El trastorno de ansiedad, un saber que se ignora

Inicialmente, tendría que aclarar que la ansiedad por sí misma no es un síntoma psicológico, es una emoción, por lo tanto “eliminar” la ansiedad sería pretender amputar al ser humano.

Inicialmente, tendría que aclarar que la ansiedad por sí misma no es un síntoma psicológico, es una emoción, por lo tanto “eliminar” la ansiedad sería pretender amputar al ser humano. Aclarado este punto se puede afirmar que las crisis de ansiedad son sintomáticas cuando no están relacionadas a un contexto que justifique la crisis. Así se puede entender la ansiedad como síntoma, como algo que no se puede explicar, que está más allá de la compresión y difícilmente se puede rastrear su origen a una causa fácilmente identificable.

En los DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) al menos hay una acumulación de trastornos en los cuales una de sus principales características es la ansiedad, por ejemplo, el Trastorno obsesivo compulsivo (TOC), Ansiedad generalizada (TAG), Estrés postraumático (EPT), Trastorno del estado de ánimo (Depresión), Fobia específica, Agorafobia, Trastorno separación, solo por mencionar algunos. Hay excepciones como lo pueden ser los trastornos inducidos por sustancias o por enfermedades médicas.

La psicología y el modelo médico se rige por diferentes técnicas para el tratamiento y no pretende explicar la sintomatología más allá de un análisis local relacionado directamente con el síntoma de la ansiedad en cada uno de los casos mencionados anteriormente. Propone una técnica que sofoca el síntoma como tratamiento,desde algunos enfoques o técnicas psicoterapéuticas más populares en nuestros días. En la farmacología, en el caso del modelo médico, explica el síntoma desde lo biológico como causa y al final desemboca en una técnica farmacológica.

Pareciera ser que en todos estos casos el planteamiento de una revisión del discurso y la historia del sujeto no será relevante; rápidamente, se anula con la imposición de la técnica que obedece a un saber, o al menos, el peso caerá sobre la técnica que, como ya dije, tratará de eliminar el síntoma como finalidad dejando de lado cualquier otra variable que no tenga que ver con el cuadro sintomático. La ansiedad, desde este punto de vista, no es más que un signo y, como signo, tiene un significado unívoco: convencional para todas y todos. Quiero decir que la ansiedad está fuera del campo semántico de la historia del sujeto y se evade la dimensión simbólica con este tipo de tratamientos que son estrictamente locales desde el punto de vista estructural.

La ansiedad como trastorno en el DSM I y II estaba redactado con las nomenclaturas del psicoanálisis, principalmente las utilizados por Freud como neurosis de angustia, neurosis fóbica, neurosis actuales, etc. Luego existió un cambio y las nomenclaturas además de los criterios diagnósticos pasaron a distanciarse de las propuestas del psicoanálisis. Aquí encontramos un hallazgo que nos interesa, a saber que el concepto de angustia fue reemplazado por el de la ansiedad. El término angustia utilizado por Freud en alemán es angust y una traducción posible del alemán podría ser miedo. Hasta 1952 se mantuvo de la misma manera en los DSM, como angustia y luego pasó a ser ansiedad. Esta palabra angust en castellano, al igual que en francés, se tradujo por la palabra angustia y como tal generó una tradición totalmente distinta en el discurso psicoanalítico: pensar en angustia no equivale a pensar en miedo, pero la angustia tiene un componente de temor: miedo a la castración, toda angustia es angustia de castración, los estados fóbicos, etc.

Lejos de entrar en el campo de las traducciones, en psicoanálisis se trabaja con la angustia, y la angustia es diferente a la ansiedad en el campo epistemológico y la práctica clínica. Una persona puede tener una crisis de ansiedad y no necesariamente esta crisis corresponda con la angustia con la cual se trabaja en el campo psicoanalítico. De la misma manera, una persona puede estar muy angustiada y no tener una crisis de ansiedad. Lo que se considera en los manuales psiquiátricos como ansiedad en la clínica psicoanalítica tendría otra conceptualización que no necesariamente corresponde a la angustia, sin embargo, sí tiene una relación bastante estrecha con la ansiedad desde el punto de vista fenomenológico. No obstante, hay que aclarar que en psicoanálisis la ansiedad pierde su carácter de signo y se inscribe en la historia del sujeto de otra manera, pasaría a ser un significante.

La ansiedad, actualmente, es vista sin conexión, sin contexto y con un significado unívoco, no tiene ningún sentido más que un sello de enfermedad. La ansiedad en el discurso de las técnicas piramidales ha quedado des-historizada. Es como un tumor sin cuerpo, el cual se proponen extirpar sin tomar en cuenta la composición del síntoma en el discurso del sujeto.

El psicoanálisis le sigue apostando a la integralidad del sujeto, a no desarticular su síntoma de sus fantasías y sus fantasmas. El análisis local basado solo en el síntoma, en la definición causa y efecto, no resuelve la incógnita humana cuando habla de su sufrimiento. Quizás pensar al sujeto de manera integral sea un camino para hallar el lugar del sufrimiento, que, desde esta otra posición, permanece actuando constantemente, generando más sufrimiento y aliviándose con más sufrimiento. En psicoanálisis, al buscar darle un sentido o un lugar al síntoma, la cura propuesta es situar al sujeto en la verdad de su deseo y reconocer eso que aparece como velado y reconducir los afectos. En este caso, la ansiedad habla en el contexto de la historia del sujeto, de algo que quizás ignore de sí mismo.

En el trastorno de ansiedad, esta no es signo es un significante, con una dirección que tiene un significado en relación con otros significantes. Negar esta dimensión es negar la posibilidad que emerja un saber que se ignora.

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