Educación emocional ecológica (E-E-E)

“Si no tratamos bien a los animales, ¿cómo vamos a tratar bien a los seres humanos?”

Creo que una de las asignaturas pendientes que

tenemos es la apuesta por una educación emocional

ecológica. La razón necesita de la pasión para

cambiar el mundo.        

Alicia Puleo

“Si no tratamos bien a los animales, ¿cómo vamos a tratar bien a los seres humanos?”, acostumbraba decir mi padre, recogiendo un noble sentimiento campesino. Y echaba mano a la experiencia de un boyero apodado “Morriña Silencia” quien, a diferencia de sus compañeros, no derrochaba energías maltratando a los bueyes con palabras groseras y  agrediéndoles con el “chuzo” para sacar la carreta de los lodazales; se recostaba en un árbol a descansar para un tiempo después, con toda serenidad, invitarles a salir del lodazal; ambos, bueyes y boyero, lograban salir airosos de aquella “batalla”, sin acudir a la violencia. Su consigna era: “descanso yo, descansan los bueyes”.  Sin duda, aquel boyero sabía que siempre hay una manera más digna y más humana de hacer las cosas.

La filósofa y ecofeminista Alicia Puleo nos cuenta que su madre procedía de una familia naturista asturiana, y siendo muy pequeña le mostró las almohadillas de la pata de su pequeño gatito y le dijo: “Mira qué maravilla, qué perfección, qué belleza”. En la niñez, agrega Puleo,  eso es más importante que oír que “hay que administrar bien los recursos naturales o separar los residuos para su reciclado. Eso está bien pero se requiere de una base emocional para que se grabe de manera indeleble”.

En el país se vienen impulsando novedosas  iniciativas y proyectos en esta dirección, que merecen especial reconocimiento y apoyo. Por ejemplo,  la Alcaldía de Curridabat, la Declaración de la Universidad Nacional: “UNA por la Madre Tierra”,  Costa Rica Limpia, Rutas Naturbanas, Árboles Mágicos,  editoriales como La Jirafa y Yo y Club de Libros.

Si queremos atender con responsabilidad solidaria al desafío de proteger la vida en nuestro planeta Tierra, tenemos que abocarnos a unir esfuerzos locales y globales dirigidos a una “educación emocional ecológica”, como atinadamente sugiere Alicia Puleo. Cultivar los buenos afectos y sentimientos para construir relaciones más armónicas y pacíficas entre los seres humanos, como corporalidad diversa, y la naturaleza en su biodiversidad, es una tarea tan importante como urgente. Para ello, tenemos que colocar en el centro de nuestras preocupaciones a la naturaleza viva, digna de ser admirada, respetada y cuidada. De esta manera, integramos tres componentes básicos: la estética, la  espiritualidad y la ética (E-E-E).

El desafío propiamente educativo significa avanzar hacia una propuesta pedagógica que supere la escisión entre lo racional-conceptual y lo emocional-relacional. Efectivamente, “la razón necesita de la pasión para  cambiar el mundo”.

 

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