La “empresa” de Cristóbal Colón

El avasallamiento iniciado con el “descubrimiento” de América por parte de Colón es considerado por algunas personas como un “emprendimiento” o “inversión” con rentabilidad a largo plazo.

El avasallamiento iniciado con el “descubrimiento” de América por parte de Colón es considerado por algunas personas como un “emprendimiento” o “inversión” con rentabilidad a largo plazo. Esto equivale a mantener hasta hoy las justificaciones de los mismos europeos y a reforzar la neocolonialidad.

Para los pueblos originarios de Abya Yala (América) esa “inversión” significó una masacre humana y un saqueo material de dimensiones aún incalculables. A la esclavización o encomienda, que acabó decenas de millones de seres humanos en minas y campos de cultivo, se sumó la destrucción del patrimonio cultural material e intangible de todos los pueblos. Al Aniquilar las culturas se eliminaba la identidad en un proceso que dura hasta nuestros días.

En Costa Rica, uno de los hechos históricos asociados con la colonización que mejor demuestra esas torceduras de la historia es el asesinado Pabru Presbere, ocurrido en Cartago el 4 de julio de 1710. La “historia oficial” de esa muerte, del proceso que la antecede y de lo que siguió está marcada por la sumisión intelectual, la negación y la intención de los vencedores.

El historiador Ricardo Fernández Guardia en su Reseña histórica de Talamanca (Euned, 2006), en la cual se basa textos oficiales como libros de estudios sociales de historiadores como Carlos Monge, señala que esa muerte fue parte del “castigo ejemplar” ante el “inmenso dolor” que causó “en toda la provincia de Costa Rica”, la muerte de algunos españoles a manos de la “turba enfurecida” de indios de Talamanca al mando de Presbere.

Efectivamente, los indígenas impidieron que los españoles se apoderan de su territorio y evitaron también, parcialmente, ser erradicados, trasladados y repartidos como esclavos entre soldados y pobladores de Cartago y otros sitios de Costa Rica. En la trama histórica de la conquista y usurpación Costa Rica y Ditsö Kã/Talamanca son solo un capítulo de la “empresa” europea que condujo al exterminio en todo el continente americano.

La historia oficial de Fernández Guardia y sus copias derivadas ha sido y es propagada, narrada y reforzada desde la academia y los espacios del poder, porque mucho del pensamiento local fue absorbido y está colisionado con la neocolonialidad.

Esa historia oficial niega el holocausto vivido en América y transforma a los invasores en héroes emprendedores. El estadounidense Howard Zinn, en su libro La otra historia de los Estados Unidos (2001), señala que “Lo que hizo Colón con los arawaks de las Islas Antillas, Cortés lo hizo con los aztecas de México, Pizarro con los incas del Perú y los colonos ingleses de Virginia y Massachusetts con los indios powhatanos y pequotes”.

Zinn recupera otros autores que describen un “holocausto completo”, e indica que cuando Colón llegó había unos 75 millones de personas en América, 25 de los cuales estaban en América del Norte. Solo en el norte de México, de los diez millones contados, quedó uno.

Fernando Báez, en su libro El saqueo cultural de América Latina. Desde la colonia a la globalización (2009), explica que los 25 millones de personas que vivían en todo México en 1500 se redujeron a un millón entre 1519 y 1605, “un descenso demográfico del 96%”.

Báez estima que con la imposición del español y el portugués se perdieron más de mil lenguas originales en América Latina. Por su parte, Zinn anota que había más de 2.000 idiomas en América. Estas pérdidas señalan la dimensión incalculable del megadesastre cultural e identitario.

La revisión de los archivos coloniales de la Curia metropolitana de Costa Rica (copias de originales facilitados por la escritora Tatiana Lobo Wiehoff) permite constatar el racismo y la violencia colonial: “…los naturales son dóciles y bien inclinados, inútiles por la suma ociosidad”.

El fraile español Rebullida, uno de los jefes enviados por la corona de España a Talamanca, advertía que se requerían hombres armados para “reducir” -agrupar- los indios a pueblos, pues “con amor no se puede hacer por ellos todo lo que conviene”. Otro informe de Fray A. de Andrade advierte que “poblar de españoles Talamanca ha de costar mucho y lograr nada”, porque “los indios pueden asaltar y matar”. En cambio, preferían que “se pueble Boruca. Que los indios de Talamanca sean trasladados a Boruca, Chirripó y Teoquique”.

El “despoblamiento” que se lograría sacando los indios de Talamanca respondía al ideal económico de ocupar las tierras para repartirlas entre españoles. Ese desarraigo forzado (tal y como sigue ocurriendo hoy en muchos territorios indígenas de Costa Rica y América Latina) era parte del proyecto colonial que buscaba “limpiar” el territorio.

Además, convertía a los indios cazados en las “correrías” en esclavos, y dotaba de tierras a los colonizadores en las que “los buenos zacatales” darían comida al ganado. Esa “empresa” demandaba también la cristianización, para lo cual se recurrió permanentemente a la fuerza militar, sin la cual la “pacificación” era imposible.

De hecho, la sublevación del blúpa (jefe Presbere) fue aplacada con un contingente de 200 soldados y armamento trasladado desde Guatemala. En todos los casos y en todos los países, la “empresa” iniciada por Colón y seguida por otros conquistadores, todos socios de la Iglesia católica y de países coloniales europeos, buscaba control territorial, extracción de riquezas y sometimiento de la población por evangelización, esclavitud y exterminio masivo.

La recuperación de la historia real, no oficial, debería ser un ejercicio de reinvindicación que permita comprender los orígenes de la miseria material en la que viven millones de indígenas, y la pérdida obligada de las identidades culturales, tras la imposición de prácticas y visiones de mundo ajenas.

A esa tragedia iniciada con la llegada de Colón y la posterior conquista se suma hoy día, con más o menos ignorancia y sumisión, la visión neocolonizadora. Superar la alienación que transforma en “empresa” una de las mayores devastaciones humana, ecológica y cultural de la historia mundial, sigue siendo una deuda con los pueblos indígenas.


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