Opinión

La desigualdad educativa del COVID-19

Antes de abordar el tema de la desigualdad en el contexto del COVID-19, es importante señalar primero que la desigualdad ha estado presente a lo largo de la historia de la civilización humana, en ocasiones más profundas que otras, y esto incluye los niveles o dimensiones donde esta se proyecta. Eso puesto que la desigualdad no es exclusiva tampoco de los pobres, o tampoco se puede solo quedar en materia de acceso y oportunidades, pues es la sociedad por completo es la que permite que esto ocurra.

Según datos de la Organización Caritativa Británica Oxfam, en el 2017 el 1% de la riqueza generada estuvo en manos del 1% de la población mundial. Existen otros documentos e investigaciones que hablan que la riqueza que concentra el 1% de la población es más del 90% de la riqueza mundial producida al año. Cuando hablamos que la desigualdad no es exclusiva de los pobres lo hacemos refiriéndonos a que existen personas que reciben más ingresos millonarios que otras que reciben algunos millones o mercados que llevan la vanguardia en las bolsas de valores e inversión, sobre otros mercados, a lo que últimamente y como popularmente se les puede llamar “súper ricos” y “ricos” en el orden que mencionamos anteriormente.

Con esto queremos mencionar que las condiciones sociales y económicas antes de la pandemia del COVID-19 ya eran críticas, en la economía global en general y en las diferentes áreas de la realidad social ya se venían acrecentando. Un ejemplo que podríamos presentar y que nos ayuda a clarificar y estas dinámicas es la desigualdad de género y sexo, en cuanto a la diferencia por remuneración por mismos oficios entre hombres y mujeres, así como también la empleabilidad que afecta más a las mujeres que a los hombres, en las labores domésticas, entre otras.

La pandemia del COVID-19 permitió visibilizar relaciones sociales desiguales en general que la sociedad ya sabía pero eran invisibilizadas; y no solo ese tipo de relaciones el contexto de pandemia o crisis producto de las medidas mundiales y nacionales tomadas alrededor de ella. Los contextos de crisis social han servido para la toma de decisiones políticas sobre la sociedad que bajo un contexto “normal” estas sociedades no permitirían, como perdida de derechos colectivos; pero tampoco es perdida total ni por llamarla de alguna forma “democrática”, sino que hay grupos que pierden más que otros como ya lo mencionamos, y muy pocos son los que ganan o se ven beneficiado con esas decisiones.

Una de las desigualdades con las que podemos ejemplificar mejor esto es el sistema de Educación de Costa Rica. Mucho antes de la pandemia, según una investigación realizada por el Ministerio de Educación Pública( MEP) llamado “Abandono (deserción) escolar en la enseñanza secundaria en Costa Rica, 2009- 2010”, entre los periodos comprendidos entre los años 2001 hasta el 2008 el abandono en los centros educativos públicos y privados, académicos, técnicos y nocturnos  en el tercer ciclo osciló entre el 11,6%, en el 2004, siendo el porcentaje más bajo hasta el llegar al 13,2% en el 2006 para luego continuar en el 2007 y 2008  con porcentajes de 12,9% y 12,1% respectivamente.

Años anteriores, en especial a partir del programa del MEP llamado ”Yo me apunto”, estos números se redujeron considerablemente. Sin embargo, producto de la pandemia del COVID-19 y de las medidas recomendadas por el Ministerio de Salud (MS) y acatadas por el MEP para la protección de los alumnos, personal docente y administrativo, se tomó la decisión de que a través de herramientas tecnológicas, videoconferencias y aúnen físico, podrían recibir las lecciones ( para quienes no tenían la posibilidad de ingresar a las plataformas tecnológicas podrían adquirir el material una vez al mes en los centros educativos que estaban matriculados. Por lo tanto, los estudiantes podrían ver la materia y de esta forma cumplir con los objetivos de los programas de estudio para cada nivel educativo.

Según datos publicados por diferentes medios de comunicación masivos en el ciclo lectivo del 2020 en colegios públicos y privados, así como académicos y técnicos, de los 1.067.091 alumnos que estaban matriculados, 91.000 estudiantes abandonaron el sistema educativo, pues ya no atendían el teléfono, no enviaban sus guías de trabajo, conocidas como “GTA”, o dejaron de conectarse a las sesiones virtuales cuando se les solicitaba. Por lo que representó no solo la incapacidad del sistema educativo de responder adecuadamente.

Por otro lado, el tema fiscal afecta indudablemente en la posible respuesta ante ello. De forma tal, se buscó que aunque se ha dado por entendido de las desigualdades tecnológicas en cuanto a poder tener los recursos para el acceso a la Internet y tecnológicos existentes, los estudiantes se quedaran en el sistema educativo.

