Derecho de Respuesta

LA FURIA Y EL TEMOR DEL SEMANARIO UNIVERSIDAD

Derecho de respuesta del candidato presidencial del PIN, Juan Diego Castro.

Juan Diego Castro Fernández al tenor de las normas que protegen el derecho de respuesta previstas por la Constitución Política y la ley de la Jurisdicción Constitucional expresa que solicita la publicación del siguiente comentario en la próxima edición, tanto tanto impresa como en digital:

La noticia publicada el 6 de diciembre del 2017 en la versión impresa, con extensión de cuatro páginas, y digital del semanario que usted dirige, intitulada “Juan Diego Castro, el temor y la furia”, redactada por el escribiente Álvaro Murillo es tendenciosa, imprecisa, malintencionada y difamatoria.

LA FURIA Y EL TEMOR DEL SEMANARIO UNIVERSIDAD

El reportaje en el que elaboran un tendencioso perfil mío y cuya autoría es de un periodista que abiertamente se ha expresado en contra de este servidor cuantas veces ha querido a través de la plataforma Twitter,  quebranta los principios éticos del periodismo y falta a la verdad.

Es la lamentable reconfirmación del estilo sesgado y frontal que han adoptado hacia mí los medios de la Universidad de Costa Rica desde hace semanas, por cierto, medios que financiamos todos los costarricenses con nuestros tributos.

La primera muestra del ataque feroz de los medios de mi Alma Máter se dio semanas atrás en un programa difundido en el canal 15 de la UCR llamado “La prensa detrás del ‘cementazo'” y en el que el director, Marlon Mora, le dio rienda suelta a su posición subjetiva hacia mí,  en compañía de su amigo Diego Delfino, quien me difamó abiertamente al decir que yo había orquestado todo un complot en su contra y hasta me involucró con personajes que están directamente relacionados con el escándalo corrupto del cementazo, con el que no tengo nada que ver.

Quisiera comprender la furia y el temor del Semanario Universidad, del periodista Murillo y del canal 15, por mi candidatura presidencial, mi primer lugar en las encuestas, mi trabajo honesto en esta campaña en la que han arreciado los ataques viles y oscuros hacia mí y he llegado a una conclusión: es ampliamente sabido que la influencia del presidente Luis Guillermo Solís y del Partido Acción Ciudadana  (PAC) en estos medios y en quienes trabajan allí atenta contra cualquier independencia editorial.

Le aclaro al periodista Murillo y a la cuadrilla de escribientes de ese semanario que mi vida no ha estado marcada por el conflicto, sino por una lucha incansable en la defensa de mi honor a como dé lugar, por un esfuerzo y sacrificio en mis labores diarias para sacar adelante a mi familia, a mis ocho hijos y a mis cuatro nietos.

En el artículo se refieren a mí como el defensor del expresidente José María Figueres, una mentira del redactor. Yo nunca defendí a don José María, a mí me contrataron Carlos Espinach, Antonio Pacheco y Bernardo Arce, el 29 de abril de 1991, sin que él me conociera. Lo hicieron para que fuera su apoderado para acusar a los que hicieron un panfleto donde le atribuían algunos delitos. El señor Figueres nunca figuró como imputado en ninguna causa por el caso Chemise.

Sugiere el periodista Murillo, acuerpado por la lupa de editores y el director del Semanario, que mi discurso de mano dura contra el crimen y la corrupción en la clase política es pura hablada. Se equivoca una vez más, pues basta que revisen mis 38 años de carrera intachable como abogado y mis comentarios, articulados y libros contra el gran mal que ha carcomido este país como la corrupción, para que comprueben que siempre he ido de frente y he actuado contra este “cáncer” de la sociedad.

Oculta información el ciudadano Murillo al afirmar que no atendí la solicitud de entrevista del Semanario, cuando a través de mi asesor en comunicación, el periodista Álvaro Sánchez, acepté la entrevista para que la hiciéramos el día jueves 30 de octubre del 2017, a las 8 a. m., en mi oficina, en San Pedro de Montes de Oca, sin embargo, el día anterior, el 29, él mismo me la canceló porque debía atender otros compromisos laborales.

