El prostituido concepto de autonomía

Más que presentir, estaba seguro de que la jugarreta de los rectores les iba a explotar en la cara

Más que presentir, estaba seguro de que la jugarreta de los rectores les iba a explotar en la cara. En anteriores comentarios hice ver que no había razón de preocuparse por la exigencia de la exministra de Hacienda. Doña Rocío tenía toda la razón de incluir los 70.000 millones como gasto de inversión en la transferencia del FEES. Ese fue el compromiso firmado por los rectores en la cláusula V del acuerdo.

Sin embargo, primero, acaparando los titulares de la prensa, salió el Rector de la UCR denunciando la imposibilidad de cumplir lo seriamente pactado. Luego, en coro, lo siguieron los otros rectores.

Hoy queda en clara evidencia la manipulación que se hizo de los estudiantes y funcionarios universitarios. En fin, el engaño y mentiras trasmitidas a la sociedad civil, que solo ha tenido por fin: el desprestigio de las universidades, la rebeldía de estudiantes de corso, -probablemente financiados desde el exterior, con complicidad sindical-, el oportunismo de candidatos a la rectoría de la UCR, y el servilismo de muchos funcionarios universitarios, amedrentados por sus superiores. ¡Mala nota!

Para mí lo trascendente de este asunto es que se sienta un precedente en la mal interpretada concepción de autonomía. ¡Quién paga la orquesta manda el baile! No sé de dónde se interpreta que el Estado, – sea nosotros los contribuyentes-, no puede determinar, mediante ciertos lineamientos, el destino de los recursos que se entregan a las universidades por medio del FEES. Ya prestigiosos juristas, en materia constitucional, como Don Rubén Hernández Valle, se han pronunciado sobre la pertinencia preceptiva de que la Asamblea Legislativa pueda determinar destinos presupuestarios específicos, en función de los intereses del Estado y del pueblo costarricense.

En buena hora, es momento de que entendamos que, la autonomía tiene sus límites, y que el artículo 85, la confiere solo en términos de que las universidades puedan darse su propio gobierno y administración.

Si se diera esta nueva interpretación del uso de los fondos públicos, seguro que las universidades habrían hecho realidad una verdadera regionalización de la docencia e investigación universitarias. No como el grotesco espectáculo que han presentado después de 50 años de regionalización, donde todas las actividades académicas y la infraestructura están concentradas en la Sede Central. ¡Quién puede imaginar, -por poner solo un ejemplo-, que el Centro de Investigaciones Marinas (Cimar), esté en San José y no en las Sedes del Caribe y del Pacífico! Probablemente no habrían proliferado, -en la forma descomunal que lo han hecho-, disciplinas como las ciencias sociales, en demérito de los requerimientos de profesionales en los campos científicos y técnicos (Nota: las tres facultades tomadas arbitrariamente y con la complacencia de autoridades, son de ciencias sociales).

Probablemente, la investigación universitaria estaría más dirigida pragmáticamente a resolver los problemas nacionales, más que a hacer ciencia por ciencia, como ocurre en muchos Institutos y Centros de Investigación. Seguro que también la llamada acción social no sería más que la forma de transmitir los resultados de esa investigación a la sociedad nacional, y no ser más un objetivo en sí misma, divorciada de los intrínsecos fenómenos de docencia e investigación.

Las universidades han demostrado su incompetencia en el uso y planificación de los recursos públicos. Quien diga que en la UCR se hace planificación, miente. Su Oficina no tiene por función más que elaborar el presupuesto universitario. El presupuesto debería ser el resultado de un serio proceso de planificación. Por ello, hemos puesto la carreta delante de la yunta de bueyes. De ahí el derroche de dinero en salarios, infraestructura innecesaria y abundancia de recursos subutilizados.

Lo peor es que se avizora la quiebra financiera ante el gasto en servicios personales (salarios), agravado por la inestabilidad docente de los interinos, para quienes se abre un futuro nada halagüeño. Claro, los pluses que benefician a la clase sacerdotal académica consumen todos los recursos disponibles, y aún más, aquellos que provienen de los llamados “fondos propios”, sean autogenerados por su actividad rentable! Actividad que por supuesto se nutre de los fondos del FES.

Me pregunto: En tanto, ¿qué hace la Asamblea Universitaria, máximo organismo institucional, que ha la fecha es dirigida y conducida por el Rector?


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