El periodismo costarricense no está destruido: réplica a Carlos Morales

El periodismo costarricense no está destruido.

El periodismo costarricense no está destruido. En una entrevista publicada por el Semanario UNIVERSIDAD el 22 de mayo de 2018, el veterano periodista Carlos Morales, con más de 50 años de experiencia en el campo, afirma que su profesión está en las ruinas. Si nos ajustamos a criterios periodísticos, podemos afirmar, sin medias tintas, que está equivocado.

Hay tres hilos erróneos en el argumento de Morales, los cuales estiran tanto la tela de sus opiniones que terminan por reventarlas; su análisis del periodismo actual no se sostiene, a pesar de muchos puntos muy acertados. El primero es generalizar, una práctica desaconsejada para nuestra profesión, pero no por ello infrecuente. Solo una visión desactualizada puede concluir que “ya no hay reporteros”, que el periodismo es un “sacerdocio” o una “ciencia” (aspiraciones anticuadas a la legitimidad de una profesión de consolidación reciente en la academia), que la colegiatura obligatoria salvará a la profesión o que el derrotismo es inevitable.

La crisis no está en el periodismo, sino en los modelos de negocios, que, aquí y allá, los medios “tradicionales” y los de reciente creación buscan cómo sortear, innovando, apostando, equivocándose. Lo hacen porque defienden una misión básica: preservar el periodismo, abrirle espacio para que se practique de la mejor manera posible.

En ese sentido, el segundo error de Morales es desconocer la proliferación de periodistas y medios costarricenses que contradicen con su mera existencia sus afirmaciones. Hay una razón meramente estadística: hoy hay más medios –y más diversos– que ayer. Han cambiado sus formatos de publicación, quizá, y las revistas no circulan ya impresas (lo cual es lamentable), pero no por ello lo que publicaban se ha perdido. Más bien, ha encontrado otros hogares.

El tercer yerro de Morales es revelar demasiado. Desestima de un plumazo los aportes de las ciencias sociales y las humanidades al periodismo, aunque dice que el reportero practicaba una ciencia. Confiesa sin pudor que alguna vez propuso cerrar un medio por “inmoral”. Dice: “la causa de los LGBTI está tremendamente infiltrada. Uno ve Canal 7 y nota un gran proselitismo gay”, declaraciones en las que basta sustituir su sujeto por “judíos” (como en los albores del siglo XX) para demostrar su talante. Además, si no bastara, se permite arrojar el adjetivo “amariconado” y criticar tácitamente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el matrimonio igualitario, como para no dejar dudas.

Morales señala acertadamente algunos de los grandes problemas que la crisis del modelo de negocios ha provocado; algunas se arrastran desde hace décadas. Pero no existe “el periodismo costarricense”, así, en singular. Existen personas que practican el oficio del periodista, más que hace 30 o 40 años. Muchas veces sus condiciones laborales son indignas; en los medios escasean los recursos de una u otra forma; hay problemas graves de entrecruzamiento de publicidad y periodismo; en televisión prima una sola línea ideológica, con matices que solo profundizan los tonos de derecha y algunos ejercicios periodísticos son desatinados o directamente dañinos, pero para todo esto hay un marco legal que permite a los ciudadanos expresarse o tomar acciones cuando corresponda.

En el mundillo del periodismo estadounidense hay una frase esencial: “The plural of anecdote is not data”, dos o tres casos no hacen una tendencia. La muestra selectiva que hace Morales de sus ejemplos de periodismo, aparte de incompleta (La Nación no publica solo cinco páginas de dos temas ni Teletica tiene solo un programa en un solo canal), obvia medios como AmeliaRueda.com o La Voz de Guanacaste, proyectos formativos como Punto y Aparte, un puñado creciente de podcasts, boletines y formatos nuevos, y un largo etcétera que, por su abundancia, parecen indicar más que está en una etapa de expansión.

El periodismo no es un sacerdocio: no resguarda ninguna verdad mística ni inventa secretos para dominar a la masa de fieles ignorantes. El periodismo es un oficio de servicio al público que escucha, dialoga y procura educar y denunciar lo que daña a la población. Eso no se ha extinguido ni ocurrirá pronto; quizá, sí, se mude a otros formatos.

Hay periodismo y periodistas para muchos años más.


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