Gregorio José Ramírez, su pensamiento y acción política

Cada año que pasa, la figura de Ramírez se conoce, reconoce y crece como el verdadero padre de la independencia de Costa Rica y nuestro_primer_estadista,_que_sentó_las_bases_de_la_unidad_nacional.

Cada año que pasa, la figura de Ramírez se conoce, reconoce y crece como el verdadero padre de la independencia de Costa Rica y nuestro primer estadista, que sentó las bases de la unidad nacional. Tomó acciones definitorias y le dio la orientación republicana, constitucional, democrática y cívica a aquella Costa Rica que apenas vislumbraba su estancia y futuro como nación libre, independiente y soberana.

Rodrigo Carazo Odio, expresidente de Costa Rica, en 1979, fue categórico:

“Se le ha dado a este Plan Nacional de Desarrollo el nombre de Gregorio José Ramírez, a fin de honrar la memoria de uno de los más ilustres costarricenses, a quien hemos tomado como inspirador, a lo largo de nuestra vida pública y privada. Él fue emprendedor, combativo, seguro de sus ideales, fuerte en sus acciones, incansable en su trabajo y luchador por una Costa Rica democrática, próspera y sin privilegios mal distribuidos. Al mismo tiempo, cuando consideró que sus metas habían sido alcanzadas o que su presencia no era necesaria para el progreso de su conciudadanía, tuvo la sensatez, el sentido de historia, el patriotismo y la progalidad necesarios para dar campo a aquellos cuya función estaba por cumplirse.

Pero lo que en realidad ha hecho de él nuestro símbolo fue su decidida lucha en pro de una Costa Rica unida. Esa unión que él logró para nuestro país hace 156 años, queremos que hoy se materialice en la ejecución de este plan.

La unión de Costa Rica en su progreso justo, y el amor por la armonía y el orden social, fueron los soles que iluminaron la senda que Gregorio José Ramírez trazó en nuestra historia. Senda por la que queremos que hoy transiten, iluminados por la misma luz, todos los costarricenses”.

Ricardo Fernández Guardia, historiador, refiriéndose a Ramírez con pleno conocimiento de causa de su nombre y de su obra, concluía, sobre los detractores que trataban de pintarlo con un carácter despótico en discordia con la autoridad civil, que esa no era la verdad histórica, todo lo contrario. Era una figura indiscutible, de avanzada total para la época.

Afirma el historiador que: “Esa discordia se originó en intereses antagónicos de carácter político y social. Se trataba en realidad de una lucha sorda entre la clase popular desvalida y la clase alta privilegiada, entre la democracia naciente y la oligarquía aristocrática heredera del gobierno español. Ramírez sostenía la aspiración del pueblo o participar en los asuntos públicos, a que la voluntad de la mayoría de los ciudadanos se tomara en cuenta; pero este legítimo anhelo chocaba con la tradición secular, representada por los privilegiados y según la cual solo le tocaba al pueblo obedecer. Ramírez hubiera podido zanjar la cuestión pasando por encima de la autoridad civil, pero siempre respetuoso de ésta no quiso nunca hacerle sentir la fuerza de su mano, no obstante haber tratado de eliminarlo arteramente a él de la comandancia general; y cuando esa misma autoridad se acercó compungida  a su cama de enfermo, para pedirle amparo contra la avilantez de un militar forastero, se lo dio cumplido, deponiendo toda rencilla en el altar de la patria… Gregorio José Ramírez, el hombre de corazón que después de salvar nuestra independencia y libertad, bajó reverente la espada ante el poder civil que se le puso en contra, sin más arma que una hoja de papel; pero como en ésta estaba escrita la ley fundamental, el ciudadano ejemplar comprendió que para bien de la patria era preciso que esa hoja tan frágil fuera siempre más fuerte que la de su espada toledana de Comandante de armas”. (Alajuela, 1941).

Quienes han querido denostar su nombre ni lo rasguñan, pues se topan con la evidencia histórica documentada que muestra la saga de su intensa y corta vida, dedicada al trabajo íntegro y honesto, así como al servicio incondicional de su Patria, que él mismo colocó en el pedestal de su liberación, de su independencia y de su fundación.

Es nuestro primer estadista, con visión de futuro y misión creadora de aquel presente, que comprendió que la soberanía está por encima de las divisiones partidarias y sectores, de la ambición personal, en búsqueda del bien común y asumiendo sus propias responsabilidades.

Existe Costa Rica, país único que nos heredaron los próceres costarricenses al pelear a su modo, decretar con absoluta determinación y firmar el Acta única de nuestra única independencia, el 29 de octubre de 1821.


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