Jesús Jiménez entre la historia y la anécdota

Las biografías historiográficas sobre la figura del médico y presidente de la República Jesús Jiménez Zamora (Cartago, 1823 – 1897) son escasas. Algunos importantes autores (Manuel Argüello Mora, Cleto González Víquez, Guillermo Vargas Calvo y Luis Felipe González Flores) exaltan a Jiménez como ejemplo de gobernanza y templanza durante sus dos administraciones (1863 – 1866 [...]

Las biografías historiográficas sobre la figura del médico y presidente de la República Jesús Jiménez Zamora (Cartago, 1823 – 1897) son escasas. Algunos importantes autores (Manuel Argüello Mora, Cleto González Víquez, Guillermo Vargas Calvo y Luis Felipe González Flores) exaltan a Jiménez como ejemplo de gobernanza y templanza durante sus dos administraciones (1863 – 1866 y 1868 – 1870). Entretanto, sus detractores, por ejemplo: el periodista masón Rafael Carranza Pinto y el general Víctor Guardia Gutiérrez, subrayan los errores políticos y la obstinación de Jiménez Zamora de perpetuarse en el poder por la fuerza; además de favorecer los intereses económicos de sus parientes de Cartago.

Si bien la biografía política de Jesús Jiménez Zamora es bien conocida, hay detalles de su vida privada que permanecen ignotos, debido a que no contamos con sus memorias escritas o la correspondencia personal del expresidente. Algunas anécdotas de la vida de don Jesús son conocidas merced a la pluma del escritor y abogado Manuel Echeverría Aguilar y, sobre todo, de su hijo, Ricardo Jiménez Oreamuno, quien se refirió a la labor gubernamental y algunos entresijos de la vida personal del patricio cartaginés, insertos en las diversas entrevistas que brindó a la prensa costarricense de la primera mitad del siglo XX. También habrá que echar mano de algunos relatos escritos por los viajeros extranjeros que visitaron Costa Rica a mediados del siglo XIX. Así, por ejemplo, el médico y geocientífico alemán Alexander von Frantzius (1821 – 1877), describe a Jiménez como uno de los «hombres más inteligentes de Costa Rica».

La anécdota, que también forma parte de la historia, es interesante porque permite conocer no al prócer de bronce, sino al ser humano de carne y hueso en sus diversos matices. Para muestra un botón.  Resulta que, «…solo una vez declaró don Jesús su calidad de expresidente. Debió haber ido a un jurado, para el cual fue citado, y no fue a la audiencia. El juez lo llamó, para imponerle el condigno castigo. Se excusó exponiendo que una indisposición de su quebrantada salud había sido la causa de su no asistencia. El juez le pidió una constancia médica de lo que decía. Señor Juez –replicó el expresidente- siendo yo médico, no necesité de los servicios de un colega, y no debe usted esperar a que yo le traiga testigos de lo dicho. El de un expresidente me parece testimonio de sobra, pues cae de su peso que quien ha ocupado de la primera posición de la República no ha de andar buscando testigos complacientes, que nunca faltan, para eludir el pago de una multa que fuera en deber. Dígame cuánto es la que usted quiere imponerme, y acabemos».

La anécdota histórica anterior nos revela que de don Jesús Jiménez hay mucho que decir; su vida    –desde la «borrosa» infancia hasta su súbita muerte– y su quehacer político, merecen aún mayor investigación por parte de los historiadores y otros investigadores costarricenses.

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