El Estado de Israel se proclamó el 14 de mayo de 1948, basándose en la Resolución 181 de la ONU (29/11/1947), que dividió lo que quedaba de Palestina para que se crearan dos estados: uno árabe y otro judío. Los palestinos judíos aceptaron la resolución, pero los árabes no solo la rechazaron y no proclamaron su estado, sino que fuerzas de 7 países árabes atacaron al naciente estado horas después de su proclamación para destruirlo.
Conocida como la guerra de independencia, costó la vida de 2% de la población después de 15 meses de combate.
Israel empezó a desarrollarse rodeado y asediado por sus enemigos. Sus barcos o la mercadería con destino a sus puertos no podían pasar por el Canal de Suez, ni acceder a su puerto en el Mar Rojo, por el bloqueo egipcio del Estrecho de Tirán.
Los territorios asignados a los árabes de Palestina, quedaron con soberanía jordana (Cisjordania) y egipcia (Gaza), hasta 1967. En ese año, el hegemónico líder árabe, Gammal Abdel Nasser, decidió que la existencia por 20 años de Israel era mucho tiempo y emitió, por todos los medios disponibles, su objetivo de destruirlo. La propaganda no mencionaba ocupación y la única cárcel a cielo abierto era el propio Estado de Israel al que, según Nasser, iba a echarlo al mar.
El conflicto se dilucidó con la Guerra de los Seis Días, en la que Israel liberó Jerusalén y capturó otros territorios.
Inmediatamente después de la guerra, Israel ofreció devolver todos los territorios a cambio de la paz. La Liga Árabe, reunida en Sudán, emitió la famosa Resolución de los Tres No: NO a la paz, NO a la negociación y NO al reconocimiento de Israel.
De 1967 a la fecha, las cosas han cambiado, Israel devolvió a Egipto y Jordania los territorios capturados y firmó acuerdos de paz y acaba de establecer relaciones diplomáticas plenas con Emiratos Árabes, Bahrein, Marruecos y Sudán. La Liga Árabe ni siquiera se pronunció.
Israel ha hecho ingentes esfuerzos para lograr un acuerdo de paz con los palestinos y lograr la solución de dos estados que vivan en paz. En el 2005, Israel salió unilateralmente de Gaza, ofreciendo toda su colaboración para su desarrollo y lograr, eventualmente, un acuerdo de paz. La respuesta ha sido una lluvia indiscriminada de cohetes, aplicando lo que establece la carta fundacional de Hamas: “Israel existirá y continuará existiendo hasta que el Islam lo destruya, de la misma manera que destruyó a otros en el pasado” (Preámbulo). “El día que los enemigos usurpen parte de la tierra musulmana, se convierte la Yihad en la obligación individual de todo musulmán. Ante la usurpación de los judíos, es una obligación que sea izada la bandera del Islam” (Artículo 15).
“Las iniciativas [de paz], y las llamadas soluciones pacíficas y conferencias internacionales
contradicen los principios del Movimiento de Resistencia Islámica (…). Estas conferencias no
son más que un medio para designar infieles como árbitros en las tierras del Islam… No
existe ninguna solución al problema palestino, sino por medio de la Yihad. Las iniciativas, las propuestas y las conferencias internacionales no son sino una pérdida de tiempo, un ejercicio inútil” (Artículo 13).
Debe quedar claro que, cuando se habla de tierra musulmana usurpada, no se refieren a los territorios en disputa, que varias veces Israel ha ofrecido devolver a cambio de la paz. Ellos hablan del propio Estado de Israel. Los enemigos de Israel se han pasado atacándolo recurrente y sistemáticamente; lo critican cuando ejerce su derecho a defenderse para dejarlo inerme, contando la mitad de la historia, mientras la retuercen para crear una falsa realidad.
El ataque no justificado de terroristas de Hamas, masacrando asistentes a un concierto, decapitando bebés, asesinando familias en sus propios hogares, no solo sigue las indicaciones de su carta fundamental, sino que, tanta crueldad innecesaria, tenía como objetivo descarrilar el proceso de paz entre Arabia Saudita e Israel. Logro temporal a un precio muy alto.