Ahora bien, ¿qué pasa o pasó con aquellos que habían salido del sistema educativo años anteriores? En respuesta a esta pregunta, el MEP desde hace muchos años creó modalidades como Bachillerato por Madurez y Bachillerato a Distancia, así como la creación de los Cindea, Colegios nocturnos y colegios técnicos nocturnos para que pudieran capacitarse y poder mejorar de cierta forma sus condiciones de vida, y de conocimiento (este en el último plano, que por muchas razones no abordaremos en este documento). Sin embargo, también se vieron afectados sus exámenes por la pandemia, ya que durante este 2020 dichos exámenes solo se realizaron una vez al año, cuando generalmente son dos veces (una ronda en el primer semestre, y la segunda durante el segundo semestre del año). Eso trajo mucha desesperación a los que tenían la posibilidad de pagar el examen de admisión a una Universidad Estatal, pues si fallaban la prueba de Bachillerato corrían el riesgo que de pasar el examen no pudiese entrar por la falta del  preciado título.

No solo esta decisión afecta a esta población, sino que también en acuerdos entre el Ministerio de Educación y Conare (Consejo Nacional de Rectores) se tomó la decisión de que estos tuviesen un ponderado “El promedio de notas de la Educación Diversificada, en escala 0-100 con dos decimales, será solicitada por UNA y reportada directamente por el Ministerio de Educación Pública (MEP) a la Universidad Nacional, a inicios del mes de octubre del 2019.” Así dice la página oficial de Registro de la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad de Costa Rica (UCR) lo calcula de forma similar, lo que implica que sistemáticamente todavía siguen estando en desventaja; aún más frente a otras modalidades, si agregamos a esto que las decisiones políticas que se han tomado en cuanto a recortes del FEES (Fondo Especial para la Educación Superior) y de la cual las universidades Estatales obtienen sus recursos para pagar salarios, becas, infraestructura entre otras. Estas personas tendrán una posibilidad muy baja de poder entrar a la universidad estatal, incluso mucho más bajas que las posibilidades de los centros educativos públicos, ya que se habla que un gran porcentaje de los estudiantes que están en universidades públicas provienen de centros educativos privados.

Esta explicación proviene de la “queja” con respecto a la decisión del Tecnológico de Costa Rica (TEC) de suspender por este año el examen de admisión, por lo cual la institución educativa permitió que una población que “normalmente” no se quedaba fuera de dicha institución, lo estuviese, lo cual dio paso a que colegios académicos diurnos y técnicos no científicos pudieran entrar. Esto llama muchísimo la atención, sociológicamente hablando, pues no es que exista un filtro para entrar a la Universidad Pública, ni que se le recorte el presupuesto sistemáticamente desde hace años, tampoco existe la molestia de lo caro que se vuelve estudiar en una universidad privada, ni mucho menos que la mayoría de la población estudiantil en colegios públicos quede por fuera de la posibilidad de entrar (pues al menos en el conocimiento de la población en general se sabe que las universidades estatales cuentan con gran prestigio nacional e internacional). No, la molestia es que para los que el sistema debía funcionar o entrar, en su mayoría provenientes de colegios técnicos y científicos, quedaron fuera. Pero no del todo, sino que un porcentaje mucho menor que en otros periodos proveniente de dichas instituciones fueron los que entraron, como sucede, desde hace muchísimo tiempo en los colegios públicos en especial.

Entonces hay una pregunta que está girando, ¿por qué hasta ahora nos molesta esta desigualdad? La respuesta posiblemente esté a manos de François Dubet, el plantea en uno de sus textos un fenómeno social en el que explica por qué a pesar de que la sociedad es tan desigual se mantiene operando de esta forma. Él plantea que las sociedades prefieren la desigualdad, porque ya saben los privilegios que podrían obtener si ascienden entre los niveles, potenciando y adquiriendo más beneficios de ella, ya que existe la esperanza de que en algún momento se pueda obtener réditos de ella. Por lo cual, en este caso, la desigualdad al no reflejarse favorecida las poblaciones que generalmente nos causa problemas pues también la desigualdad tiene ciertos tintes de “orden”. Al tener una respuesta no esperada, esta respuesta nos genera una sensación de “desorden”, y como ya no sabemos si tiene algún sentido seguir permitiendo socialmente esa desigualdad, hacemos todo lo posible para recuperarla. En el caso del TEC enfrenta procesos de en la sala constitucional y recursos de amparo, para que las personas procedentes de algunas instituciones entren al recinto universitario.

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