Ecosistema de tecnología

Cualquier producto de la nueva ola expansiva del desarrollo técnico y tecnológico que aflora en el umbral de la sociedad de la información nace

Cualquier producto de la nueva ola expansiva del desarrollo técnico y tecnológico que aflora en el umbral de la sociedad de la información nace y se desarrolla en medio de determinadas condiciones que deben propiciarlo, generando un ciclo virtuoso de producción e innovación. Ahora bien, la consecución de esas condiciones es lo que representa, incluso en los países más industrializados del mundo, un problema cuasi-estructural.

Además, la industrialización no responde, ni se correlaciona directamente con la capacidad de innovación y desarrollo tecnológico a la que pueda aspirar una nación. Véanse los casos de países como China, Rusia e incluso algunos de la Europa occidental; el gran desarrollo de industrias pesadas no corresponde con el emplazamiento de industrias terciarias, de productos y servicios más refinados. Aunque el caso de China evoluciona hacia ello.

En dicha línea, el desarrollo de nuevas tecnologías y servicios derivados de estas sucede en regiones con mayores niveles de inversión en las mismas, (¿coincidentemente?) de la mano de recurso intelectual altamente capacitado. Lo paradigmático de ello es que la gran mayoría de emprendimientos tecnológicos de alto valor económico son creados/diseñados, impulsados y comandados por personas con amplia experiencia en empresas tecnológicas de punta. En otras palabras, la manzana no cae lejos del árbol.

En ámbitos como el entretenimiento, fotografía, música, mensajería e incluso la educación, prácticamente todas las aplicaciones móviles y fijas desarrolladas provienen de mentes que han integrado equipos como los de Google, Microsoft, Apple y Facebook. Sus ideas se venden por los billones de dólares tras conseguir fuertes apoyos de inversores aventurados y/o visionarios. Y esa es la tendencia que domina el mercado de la innovación en la actualidad: diseñar un producto atractivo, generar interés de grandes inversionistas y vender a una gran empresa. El ciclo parece no acabar.

Entonces, ¿está el desarrollo y la innovación tecnológica delimitada al Silicon Valley californiano y los hubs y think tanks asiáticos? Además, ¿está Latinoamérica destinada a ser un eterno consumidor y perseguidor de estas mismas tecnologías? Bajo los supuestos presentados, sí. Incluso Europa, con toda su riqueza y favorables características, está en la retaguardia de las innovaciones; muchas de las empresas europeas que fuesen otrora líderes, se encuentran reducidas, en venta o en otros ámbitos. Es decir, no hay en Europa un gigante como Apple que pueda desprender de sí recurso que prolifere intelectual y creativamente en el campo de la innovación.

La región europea genera políticas locales de impulso al desarrollo tecnológico; Londres y Amsterdam resaltan por ser catalogados como los ambientes de “incubación” tecnológica más amigables y productivos de la zona, pero están lejos del nivel estadounidense y asiático. Ni siquiera la poderosa Alemania ha podido albergar emprendimientos valiosos. Mientras que si de popularidad se trata, Suecia resalta con la aplicación de música Spotify.

Así bien, ¿dónde queda Latinoamérica? Una región históricamente deprimida, donde -según cifras del BID- no sólo la pobreza generalizada representa un lastre, sino que poco más de la mitad de las personas en la región están desconectadas de la Internet. Bajo estas condiciones el desarrollo de una industria fuerte y ventajosa a nivel tecnológico se hace sumamente difícil, incluso considerando que la aparición y/o fortalecimiento de la misma solamente acrecentaría las brechas existentes.

Latinoamérica, Costa Rica inclusive, produce servicios tecnológicos; soluciones de TI, telecomunicaciones, animación y juegos de video son algunos ejemplos. Pero estos son sólo aplicaciones. No existe una verdadera innovación, ni centros inteligentes ni ecosistemas de creación que fomenten la generación de emprendimientos valiosos. Siendo así la realidad, el continente está lejos todavía de su innovación de un billón de dólares.


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