El declive del progresismo PAC y el reforzamiento del modelo neoliberal

En los párrafos iniciales de su obra el 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx da un giro a la premisa hegeliana de que la historia y los personajes históricos suelen repetirse dos veces

En los párrafos iniciales de su obra el 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx da un giro a la premisa hegeliana de que la historia y los personajes históricos suelen repetirse dos veces; a esto le agrega primero como una tragedia y luego como una total farsa o una ridiculización de la anterior.

En efecto, nuestra coyuntura política no deja de lado este gran fundamento marxista, pues estamos experimentando la etapa de la farsa: el desencantamiento con ese “progresismo” que irrumpió como una nueva esperanza y que además fungió como la ruptura del bipartidismo en el año 2014. Hablamos sobre todo de la tragedia original.  Pero entendiendo esta tragedia en el sentido de que supuso un fuerte golpe sobre la mesa a los partidos tradicionales y a la política costarricense, la manifestación de un profundo y alargado malestar colectivo.

Pero toda esa “esperanza” de un nuevo amanecer en la política costarricense se fue difuminando poco a poco con el primer gobierno PAC, dentro del cual se dio el escándalo de corrupción del “cementazo”. El más sonado en nuestro país debido a que sacudió y dejó grandes secuelas en los poderes estatales y sobre todo en el tejido social con la fragmentación de la sociedad costarricense entre pro gobierno y opositores a este, los primeros cimientos para su posterior polarización.

Este hecho de desencanto y otros factores claves como la discusión acerca de los derechos humanos configuraron un panorama electoral distinto, ajeno a la tradición democrática costarricense, con la irrupción del neopentecostalismo como fuerza política importante. También hubo otra segunda ronda electoral, esta vez con una polarización extrema de la sociedad (que sigue dejando huellas) y que dentro de la cual se dio el triunfo de lo que se suponía como un “mal menor”.

Pero este nuevo triunfo del PAC con su máscara del “mal menor” y de ser un estandarte del “progresismo” y la defensa de los derechos humanos fue solamente un encantamiento que duró muy poco. Resultó ser la farsa y la ridiculización de aquella tragedia, de esa ruptura, de ese resquebrajamiento con el tradicionalismo bipartidista. Resultó ser la continuación de ese mismo legado bipartidista, que impulsó un modelo neoliberal, a uno tripartidista que reforzó este modelo; es decir, resultó ser su punto de culminación y consolidación.

No hay duda alguna, el segundo y actual gobierno en fila del mal llamado “progresismo” del PAC es de corte totalmente neoliberal ortodoxo. Su desenfrenado deseo por un reforzamiento de las finanzas públicas a través de la aprobación de una reforma fiscal totalmente regresiva para los sectores vulnerables y que plantea exoneraciones a los grandes capitales, las tibias insinuaciones acerca del presupuesto de la educación superior y la “venta de servicios de investigación” -palabras camufladas y que indican apertura al mercado y semiprivatización-, el desmantelamiento de los restos del estado social e interventor, el aplacamiento y sofocación de la resistencia de la clase trabajadora a esas políticas neoliberales y los altos índices de desempleo y de desigualdad son caracterizaciones que parecen propias del modelo neoliberal thatcheriano.

Pero no, es todo lo que ha devenido a través de este gobierno del bicentenario, que desata los nudos que impidan o limiten ese camino a la consolidación de la hegemonía económica neoliberal.

¿Cómo resistir a esto? Creo firmemente en lo planteado por Atilio Borón: que el reto de los países de América Latina cuando se agota lo que él denomina el “diluvio neoliberal” es la recuperación del Estado. ¿En qué sentido recuperar el Estado?  Desde mi punto de vista eso implica plantear alternativas de izquierda realistas, coherentes, no populistas, que confronten y cuestionan la hegemonía económica y política del neoliberalismo y que sepan construir un capital político fuerte para generar cambios graduales y de tal forma recuperar el Estado social de las manos neoliberales.


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