El sistema de salud en Colombia está en gran parte privatizado. Atiende regularmente a un sector de la población en las ciudades, pero deja otros sectores urbanos con cobertura mediocre y a un total de 15 millones de colombianos, o sea, cerca de un 30% de la población, especialmente rural, sin servicios de atención primaria.
El sistema de salud privado es financiado por el Estado, pero según la exministra de Salud Carolina Corcho no le rinde cuentas a este por resultados. O sea, existe un costoso sistema de salud financiado por el Estado que atiende bien una parte de la población sobre todo urbana, pero que descuida o no atiende los sectores marginales y rurales. Pero lo que es más grave: no rinde cuentas por resultados al Gobierno que la financia. Por esta razón durante la campaña electoral el entonces candidato Gustavo Petro anunció reformas importantes en el sistema de salud. Esto tocó intereses no solo de quienes operan la medicina privada, que lo acusaron de privatizador y de querer meter el sistema de salud cubano en Colombia, sino que generó preocupación en quienes gozan de atención médica y temían ser afectados por los cambios.
Petro respondió entonces que el sistema que él proponía para Colombia no era el cubano, sino el costarricense, que goza de prestigio en la región. De cualquier forma, los intereses creados se levantaron contra la reforma de salud y cuando ganó las elecciones y llevó la ley de reforma de salud al parlamento, insistiendo en que se trataba de poner en marcha el sistema costarricense, se armó un zaperoco que obligó renunciar a la ministra Corcho. Actualmente, el nuevo ministro negocia su tramitación a paso lento.
Pienso que independientemente de estas negociaciones, que por los intereses afectados pueden prolongarse o ir a confrontaciones, el gobierno de Petro que ya cumplió un año de ejercicio con avances parciales en el plan de Paz, pero con un gran entrabamiento en el trámite de sus proyectos prioritarios en el Congreso requiere mostrar resultados a sus electores. Independientemente de las medidas que esté tomando para convocar un referéndum para quitarle los privilegios a los congresistas, que superan en mucho a los de Costa Rica, no puede ignorar la emergencia grave e impostergable que constituye que un 30% de la población permanezca sin atención primaria de salud. Se trata de un interés público evidente, para el cual se debe decretar emergencia sanitaria y poner en marcha con médicos comprometidos varios proyectos pilotos regionales orientados, eso sí, por el modelo costarricense original del Hospital sin Paredes que puso en marcha en San Ramón en la década de los 70 el Dr. Ortiz Guier. Proyecto que tuvo logros locales y regionales destacados en muy poco tiempo, difundidos internacionalmente por la Organización Panamericana y Mundial de la Salud. Resultados que llevaron a la reforma del sistema de salud nacional en 1992.
Este proyecto del Hospital sin Paredes es de bajo costo porque se realiza con la participación de las comunidades organizadas en y las actividades en sus propias instalaciones personales o comunales, con pocos recursos institucionales, pero eso sí con mucho compromiso de los jóvenes médicos que se apunten con la experiencia en los hospitales regionales y locales. Los resultados se ven a corto plazo: comunidades organizadas que controlan las enfermedades infecto-contagiosas, reducción de mortalidad materno infantil. A partir de la organización para la salud, la comunidad expande sus actividades a las obras comunales como los acueductos y caminos, entre otros, y se dinamiza la vida social y económica.
Es esta versión de la experiencia costarricense la que ocupa el gobierno colombiano en estos momentos y no la desarrollada institucionalmente, posteriormente por la CCSS, en forma de Ebais con edificios propios y equipos humanos y técnicos costosos, que puede negociarse posteriormente con la reforma a la Ley.
Se podrá argumentar que Costa Rica cabe 25 veces en el territorio de Colombia, que tiene 10 veces su población y territorios con violencia armada y que, por lo tanto, no, la experiencia no es transferible, pero precisamente la diversidad de territorios y de condiciones políticas es la que hace viable el proyecto. Existen amplias regiones y comunidades con condiciones de paz donde los proyectos pilotos son viables.
Lo importante para el actual gobierno en lo inmediato es llevar la salud a las comunidades no atendidas de tal forma que ellas y el país puedan ver los resultados de manera palpable durante la actual administración y eso contribuya a una reforma sustantiva en un futuro próximo.

