El mito de la caverna destaca la pulsión humana por conocer más allá de las sombras y salir al exterior para ver la luz, como una metáfora de la iluminación brindada por el conocimiento. El contexto universitario actual me hace pensar que se ha debilitado ese anhelo por la búsqueda del conocimiento y que, por el contrario, se incita a que las personas permanezcan dentro de la caverna, como una forma de eludir la realidad que clama por conocimiento y acción.
Se induce a la idea de que “la prensa miente”, se deslegitima a los actores críticos a través de descalificaciones personales, y se relativiza el trabajo del Poder Judicial. Así germinan teorías que niegan hechos documentados. Sin embargo, las evidencias nos conducen a sospechar que hubo personas que, valiéndose de sus cargos como autoridades, promovieron reformas salariales que les permitían beneficiarse bajo la premisa de “salarios dignos y acordes con las responsabilidades”. Ojalá ese mismo espíritu reinvidicativo se canalizará para mejorar las condiciones laborales de las personas interinas o ampliar el sistema de becas, bajo el marco de la legalidad, la sostenibilidad y con análisis técnicos.
He escuchado y leído que la universidad es “bipartidista” y que los cuestionamientos se han orquestado desde un “grupo perdedor” motivado por el resentimiento. Esta lectura omite un dato fundamental: los hechos cuestionados constituyen piezas de investigaciones judiciales en curso y no se trata de invenciones. La retórica construida incita a la máxima “están conmigo o contra mí” y confunde la lealtad a la Universidad de Costa Rica (UCR) con lealtad a un grupo, lo que sustituye el cuestionamiento legítimo por la unanimidad sin capacidad crítica.
La gestión universitaria, en cualquier nivel, no puede permitirse actuar desde la prepotencia y el ego, pues provoca la incapacidad para gestionar el conflicto. La falta de escucha activa, la ausencia de convocatorias al diálogo y la renuncia a la apertura de investigaciones nos augura un mal presagio. No podemos vivir de “glorias pasadas”, como comunidad universitaria no es momento de vivir en la memoria histórica de lo que fuimos, porque no hemos logrado honrar ese legado.
Otro elemento grave de la coyuntura universitaria actual es la incapacidad de asumir responsabilidades. En las sesiones del Consejo Universitario -a veces un poco insufribles- y lo expuesto en los comunicados oficiales percibo algo: el traslado de la culpa al “otro”, siempre se encuentra a una persona para señalar, porque finalmente es lo más fácil. No obstante, en la política y, principalmente, en la función pública se puede estar para los días de gloria, pero siempre se debe estar para los días de prueba.
Diversos trabajos periodísticos muestran que algo pasa en la UCR, pero algunos sectores desacreditan esas denuncias tildándolas de “anónimos” e incluso he leído a personas académicas que con falacias ad hominem o ad feminam aminoran lo expuesto, esto contradice el pensamiento crítico que debe caracterizar nuestro quehacer.
Del contexto descrito ha surgido una narrativa: “no nos dejan trabajar”. Y en este punto mi pregunta es: ¿quién impide trabajar?, ¿de qué forma se obstaculiza el trabajo? Exigir transparencia y rendición de cuentas no constituye obstrucción; por el contrario, son pilares de la democracia. Además, resulta histórica y epistemológicamente erróneo considerar que una “excesiva democracia” representa una debilidad institucional. Más alarmante es leer afirmaciones que banalizan la libertad de expresión, atribuyéndole fines de acumulación de capital político interno, esta postura es una transgresión a los derechos humanos.
Las respuestas institucionales, hasta ahora, parecen diseñadas para mantenernos en la caverna; sin embargo, los hechos apuntan a problemas serios que afectan a la universidad. Encuentro esperanza en las muchas personas de la comunidad universitaria que se muestran indignadas. Debemos construir un movimiento que nos permita organizar y unificar la indignación y convertirla en acción.
¿Preferiremos seguir encadenados en la comodidad de las sombras o nos atreveremos a enfrentar la luz de los hechos por dolorosos que sean? Yo tengo clara mi posición: no me mantendré en la caverna. Lucem aspicio.
