La falacia del déficit fiscal y la necesidad de un buen debate público sobre las pensiones

Y es que no se trata solamente de noticias falsas, sino también de falsas realidades. No hay tal déficit fiscal, sino déficit atencional

Y es que no se trata solamente de noticias falsas, sino también de falsas realidades. No hay tal déficit fiscal, sino déficit atencional; es decir, falta de atención en lo que le informan los medios y el gobierno. Ya conocemos los datos, la cuestión es si queremos asimilarlos y enfrentar la verdad de la situación del país; o si queremos meter la cabeza en un hueco, como los avestruces. Por supuesto, lo último es más fácil, pero también más mortífero, sobre todo en cerebros que solo tienen muy pocos segundos de capacidad atencional, como le sucede a los pececitos rojos de Bruno Patino (La civilisation du poisson rouge. Petit traité sur le marché de l’attention. París: Grasset, 2019) cuando nos describe “el jaqueo” del cerebro a que nos somete la nueva ciencia de la Capturología, al interior de un nuevo modelo de sociedad, que se ha de imponer mediante la nueva economía de la atención, que corre paralela a la vieja economía de las finanzas. Pero Patino nos recuerda, que ese modelo de sociedad azombificada, está todavía joven y cree poder instalarse sin ser confrontada. Vivimos, al parecer, un momento de fundación de una sociedad sin humanidad. Combatirlo es un proyecto político, sanarnos es un proyecto de sociedad. Combatir y sanarse. Ambas acciones son necesarias, pero la acción debe ser colectiva o no será.

El caso del debate sobre las pensiones en Costa Rica es un buen ilustrador de la verdadera naturaleza de la amenaza que se cierne sobre la población. He aquí un breve ejercicio neuronal:

  1. Cuando dicen “pensiones de lujo”, solo le dan los montos nominales de las pensiones así llamadas y nunca le dan el monto de retorno de dichas pensiones que, desde julio de este año, con el nuevo aumento del impuesto de la renta, han superado el 55% admisible de deducciones. Aún así, los proyectos de Ley que se discuten en la Asamblea pretenden aumentar el ya ilegal grado de confiscación, para reformar lo que ya está reformado desde hace varias décadas, pero que casi nadie parece darse cuenta, precisamente por falta de atención.
  2. Cuando dicen “pensiones con cargo al presupuesto”, le hacen creer que las pensiones del Magisterio Nacional las paga usted. Aquí también, por falta de atención, nadie se pregunta cómo diantres están ahí si la ley 2248 las creó desde su fundación (1958) no solo con un fondo aparte, sino también un administrador (la Jupema), y que, además, los beneficiarios pagaron sus cuotas durante su vida laboral y las siguen pagando después de pensionados. Ponga atención, no se deje capturar por los distractores. Es el Estado el que le está pasando la factura de sus pifias administrativas consuetudinarias a usted y a toda toda su familia. Pero no se sienta mal, a los pensionados del Magisterio les han hecho lo mismo y algo más. Les aplicaron aquello de “tras cuernos, palos”. Efectivamente, les dieron vuelta con su fondo de pensión y, tras de ello, los apalearon en 1995 cuando intentaron detener una reforma, que ahora quieren reformar de nuevo, mediante la cual los han hecho pagar esa misma incompetencia administrativa, con impuestos, verdaderos unos y camuflados otros, que ya llegaron al nivel de confiscación de los ingresos de los pensionados.

Si los pensionados del Magisterio se sienten mal, porque siendo las víctimas los están haciendo pasar por culpables, y usted los ve como el enemigo público número uno, avive el seso y despierte, porque a usted también están a punto de hurtarle no solo su pensión, sino algo más importante: su cerebro. Los pensionados del Magisterio son tan solo el cebo que han de morder los pececitos rojos de esta pecera social que es nuestro país, en la cual perecerán todos los demás peces que no logren poner atención, al menos un segundo más que los pececitos rojos.

No permitamos que el exceso de dopamina, regada por la campaña mediática del odio y la división, destruya un verdadero debate público.

Nuestra democracia va más allá de apretar el botón de me gusta. Merece algo más que nueve segundos de atención. En el reino del mundo numérico urge un nuevo aprendizaje sobre la libertad. Es hora de reconquistarla. Todavía podemos hacerlo, pero tenemos que hacerlo juntos: educadores, padres de familia y, sobre todo, los políticos conscientes y los Magistrados custodios de nuestros derechos. El derecho a la información y la auditoría de esta se perfilan como algo más que un derecho humano fundamental. Es hoy un asunto de supervivencia de la especie.

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