Miente y mientual reiterar que me negué a darle una entrevista. Estuve dispuesto a atenderlo, pero al posponer nuestra cita se complicó fijarla para otra fecha por mi entretenida agenda electoral.

Hay groseras falsedades en el escrito como cuando sostiene que envié un contingente de policías armados a rodear el Congreso para presionar a su entonces presidente, Álvarez Desanti, cuando en realidad lo que hubo aquel 7 de diciembre de 1995, hace 22 años,  fue un desfile policial para finalizar la semana de la Fuerza Pública hacia el Parque Nacional, donde se colocó una ofrenda floral en el Monumento Nacional.

Murillo miente sobre mi salida del Ministerio de Justicia, al afirmar falsamente que se dio porque “la suma de cuestionamientos lo hizo insostenible políticamente”. Falso, ruinmente falso. Yo renuncié a mi puesto porque había cumplido con la misión que me había encomendado el Gobierno, que era combatir la corrupción desde donde estuviera.

Sugiere el articulista que yo me empato con una parte del Poder Judicial, al que siempre he criticado por la forma oscura en la que se manejan muchos temas. Yo no me empato con nadie, ni hago tratos con nadie por debajo, ni le hago porras a nadie. Mi ética no se negocia con nadie, aunque Murillo quiera insinuar que yo me apunto al mismo relajo de unos cuantos corruptos o de una red de cuido político.

Mi verbo no es burlesco, ni fogoso, ni de doble sentido; mi verbo es franco, sincero, transparente y acorde con la ética en todos los ámbitos de la vida. El es el intemperante.

Murillo se basa en un escrito de La Nación para describir cómo celebré la condena contra el director y dos periodistas (delincuentes condenados) de ese diario que me injurió y dañó mi honor. Yo me alegré porque la verdad triunfó y no celebré la condena como quien gana un partido de fútbol o como quien va a un turno, para mí el honor va más allá de cualquier otra cosa y lo tomo en serio. Lo celebré con toda mi alegría.

La Nación mintió injustamente, me persiguió durante muchos años y hasta invadió mi intimidad. Yo nunca me dejé armas del Ministerio. Por injuriadores los condenaron penal y civilmente.

El convicto Eduardo René Ulibarri me vuelve a difamar en la publicación al afirmar que mi querella contra La Nación tuvo dos caras, la mía y la del gobierno de Figueres, algo que traiciona la verdad y que revitaliza el título de uno de mis libros “Los Embusteros de la Mala Fe”. Yo nunca recibí el apoyo del gobierno para entablar mi demanda, lo hice a título personal y, como he reiterado repetidamente, para defender mi honor.

El reo condenado Ulibarri me retrata como un manipulador de medios, de periodistas, de la verdad. Siempre he mostrado mi respeto por las libertades de expresión y de prensa. Yo más bien fui víctima de la mala fe de Eduardo René, quien me difamó por muchos años.

 

Sin embargo, jamás podré aceptar que me pongan como un sinvergüenza, tal y como lo hizo la señora Amelia Rueda, su hijo Antonio Jiménez y la redactora del Semanario María Flórez-Estrada Pimentel, con la colaboración de Giannina Segnini, en varios artículos relacionados con el escándalo de los Panamá Papers.

Yo hice una nota de cuatro renglones para mis clientes de entonces Gerardo Ten Brink y Hermes Navarro diciendo que yo los había defendido en un caso que había sido sobreseído.

Me pidieron eso porque en Panamá les solicitaron que ese caso que estaba pendiente y había sido público estuviera terminado. En 75.000 documentos que se refieren a las empresas de Costa Rica, Juan Diego Castro salió en una nota que no está pidiendo que haga sociedades, que no dice nada ilegal, que es una manifestación ética y jurídicamente correcta y Amelia, su hijo Antonio, la tía del candidato a diputado por el Frente Amplio José María Villalta y la señora Segnini golpearon mi honor sin ningún motivo. Mandé mis derechos de respuesta al Semanario, a Amelia Rueda y ella se negó a publicar mi derecho de respuesta en su programa Nuestra voz.

