo que no es ni muy libre, ni muy sagrado, ni del todo gratuito, es el servicio por medio del cual se cumple el bien jurídico demanial llamado “derecho a la información veraz y oportuna”.

Los Estados organizaron ese servicio público de varias maneras, de tal modo que la información se puede prestar en forma pública (gubernamental) o privada (mediante concesión). Y lógicamente, esa prestación, para que se sostenga, debe de cobrar alguna tarifa. Lo cual no es incorrecto. 

En la mayoría de los casos ese costo lo cubre la publicidad que se inserta en el medio o canal, pero también lo pagan las suscripciones. Por lo que no se puede decir que se paga por la información, hay que decir que se paga por el servicio que la suministra, que la hace posible.

Al volverse caro y complejo el servicio público de la información (periodismo), las garras del vil metal se fueron imponiendo y ocultaron lo que estaba en el trasfondo, que es el sacerdocio de la misión informativa y la propiedad social de los medios. Tan burda ha sido la gran distorsión, que ya nadie separa al periodismo del lucro con la información. Lo trastrocaron en los 70, como si fueran los tiempos de Trump, de la misma forma que confundieron en la CIDH y en la Sala IV el concepto libertad de expresión con el ejercicio del periodismo y por ahí se llevaron al Colegio de Periodistas y a la calidad de la profesión en general.

Por eso me sorprendió, y agradó, el aviso de CRhoy, pues tal vez sin darse mucha cuenta, está llamando a los caminos originales del trabajo informativo, cuando la información era libre, los medios sabían que el Estado les había concedido el permiso de informar y de obtener ganancia, pero el enriquecimiento no era lo primordial. Lo primordial era el servicio al público, el derecho de las gentes a estar bien informadas y en forma libre, oportuna, veraz y gratuita. Porque la información es como el aire: libre, universal, gratuita, obligatoria e indispensable. Ahora, si te la empacan en un globo, entonces está bien que te cobren el globo y el valor agregado, pero nunca el dato.

Hoy eso suena a utopía, porque los medios se sienten dueños de ella, aunque quizá Internet nos está abriendo otra vez el camino de la libertad.

Ya veremos que deciden los magnates de la comunicación cibernética. 

Esperemos y recemos, pero sin dejar el mazo.

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