El coronavirus como disruptor

El coronavirus entre muchas cosas nos resulta agente de democratización. Siempre supimos de las cuarterías, siempre supimos que los salarios del sector privado eran bajos comparados con los del sector público. De hecho, está verdad dio pie a comentarios de prensa por parte de sus más renombrados representantes indicando el enorme problema para la economía [...]

El coronavirus entre muchas cosas nos resulta agente de democratización. Siempre supimos de las cuarterías, siempre supimos que los salarios del sector privado eran bajos comparados con los del sector público. De hecho, está verdad dio pie a comentarios de prensa por parte de sus más renombrados representantes indicando el enorme problema para la economía nacional derivado de esa disparidad salarial. Había que acabar con las ventajas del empleo público.

Dejaron de ser invisibles los cientos de miles de habitantes que se encuentran por dejado de la línea de pobreza, uno de cada cinco habitantes del país y tres de cada diez de ellos en pobreza extrema.

Dejaron de ser invisibles porque el coronavirus unió su suerte a la nuestra. El coronavirus resultó homogenizante porque mayorizó las interrelaciones socioeconómicas como vasos comunicantes entre grupos sociales. El pobre extremo de cuartería hace llegar su predicamento hasta la mesa del confortable habitante de barrio alto a través del agente viral.

Ahora resulta que no solo contamina quien viene de Europa, como durante los primeros días de la pandemia. Ahora las fuentes de contaminación nos desnudan como sociedad estratificada pero a la vez dependiente de relaciones de poder que nos permiten mantener y preservar la pobreza estructural.

If a free society cannot help the many who are poor,

it cannot save the few who are rich.

JFK, 20 enero, 1961.

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