Estudio Ambiental para una educación de calidad

La educación es una inversión en uno mismo, en la sociedad y en el futuro, por eso debe ser de la mejor calidad. Según la agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

La educación es una inversión en uno mismo, en la sociedad y en el futuro, por eso debe ser de la mejor calidad. Según la agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la educación es fundamental para entender y enfrentar propositivamente los retos que afectan a nuestra sociedad, en especial los vinculados con el ambiente, que son la raíz de muchos problemas en el planeta.

Pensar, diseñar y desarrollar una educación inclusiva, equitativa y de calidad es una condición ineludible para proveer a la población de las herramientas necesarias para generar soluciones eficaces e innovadoras necesarias para enfrentar los problemas que impiden alcanzar objetivos de bienestar para la población.

Un tarea importante deberá ser, entonces, lograr convivir en armonía con la naturaleza, estableciendo así un principio básico para que, desde el inicio de la educación formal, los niños y las niñas crezcan con valores de respeto y de coexistencia con el ambiente, que interpreten el entorno natural como nuestro hogar, nuestra fuente de oxígeno, nutrientes y los elementos y factores que mantienen la vida en la Tierra, la cual compartimos con las personas que hoy la habitan y con las futuras generaciones que vienen en camino. Preocupa entonces lo que dice el Informe del Estado de la Nación 2017, cuando reporta que los patrones de uso del suelo se traducen en impacto ambiental negativo, no sólo en GAM sino en gran parte del territorio nacional.

La relación entre el ser humano y la naturaleza es muy compleja, pero en la práctica los modelos de desarrollo económico y la educación se han enfocado en la explotación de los recursos naturales, sin tomar en cuenta los beneficios de los modelos de desarrollo sostenible que se enfocan en considerar el impacto de nuestras actividades en el entorno natural y en la conservación de la naturaleza con una visión hacia el futuro. En otras palabras, los modelos actuales se han desarrollado sin tomar en cuenta los impactos negativos de nuestras actividades e ignorando la contabilidad de las consecuencias y repercusiones que deberían ser consideradas en nuestro desarrollo. Los efectos de nuestro crecimiento y expansión son transferidos a las nuevas generaciones sin valorar adecuadamente los factores que no solo amenazan la rentabilidad de la actividad económica, sino también la vida en la Tierra.

Es un problema que en nuestra educación falte un enfoque en los esfuerzos para lograr la sostenibilidad, en el uso responsable de los recursos naturales y un énfasis en los problemas ambientales de contaminación, extinción de especies y de calentamiento global.

¿Cómo aprender de los hechos más cercanos que observamos en la Tierra? La naturaleza es una gran fuente de conocimiento y educación y, al aprender de ella, nos acercamos a nuestros orígenes y a reconocer la coexistencia y el mutualismo que debería existir en nuestra relación con otras personas y otras especies. Desde los hongos y microbios que cooperan con plantas hasta los peces que limpian las bocas de los tiburones, la naturaleza está repleta de estas relaciones amigables. De la misma manera, hay muchos ejemplos de ese conocimiento ancestral de convivencia con plantas, animales y humanos. La apicultura, por ejemplo, es una de las más significativas relaciones que tiene el ser humano con una especie natural, ya que las abejas no han sido domesticadas sino que, tras muchos años e interacciones, las colmenas se adaptan y son más pacientes a nuestra presencia. Yo mismo soy testigo de su tolerancia y de sus límites al participar en la apicultura con mi abuelo Marcelino Arias. Por medio de sus actividades apícolas y su miel, él se ha dedicado a compartir con la gente la importancia de esta relación con las abejas: ellas mismas deciden vivir donde lo hacen; pueden marcharse en cualquier momento si las condiciones no son adecuadas, pero por medio de la relación con el apicultor las abejas prosperan y son protegidas. Además, en el deseo de su bienestar, los apicultores las estudian para poder ayudarlas cuando se enferman o tienen problemas, y al vivir con las personas cómo viven con las flores, las abejas –aunque muchas veces renuentes– producen miel y muchos otros productos para el beneficio de nuestra salud.

Estas relaciones que llevan miles de años en su desarrollo son ejemplo del conocimiento que no se enseña en la educación formal. No digo que se enseñe apicultura en todas las escuelas, aunque eso sería una gran idea en ciertos sectores del país, especialmente por los problemas que enfrentan las abejas con el síndrome de colapso de colonia y los problemas con parásitos como la varroa (Varroa destructor). Lo que creo que ayudaría a generar una educación de calidad es la enseñanza de la convivencia sostenible y de mutuo beneficio con la naturaleza; esto debería implementarse en el sistema educativo en todos los niveles, al fin y al cabo debemos hacer valer el reconocimiento hecho a nuestro país como Campeones de la Tierra, máximo galardón del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Creo que es el momento adecuado para incorporar un programa de estudio ambiental eficiente a nuestro sistema educativo. Las futuras generaciones deben crecer entendiendo la importancia de la coexistencia con la naturaleza para hacer realidad una educación de calidad, inclusiva y equitativa para el 2030.

SUSCRÍBASE A LA EDICIÓN SEMANAL EN FORMATO DIGITAL.₡12.000 / añoPROMOCIÓN POR TIEMPO LIMITADO

0 comments