La hora de la dignidad

El expresidente don Abel Pacheco nos hizo cómplices de la injustificada guerra contra Irak,

Los pueblos que no defienden lo suyo terminan siendo inquilinos en su propio país. Juan Rafael Mora Porras.

El expresidente don Abel Pacheco nos hizo cómplices de la injustificada guerra contra Irak, que simplemente obedeció a la arrogancia imperial de los Estados Unidos, con graves daños “colaterales”: 1.033.000 de muertos iraquíes.  Posteriormente, hubo manifestaciones de protesta ciudadana y se le enmendó la plana, atendiendo al precepto constitucional de la declaratoria de neutralidad del país en materia de conflictos entre naciones.

Hoy, aún y cuando el presidente don Carlos Alvarado ha manifestado que no respaldaría una intervención militar en Venezuela, con el reconocimiento oficial  a Juan Guaidó como presidente interino, no hace otra cosa que plegarse a la estrategia norteamericana que busca deslegitimar al presidente  de Venezuela, Nicolás Maduro, nos guste o no, elegido  por el pueblo; así como crear condiciones para una eventual intervención militar.

En este sentido, junto con los presidentes del denominado Grupo de Lima, el gobierno del país se pliega a los dictados del norte en materia de política exterior. Siguen nuestros gobiernos perdiendo dignidad y soberanía, al secundar los desplantes autoritarios de la potencia del norte, ahora al mando de uno de los empresarios más representativos del capitalismo “salvaje” y de la arrogancia xenofóbica imperial.

Las amenazas y acciones orientadas a intervenir militarmente en Venezuela, es parte de  la misma estrategia de “guerra preventiva” emprendida por Estados Unidos y sus aliados europeos para justificar las guerras por el petróleo en los países árabes. Se apela a la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, así como a la instauración de la libertad y la democracia, para deslegitimar cualquier gobierno que se anteponga a sus intereses financieros y geopolíticos expansionistas.

Necesitamos las voces de dirigentes políticos que apuesten por el diálogo para construir la paz. Siendo nuestro país un abanderado de esa noble causa, produce indignación que nuestros gobernantes se presten al juego geopolítico de un gobierno norteamericano que ha abofeteado, de la manera más burda y soez a nuestros pueblos latinoamericanos, que otrora han mostrado su resistencia y lucha por la dignidad y el decoro.

La dignidad es el nuevo nombre del desarrollo de los pueblos, parafraseando las palabras del Papa Pablo VI en su Encíclica Populorum Progressio. No podemos permitir que los aires neocoloniales de potencias extranjeras, de cualquier signo ideológico, se antepongan a la dignidad y el decoro de nuestra América indígena y afrocaribeña. Los pueblos libres de esta América mestiza reclaman ser sujetos de derechos y forjadores de su destino.  No son traspatio de nadie, como ha dicho recientemente el Papa Francisco, dirigiéndose a la juventud Latinoamericana en Panamá.

El gran desafío sigue siendo tomar en nuestras manos el destino de nuestros pueblos, sin complejos ni arrogancias; es decir, con dignidad, humildad y valentía. Y mostrar al mundo  que dejamos de ser repúblicas bananeras hace rato y que nos abrimos horizontes de justicia  social y de paz, sin tener que plegarnos a los intereses de ninguna potencia extranjera.  No somos ni seremos la América de nadie. Somos pueblos dignos y soberanos a quienes se les debe respeto. ¡La hora de la dignidad ha llegado!

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