Opinión

Doscientos años de la primera guerra civil costarricense

El próximo 5 de abril se cumplen doscientos años de la primera guerra civil costarricense, a resultas de la cual San José se convirtió, de forma permanente, en la capital de Costa Rica. Los procesos que llevaron a este conflicto fueron un resultado directo de las condiciones en que se independizó Centroamérica.

A diferencia de América del Sur, donde las guerras independentistas incorporaron de modo decisivo a los sectores populares, en México las autoridades españolas y los liderazgos criollos recurrieron a una vía reformista, que preservaba los privilegios coloniales.

Fue este modelo de cambio institucional el que adoptó Guatemala, al declarar la independencia el 15 de septiembre de 1821 e invitar al resto de las entonces provincias a enviar representantes para formar un congreso que decidiría sobre el futuro de la región.

Rápidamente, tal estrategia reveló sus límites: por un lado, intensificó las tensiones dentro de cada provincia y entre estas y la capital guatemalteca, asiento de un poderoso círculo de comerciantes que, pese a perder influencia desde inicios del siglo XIX, aún jugaba un papel relevante en la región: en 1811 y 1813 presionó para prohibir el comercio de Costa Rica con Panamá.

Por el otro, el proceso independentista mexicano, en vez de originar una república, produjo un imperio –presidido por Agustín de Iturbide–, que pronto reveló su intención de anexarse Centroamérica: envió tropas al istmo ya en 1821.

En Costa Rica, las jerarquías mercantiles de Cartago y Heredia, vinculadas con los comerciantes guatemaltecos y sus intermediarios nicaragüenses, promovieron la anexión a México. Tal decisión también se explica porque aspiraban a mantener sus posiciones de poder y temían que, de ser invadido el territorio costarricense por tropas mexicanas, fueran destruidas o dañadas las haciendas de ganado que poseían en Guanacaste.

La situación de los mercaderes de San José y Alajuela era muy distinta: su ascenso socioeconómico, desde finales del siglo XVIII, se basó en un intercambio creciente con Panamá. Su temor principal era que la anexión al imperio, al reforzar el poder de los comerciantes guatemaltecos, resultara en nuevas dificultades o prohibiciones para hacer negocios con la plaza panameña.

A este conflicto de fondo, se añadieron dos situaciones que lo polarizaron todavía más. La primera consistió en que San José, que ya a inicios del siglo XIX aventajaba a Cartago en términos demográficos y económicos, procuró hegemonizar –como lo ha analizado Aarón Arguedas– los procesos institucionales posteriores a la independencia, para lo cual contó con el apoyo de Alajuela.

La segunda fue una confrontación generacional, la primera de su tipo en la historia costarricense. Si la dirigencia imperialista estaba dominada por hombres de mediana edad o mayores, en la republicana destacó un grupo de jóvenes radicalizados, liderados por el comerciante Gregorio José Ramírez, quien comandó las tropas josefinas y alajuelenses durante la guerra de 1823.

Dicho conflicto generó, en el pasado, interpretaciones distantes de sus fundamentos fácticos: el atraso de Cartago frente a la pujanza de San José (Manuel de Jesús Jiménez, 1902); el “ambiente retrógrado, frailuno y mezquino” cartaginés ante el “espíritu liberal y progresista” josefino (Ricardo Fernández Guardia, 1928); el carácter “monárquico” de Cartago contra la actitud “democrática” de San José (Carlos Monge, 1937); la “clase alta” cartaginesa opuesta a los “labriegos pobres” josefinos (Carmen Lyra, 1945); la “ideología feudal” cartaginesa contrapuesta a la “liberal” josefina (Francisco Gamboa, 1962); y la aristocracia y la economía cerrada de Cartago versus la burguesía y la economía abierta de San José (Rodolfo Cerdas, 1964).

Aunque hoy se conoce mejor el trasfondo de la guerra civil de 1823, aspectos básicos permanecen sin esclarecer, como la participación de los sectores populares en dicho conflicto y el ascenso de un imaginario republicano que, por un breve instante, pareció dominar experiencias, expectativas y consciencias.

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