El peor de los mundos posibles: máquina electoral chocha

Que el Partido Liberación Nacional (PLN), que bajo la conducción de sus dirigentes y presidentes del país, José Figueres Ferrer_(1906-1990) y Daniel Oduber (1921-1991)…

Que el Partido Liberación Nacional (PLN), que bajo la conducción de sus dirigentes y presidentes del país, José Figueres Ferrer (1906-1990) y Daniel Oduber (1921-1991), con sus aciertos y desvíos, generó la Costa Rica que deseó que todos sus habitantes calzaran zapatos y todos los cuerpos se alimentaran de espíritu, dejara de ser un partido político para transformarse en ‘maquinaria electoral’, se consideraba ya lugar común en los 90 del siglo pasado. El mismo Oduber avanzó el juicio con una fórmula que aun alimentaba anhelos: el PLN era “algo menos que un partido político y algo más que una maquinaria electoral”, señaló.

En el 2018 se muestra como un solo dañado aparato electoral que sufre chillonas derrotas consecutivas de sus candidatos presidenciales. Uno se retira de una eventual segunda ronda alegando haber gastado todo el dinero para la campaña en la primera, y el segundo obtiene el menor respaldo ciudadano de la historia para un candidato del PLN (18.62%, tercera posición en la primera vuelta y fuera de la competencia). Sin embargo, en este 2018 la agrupación mantiene una presencia decisiva en la Asamblea Legislativa (casi un tercio entre 57).

Un liberacionista, ex embajador en el Vaticano durante el segundo mandato de Arias Sánchez, el señor Luis París Chaverri, entiende así el sentido de las duras derrotas: “… el rechazo al PLN tiene que ver, fundamentalmente, con aspectos éticos y morales, con la pérdida de credibilidad de sus dirigentes, con la percepción de la gente de que la corrupción está generalizada e institucionalizada en su seno, y es aquí donde radica su principal desafío para recuperar la confianza y el apoyo mayoritario del electorado” (La Nación, 13/07/2018). Es su juicio.

París estima que se llegó a esta situación por la concurrencia de varios factores: a) en lo ideológico no cree necesario un replanteamiento sino aplicar lo que se predica, aunque no explica cómo se generó un discurso que no se piensa cumplir; b) el PLN cortó vínculos con sus bastiones sociales: organizaciones sociales, comunales y sindicales, gremios intelectuales, académicos y profesionales, y con los campesinos. Es imperativo restablecerlos; c) también se abandonó “la vocación de estudio y reflexión sobre los problemas nacionales”, y en el mismo proceso se dejó de capacitar a cuadros dirigentes en estos campos; d) lo anterior hizo del PLN “una maquinaria electoral, aspecto que en la actualidad (…) no tiene la importancia de antes”, aunque dirigentes despistados consideren que la solución a la crisis actual consiste en transferir “mayor poder a los cuadros territoriales en el nombramiento de los candidatos a diputados”.

Ya se dijo que los registros para diputados y alcaldes hablan de un PLN favorecido por el voto ciudadano, aunque en el primer caso los votantes sufragan por listas cerradas y no por personalidades y sus méritos. El sistema es clientelar. Pero es la modalidad ‘democrática’ que se da el régimen costarricense de gobierno. Los diputados no responden ante sus votantes. Es lo que hay. Nadie trabaja para cambiarlo.

Sin embargo, aquí no se trata de discutir pinceladas. Luis París Chaverri no menciona que el PLN nació en el clima desarrollista reforzado tras la Segunda Guerra y que las expectativas socio-culturales que esa matriz suscitó murieron en la década de los 80 del siglo pasado.

En las décadas anteriores el Estado fue valorado actor decisivo de un desarrollo nacional. Incluso el desarrollo se imaginó meta para una Centroamérica articulada. En el tránsito desde el desarrollo al crecimiento económico (ethos mundial vigente) el Estado vigila el cumplimiento de contratos. Y se vigila el cumplimiento de contratos para que existan ganancias y quiebras legales. La legalidad de las quiebras las determina la lógica del mercado mundial. Nadie aspira al desarrollo. Los países pasaron a ser puntos de inversión privilegiada. Sus habitantes, o consumidores conspicuos (incluso de deuda) o losers. Se habla de población “sobrante”. Existe. Lo que no sobra nunca son las ganancias. Siempre se puede atrapar más.

Costa Rica nunca tuvo una oligarquía tan millonaria como la actual. Jamás el país alcanzó un coeficiente Gini (mide desigualdad) tan cruel: 0.52. El promedio latinoamericano es 0,469. Es mal mundial. Para Oxfam, el 1% de los más opulentos del mundo alcanzó en el 2016 tanto ingreso como el 99% restante. Esto, aunque termine provocando sublevaciones y guerras, es lo correcto hoy. Cuando el sistema colapse, porque funciona con deuda y la gula carece de plan, la fortuna del 0.5 de la población más opulenta será mayor que la del 99.5 restante. Cómo contribuyó Costa Rica, y el PLN, con esta catástrofe, es lo que tendría Luis París que preguntarse.


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