Evidencia científica y políticas de niñez: el caso del PANI

La renuncia de la presidenta ejecutiva del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) a raíz del lamentable infanticidio ocurrido en Alajuela

La renuncia de la presidenta ejecutiva del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) a raíz del lamentable infanticidio ocurrido en Alajuela (que se sumó a otro terribles casos similares bajo esta administración) ha sido discutida casi solamente desde la perspectiva de la gestión casuística. Se han abordado cuestiones tales como las siguientes: ¿cómo se clasifican las denuncias?, ¿qué tan rápido se las atiende?, ¿cómo se maneja la información?

Todas ellas son ciertamente importantes. Sin embargo, este tipo de preguntas se enmarcan en la respuesta a los casos de violencia infantil cuando estos ya ocurrieron, y nos pueden llevar a dejar de hacernos otra clase de preguntas también muy importantes: ¿por qué ocurre la violencia contra los niños?, ¿es posible disminuirla?, ¿cuáles son las acciones con las que se podría lograr?, ¿de qué evidencia se dispone para predecir la eficacia de la acción?

Es en este punto donde, probablemente, más falencias se podrían identificar a la gestión de la presidenta ejecutiva saliente, ya que su discurso y sus prioridades se centraron casi por entero en el manejo casuístico, dejando de lado las preguntas más estructurales y estratégicas para buscar no solamente «atender» las manifestaciones de la violencia, sino también abordar las causas y aquel tipo de acciones dirigidas a disminuir el maltrato en todas sus formas.

La presidenta saliente solía comparar a las oficinas locales del PANI con estaciones de bomberos y a los albergues con cárceles, dejando así ver su enfoque de “situación irregular”, centrada en brindar atención solo cuando hay denuncias de violencia y en separar a los niños de sus familias y llevarlos a albergues.

Es crucial aquí que nos preguntemos: ¿funciona este modelo de “situación irregular”?, ¿ayuda a reducir la violencia y a proteger adecuadamente a los niños? La evidencia científica ha encontrado que los modelos reactivos centrados en sancionar a los padres e institucionalizar a los niños no solo no logran bajar la violencia, sino que además producen tanto o mayor daño que el que se supone que pretendían aminorar.

Dado lo anterior, ¿cuáles son entonces los modelos que según la evidencia científica logran mejores resultados para reducir la violencia? Varios estudios han encontrado que las acciones educativas que enseñan a los padres a criar a sus hijos con estrategias de disciplina positiva sí funcionan, pues se han comparado los resultados en padres que han recibido atención educativa con aquellos que no la tuvieron y se ha podido determinar que, mientras aquellos que recibieron capacitación logran disminuir significativamente el uso de la violencia en la crianza, aquellos que no la recibieron mantienen el uso de esta violencia.

A este último tipo de intervenciones se les conoce como de “protección integral”, porque buscan abordar las diversas causas de la violencia, en lugar de solamente quedarse en sus manifestaciones cuando ya hay denuncias y agresiones graves.

Es esencial que, si el país realmente desea ver un descenso significativo en la violencia hacia los niños, la próxima presidencia ejecutiva del PANI base sus decisiones en evidencia científica y elija aquellas herramientas y acciones cuya probabilidad de éxito es mayor, abandonando la errada práctica de la “situación irregular” y fortaleciendo la capacidad institucional de ofrecer la exitosa “protección integral” que tanta falta hace en nuestros niños y sus familias.

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