Murillo utiliza al director de La Nación, que me ataca y me señala como populista y sugiere que soy un Trump, nada más alejado de la realidad. Yo nunca he buscado, ni buscaré hacerme la víctima con nadie y menos con los que me critican. Tampoco busco una confrontación con La Nación, al contrario el periódico La Nación es el que se incomoda con mis posiciones en cuanto a la visión que tengo del país. Sus intereses económicos se verán claramente afectados cuando llegue a la silla presidencial, pues les beneficia más que gane Antonio, concuño de Manuel Jiménez Echeverría, dueño del Grupo Nación.

El periodista del Semanario confunde un cuestionamiento dirigido al presidente del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) con un ataque directo a la imagen de esa institución a la que le tengo un profundo respeto y en la que deposito mi entera confianza. No así con el señor Sobrado, quien se ha hecho de la vista gorda ante toda la campaña sucia que el Partido Liberación Nacional (PLN) ha orquestado en mi contra y les ha permitido hacer lo que les da la gana.

Yo no confío en los partidos añejos de este país como Liberación, en el que internamente hubo un chorreo comprobado en sus pasados comicios internos y temo que eso se vuelva a presentar en las urnas el próximo 4 de febrero.

Murillo se confunde al sugerir que yo he utilizado a canal 7 como una plataforma para darme a conocer en la opinión pública de este país. Siempre he compartido mi criterio en temas jurídicos y de interés nacional con cuanto medio me lo solicite, yo no tengo exclusividad con ninguno. Y si su insinuación se debe porque soy abogado del canal lo desmiento de inmediato. Soy un hombre que se rige por los valores éticos más altos y nunca traicionaría mi profesionalismo.

En el artículo se menciona a medias mi adhesión al exprecandidato Johnny Araya en el 2009, pues el redactor omite dar las razones. Yo le di mi adhesión al señor Araya para evitar que nuestro país cayera en las manos de doña Laura Chinchilla. Finalmente ella fue presidenta y todos nos dimos cuenta lo que pasó, se nos vino una ola encima de chorizos y escándalos de corrupción como la trocha que golpearon a la nación.

Murillo cita una declaración del periodista David Delgado, quien me difama descaradamente. Yo nunca he perseguido, ni me he burlado, ni mucho menos he acosado al señor Delgado, asesor personal del viceministro de Justicia, Marco Feoli, quien abiertamente ha mostrado su antipatía hacia mí solo porque pensamos diferente sobre la forma en que se debe atender el problema carcelario del país. Yo no tengo ningún pensamiento punitivista, como lo han profesado desde el inicio de la campaña electoral distintos miembros de los medios universitarios. Soy un creyente del respeto a los derechos humanos, pero también consciente que quien comete un delito debe ser castigado con cárcel.

Atentamente,

Juan Diego Castro Fernández.

 

De la redacción

Este es el comentario que el candidato presidencial Juan Diego Castro envió a nuestra Redacción dos días después de publicado el reportaje titulado “Juan Diego Castro, el temor y la furia”, elaborado en apego al interés público que prima sobre una de las personas que pretende gobernar al país.

Al señor Castro se le pidió entrevista mediante su periodista Álvaro Sánchez, quien el 23 de octubre contestó “Conversé con don Juan Diego y no va a ser posible la entrevista, al menos, por el momento”. Después abrió la posibilidad, pero propuso la única hora en que el periodista a cargo tenía ya establecido el compromiso ineludible y bien conocido por todos de conducir un programa radial matutino. Se acordó buscar otra posibilidad antes del cierre de edición.

La última cita agendada fue para el lunes 4 de diciembre a las 11 de la mañana, pero tres horas y medio antes el señor Sánchez la canceló porque el candidato debía atender “de urgencia” un asunto profesional y propuso reprogramarla. Después no contestó más mensajes y publicamos –como estaba previsto- el reportaje el miércoles 6 de diciembre.

Después de atacar a nuestros periodistas y al periódico en redes sociales, el viernes recibimos este escrito que repite el mismo patrón de embates y calificativos, ampliados ahora a otros colegas que nos ofrecieron su testimonio para elaborar su perfil. Como se puede ver, no hay en el texto del señor Castro solicitud alguna de corrección de alguno de los datos publicados. Entendemos este escrito como la respuesta que nos habría dado en una eventual entrevista, cuya solicitud –don Juan Diego Castro-  aún mantenemos en pie.

Ernesto Rivera

Director del Semanario Universidad


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