Opinión

El desafío de Israel ante el terrorismo de Hamás

Recientemente, docentes, estudiantes y profesores pensionados de la Universidad de Costa Rica publicaron el artículo “Pronunciamiento del Consejo Universitario sobre la situación en Gaza: omisiones de un comunicado temeroso”, en los que acusan al Estado de Israel de genocidio y limpieza étnica. Nada más lejos de la realidad.

Primero y fundamentalmente, Hamás, una organización reconocida como terrorista por numerosas democracias, tiene en su Carta Fundacional el objetivo explícito de erradicar al Estado de Israel y a los judíos en cualquier lugar del mundo. Es esencial comprender que Israel no está en guerra contra el pueblo palestino, sino contra esta organización terrorista que utiliza tácticas crueles y violencia indiscriminada contra civiles.

El 7 de octubre, más de 1.400 civiles fueron brutalmente asesinados y otras 240 personas de diversas nacionalidades fueron secuestradas por Hamás, en un acto que pone de relieve la brutalidad y la falta de escrúpulos de este grupo terrorista, que no representa a toda la población palestina, sino que la utiliza como carne de cañón en su agenda destructiva. Al escribir este artículo, se había llegado a un acuerdo en el que Hamás entregará 50 de los secuestrados, niños y mujeres; Israel a cambio liberará a 150 procesados en la corte por actos de terrorismo. Esta operación se realizará en etapas y por grupos de secuestrados, en el primero, Hamás puso en libertad a 13 israelíes y 12 tailandeses e Israel realizó la liberación de los presos.

Israel tiene el derecho y la autoridad moral de defenderse. La población civil israelí está siendo atacada y la liberación inmediata de las personas secuestradas por Hamás debe de culminarse. Es esencial recordar que Israel se retiró completamente de Gaza en 2005, eliminando toda presencia judía y cediendo tierras en busca de la paz. En lugar de paz, Israel ha enfrentado constantes ataques con cohetes y guerras desatadas por Hamás durante más de una década.

Por lo anterior, la retórica de la ocupación de Israel en Gaza carece de fundamento. Se confunde con el bloqueo armamentístico que ha impuesto para evitar que Hamás se arme hasta los dientes. ¿Qué habría sucedido si Israel no hubiera tomado estas precauciones? Las atrocidades del 7 de octubre confirman que las medidas de supervisión no fueron suficientes.

Hay que desmontar la falacia de una “respuesta proporcional”. Israel ha demostrado apegarse a las leyes de guerra ante ataques constantes. Una respuesta proporcional por parte de Israel significaría cometer actos abominables como los que Hamás llevó a cabo, algo que este país no ha hecho ni pretende hacer.

En cuanto a las acusaciones de genocidio atribuidas a Israel, la realidad es exactamente lo opuesto. El Hamás, en su carta fundacional, declara de manera explícita su objetivo de aniquilar a los judíos, lo que demuestra su propósito de llevar a cabo una limpieza étnica en la región. Israel, por su parte, ha mostrado su compromiso con la población de Gaza: miles de gazatíes cruzan diariamente para trabajar en empresas israelíes, se brindan oportunidades y atención médica, y existen organizaciones que facilitan tratamientos médicos para pacientes en hospitales israelíes.

Es incoherente acusar a Israel de genocidio cuando las evidencias muestran sus esfuerzos por ayudar a los habitantes de Gaza. Quienes suscribieron tales acusaciones carecen de rigor académico y  las afirmaciones ahí expuestas se alejan de la realidad.

Seamos sinceros, el desafío de Israel no es contra el pueblo palestino, sino contra Hamás y el objetivo real es desmantelar su infraestructura terrorista, así como proteger a su propia población civil de ataques indiscriminados con cohetes.

Hamás, como autoridad en Gaza desde 2007, ha negado derechos básicos al pueblo palestino, controlando aspectos fundamentales como agua, electricidad, libertad de expresión y de movimiento. En tiempos de conflicto, ha convertido a civiles inocentes en escudos humanos, escondiendo sus bases y equipos en edificios civiles, incluyendo escuelas y hospitales. A pesar de este desafío, Israel hace esfuerzos extraordinarios para minimizar las víctimas civiles. Sus operaciones buscan la precisión y siempre avisa con antelación, brindando advertencias horas antes y luego avisos adicionales para procurar una evacuación segura.

Es hora de reconocer que Israel no busca la guerra, sino la paz. Ha mostrado disposición a comprometerse con una solución de dos Estados en numerosas ocasiones, pero se enfrenta a un enemigo empecinado en el conflicto y la eliminación de Israel. La consigna desde el río hasta el mar no es otra cosa que una declaración de exterminio para el Estado de Israel y el pueblo judío. La verdadera meta de esta región debe ser alcanzar la paz, la convivencia y la armonía, y eso requiere un compromiso genuino con la negociación y el cese de la violencia.

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