Educación Superior en tiempos de Covid-19

Si bien nadie se prepara para una pandemia, este Covid-19 nos ha llegado al mundo como un balde agua fría. En tiempos donde la consigna se basa en nuevas tecnologías y muchas de las carreras universitarias procuran seguir una línea de punta, llega esta enfermedad a preguntarnos: ¿estamos preparados? Nos encontramos en una etapa de [...]

Si bien nadie se prepara para una pandemia, este Covid-19 nos ha llegado al mundo como un balde agua fría. En tiempos donde la consigna se basa en nuevas tecnologías y muchas de las carreras universitarias procuran seguir una línea de punta, llega esta enfermedad a preguntarnos: ¿estamos preparados?

Nos encontramos en una etapa de vida donde el internet y las redes sociales son parte del diario vivir, sin embargo, pasar de ahí a un aula virtual donde debemos contar con cada movimiento de manera tecnológica pero además acertada, nos da para cuestionarnos como docentes: ¿cómo me actualizo?, ¿entiendo lo que pasa en el mundo del siglo XXI?

Es alucinante pensar que de un día para el otro la vida misma cambió en un giro de ciento ochenta grados, nos mudó a casa con todo, y a su vez cerró por completo las instituciones educativas, pero no así el deseo de hacer llegar el aprendizaje a todos los rincones del país. Cuando vemos nuestra institución universitaria, debemos analizar las muchas personas que tuvieron que levantar su voz y tomar decisiones de manera trascendental, que marcaran el futuro de cientos de estudiantes. La decisión de continuar nuestro proceso nos pone frente a un reto país, que nos indica que podemos formar profesionales de calidad desde las casas y abriendo espacios virtuales que nos acerquen por necesidad; pero es aquí donde entran las diferentes realidades individuales y colectivas, que nos demuestran que no todos tenemos el mismo acceso, no siempre una beca universitaria cubre las necesidades de los estudiantes y más triste aún: las brechas sociales nos limitan nuestra capacidad de aprendizaje.

En un país como el nuestro, donde constitucionalmente la educación es un derecho gratuito y universal (Art.78), el gobierno debe ser el principal garante de la continuidad de la educación superior, de manera que se vele por aquellos que no cuenten con los recursos necesarios para acceder o permanecer en una educación universitaria. No obstante, la realidad nos golpea a la cara y nos demuestra que no es tan fácil cumplir con las leyes. Las universidades estatales por años han becado a miles de estudiantes con la idea de poder ofrecer un mejor futuro a cada uno de ellos, sin embargo, en tiempos como los que vivimos actualmente, donde la economía se ve considerablemente afectada a nivel global, lamentablemente la educación se perfila como uno de los servicios prescindibles. En ese sentido, nuestros estudiantes se han visto frente retos y muchos de ellos en tomar decisiones como lo son: ¿comer o estudiar?

A pesar de la diversidad de empresas de telecomunicaciones en Costa Rica y su cobertura nacional, cuando hablamos de plataformas de estudio el acceso se ve reducido, y es aquí donde notamos una las brechas con que se vive, la brecha digital. Escuchamos como la Asamblea pone en consulta la modificación del FEES (cosa que por constitución no les compete) exponiendo una vez más que la educación superior no es tema de mayor interés para el parlamento, y es en este punto que me cuestiono, ¿dónde queda la educación que nos plantearon Luis Demetrio Tinoco, Carlos Monge y don Rodrigo Facio? Es acaso que: ¿la garantía de igualdad de oportunidades de acceso a la educación dejó de estar ligada con la democracia? Con tristeza hoy vemos cómo el típico refrán de: “todos en el mismo barco” deja de ser realista, cuando se analiza que hasta dentro de los barcos existen clases sociales marcadas de acuerdo con su poder adquisitivo.

Miles de profesores a lo largo del territorio nacional nos hemos enfrentado ante el reto de velar por que nuestros estudiantes adquieran una educación de calidad sin importar las distancias. En ese sentido y en relación con una posible respuesta a mi pregunta inicial: creo que la práctica ha evidenciado una triste realidad: no estábamos preparados para una pandemia, no estábamos preparados para ver cerrar las puertas de nuestras aulas, tampoco estamos preparados para responder a ese estudiante cuando nos cuestiona si mejor come y lucha o sigue estudiando con hambre, esperando la promesa del mañana; pero de lo que si estoy convencida es que somos un pueblo capaz, que los educadores de este país tenemos un fuerte compromiso con nuestra labor y, que cuando se trata de hacer giros inesperados, lo hacemos con templanza y la esperanza de que nuestra juventud nos demuestre mañana que la tarea se hizo de la mejor manera. Lamentablemente no podemos ser indiferentes ante el escenario donde la igualdad de acceso a oportunidades no se brinda por nuestro compromiso de dar lo mejor de nosotros y nosotras como docentes, sino que la carencia de recursos es una realidad que nos va a pasar una fuerte factura a la Costa Rica del mañana.

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