Golpes venían golpes venían golpes venían…

En el Chile del Pleistoceno Medio, cuando en un pleito aparecían puñetazos, mordiscos y patadas y alguno de los luchadores recibía una paliza comunal descomunal

En el Chile del Pleistoceno Medio, cuando en un pleito aparecían puñetazos, mordiscos y patadas y alguno de los luchadores recibía una paliza comunal o descomunal, según se mire, el episodio se contaba así: “Puñetes iban y puñetes venían, puñetes venían, puñetes venían, puñetes venían…”. En este mes de setiembre La Nación S.A. le atribuyó al dirigente sindical Fabio Chaves ‘amenazar a los medios por cobertura de empleo público’ (LN: 08/09/2015). En realidad, según nota del mismo periódico, Chaves indicó “Después, cuando estén en la calle, no digan que la gente porqué se les vino encima que por qué les reclaman”. No dijo que incitaría a los sindicalistas a golpear o que él le daría por la testa a un camarógrafo. Lo que en verdad haya dicho ya carece de importancia. La Nación S.A. publicó que él amenazó a la prensa y así lo repitieron telediarios, otros medios escritos y hasta un buen número de diputados. La misma Nación S.A cuenta que incluso el Presidente Solís rechazó las “amenazas” de Chaves: “El presidente concluyó diciendo que la forma en que los medios de comunicación cubren las noticias en Costa Rica puede ser objeto de comentarios críticos de los diferentes sectores, pero “me parece que no corresponde la amenaza como una forma de relacionamiento en el país” (LN: 09/09/2015). Como se lee, cosa juzgada. El sindicalista Chaves “amenazó” a la prensa.

Ahora, “la prensa” no es la tal prensa. En un periódico como La Nación S.A., por ejemplo, existen periodistas y fotógrafos que salen a la calle a cubrir eventos, jefes de redacción que no salen a la calle sino a fumar un pitillo y algún faraón mandatodo que, en términos periodísticos, nunca toca calle. Los ardientes que predice el zahorí dirigente solo golpearían a gacetilleros y a camarógrafos. A los otros no los verán nunca o casi. Tal vez en fotos. En distinto ángulo, un medio tiene periodistas, publicistas y propietarios. Ya vimos que los previstos furiosos solo podrían golpear a un sector de los periodistas (los peor pagados). A los publicistas no. Se mueven en otro plano. Y los empresarios se invisibilizan tras la capa S.A. No son de este mundo.

Tampoco se puede abofetear y lanzar escupos y patadas a la libertad de prensa. Se trata de un concepto/valor. Es decir, que si los manifestantes intentan acorralarla (es más cómodo encerrar para golpear) no encontrarán sino el vacío. Sobre todo en Costa Rica. De modo que puede que los puñetes vayan, pero los recibirán solo los empleados más vulnerables de los medios. Los otros, dueños y jefes, repetirán a coro: “Les dijimos. Son brutos y delincuentes”.

La edición digital de La Nación S.A. edita reacciones de sus lectores (reales o ficticios) a la premonición del dirigente sindical. Copio epítetos del maremoto: “maleante, chupatetas, abusador, bellaco, ignorante que lanza gritos de insurrección, sembrador de odio, maleante del ICE, parásito, instigador de violencia, métanlo en la cárcel y boten la llave, amenaza la estabilidad del país, admirador de Maduro y Ortega y militante del Frente Amplio, fanfarrón, monumento a la vagabundería, como las ratas, un juez debería condenarlo a trabajar, lacra sinvergüenza, sanguijuela de las arcas estatales, ¡¡¡Matón!!!, venezolano, matón de cantina, chusma comunista, así empezó Grecia”. O sea, golpes vienen, golpes vienen, golpes vienen. Estos libres leñazos no contienen agresión ninguna. El patán totalitario es Chaves. La ofensa contra él hace justicia por “natural” y “espontánea”. Así habla Costa Rica.

Chaves confunde a gacetilleros y fotógrafos encadenados por la línea editorial y empresarial de los medios (algunos disfrutan sus cadenas) con “el periodismo” y “la prensa”. Las empresas violan a estos presos derechos profesionales y humanos. Pero, como en el clamor contra Chaves, aquí tampoco, para el país, existe violencia alguna. Nadie les obligó a emplearse como gacetilleros.

Si Chaves y otros dirigentes sindicales (alguillo eternos) hubiesen (tiempo han tenido) amarrado alianzas con los usuarios de los servicios públicos vía un buen trato, estas palizas mediáticas se perderían en el vacío. Como no lo han hecho y tal vez no lo harán, la violencia urdida por propietarios de los medios y sus asociados y personal de confianza terminará golpeando a trabajadores públicos y privados. Y nadie hablará de violencia, porque cuando esta gente pega y hasta mata, lo hace por el bien de todos. Su violencia es amor. Aguanta hijito, dicen.

 


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