La casa

La casa es el lugar común de toda la especie humana; ya sea un rancho o un condominio, un precario o un apartamento amueblado, un barrio o un territorio.

La casa es el lugar común de toda la especie humana; ya sea un rancho o un condominio, un precario o un apartamento amueblado, un barrio o un territorio.

En fin, las dicotomías se asemejan según las condiciones y expectativas, posibilidades reales o imaginarias. Para Asterión la casa es el mundo, y jugaba con las ofrendas que le regalaban los atenienses hasta que se cansaba y limpiamente apilaba los cuerpos en las paredes.

Después jugaba a las escondidas hasta terminar de encontrarse en el laberinto. Eso sí, nadie puede negar las bondades del minotauro que escandalizaba a los ciudadanos cuando recorría las calles griegas y retornaba al laberinto con rostro de sorpresa.

¿Cuál es la relación entre el minotauro y la Asamblea Legislativa?

Por una parte, se puede apreciar que el Congreso es un laberinto de discursos. Por otra parte, los diputados se arrogan potestades insufribles: control absoluto sobre los mortales y las instituciones (el hecho de que hayan sido electos, pero no elegidos es una tautología democrática).

Adempas, se sabe cuál es el eslabón perdido, ese que se oculta en las elecciones; las innombrables cámaras patronales, esas que evaden impuestos por años y no se inmutan, ni se avergüenzan de sus actos tan ostentosos como los que realiza ese fraude democrático de Trump, Bolsonaro, Salvini, Piñera, Macri, Duque, Giammattei, Hernández, y siga contando.

En este encuentro de caminos difusos, de fuerzas ultraconservadoras, es simétrica la representación de la Asamblea Legislativa, con excepción de José María Villalta, y uno(a) que otro(a) que se anima a no seguirle el juego a los representantes de la clase dominante local.

Luego, el ataque sistemático de algunos periodistas que les aplauden y se contorsionan con los discursos antisindicales, y conste, en la Costa Rica democrática, donde quieren liquidar para siempre cualquier vestigio de protesta social o ahogar la libertad sindical.

Eso sí, siempre apegados al orden institucional y en resguardo de la democracia de los empresarios. Precisamente, el impoluto, el de las manos inmaculadas, el presidente de la Asamblea Legislativa, Carlos Benavides, ya no recuerda que compareció ante ese mismo poder para dar explicaciones de la Trocha: “Al mejor estilo del juego del gato y el ratón, Carlos Ricardo Benavides, ministro de la Presidencia, y los diputados de oposición se enfrentaron ayer por los supuestos actos de corrupción que rodearon la construcción de la Trocha 1856”, informaba el periodista Esteban Arrieta (La República, 13/2/2013).

Ahora, el diputado Benavides, se demuda, lanza vituperios a viva voz contra los funcionarios públicos y los sindicatos, y hace gestos dramáticos en defensa del pueblo.

Pero, ¿realmente se cree ese discurso o es para complacer a las cámaras patronales o piensa que el imaginario popular es permisivo?

Y la historia es majadera, pues ¿quién no puede admirar esa confl uencia de voces disímiles entre el Partido Comunista, (Manuel Mora Valverde) la Iglesia católica (Víctor Manuel Sanabria Martínez) y la oligarquía (Rafael Ángel Calderón Guardia)? ¿No surgió aquí una nueva visión de país? Este hito histórico nacional trasciende cuando se sopesan en la balanza social los diferentes intereses económicos, filosóficos, ideológicos. políticos y jurídicos que se aglutinaban alrededor de esos líderes.

Ahora, el corifeo repite, una y otra vez, que la culpa de todos los males económicos es la clase trabajadora, los empleados públicos.

Por lo tanto, deben desaparecer las instituciones que los cobijan porque sus pluses son obscenos, gesticulan los testaferros.

¿Y los que evaden el fi sco y se les condonan las deudas?. Así, la lógica del poder exime a los evasores y otorga premios a los que desfalcan el erario público. Ahora los empresarios piden la cabeza del presidente de la CCSS, golpean la mesa, se sienten ofendidos, zapatean… El dramatismo es tan intenso en Cuesta de Moras que el diputado Pedro Muñoz se rasga la camisa, se araña el rostro y se arranca los pelos de la cabeza.

Pero, ¿realmente las personas están conscientes que la ofensiva que emprenden desde la Asamblea Legislativa, y demás corifeos, es un insensato camino?

Por eso, el minotauro, con mucha sabiduría, no olvida que los políticos se extravían en el laberinto de sus actos.


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