Don Ignacio, ¿por qué no se mira en su propio espejo?

La frase de don Ignacio Santos: “Cuando uno se ve en el espejo y no le gusta lo que ve, no es culpa del espejo; la prensa ha hecho su trabajo”

La frase de don Ignacio Santos: “Cuando uno se ve en el espejo y no le gusta lo que ve, no es culpa del espejo; la prensa ha hecho su trabajo” (La Nación, 25 enero del 2020, p.13) resulta “célebre” en tiempos donde se ha desplegado una de las más odiosas y mal intencionadas campañas de desprestigio y difamación de los empleados y pensionados del sector público por parte de la “dictadura mediática”.

Sí, don Ignacio, la prensa que usted representa y defiende ha realizado un triste trabajo al crear una imagen de los empleados y pensionados del sector público como enemigos del pueblo para llevarlos a la hoguera, considerándose juez impecable. ¡Vaya fariseísmo barato por parte de La Nación y Canal 7 que negociaron entre bambalinas el pago de deudas que suman más de ¢5.000 millones por evasión al fisco!

Si miraran la viga de su propio ojo no se atreverían a levantar ni un terrón para lanzarlo a los empleados y pensionados del sector público. Claro, que el rostro que les pintaría el espejo no sería otro que el de una prensa cuyas armas son las propias del terrorismo lingüístico al estilo de Goebbels, el nefasto propagandista del régimen nazi.

No pudieron recurrir a una mejor fuente que a un abogado fraudulento, hoy condenado penalmente a la cárcel, que creó el término “pensionados de lujo”. ¡Vaya falta de creatividad de la oligarquía periodística! Han cumplido así a cabalidad el papel de manipuladores de la información, utilizando esta campaña delirante para tirar una cortina de humo sobre la evasión y elusión de impuestos de ¢2 billones de las grandes empresas; muchas de ellas, además, premiadas con la amnistía tributaria. Así pretenden ahora adjudicarse el mérito de ser medios que “investigan” y develan el mundo real de los privilegios en este país.

¿Dónde están los reportajes de los salarios de lujo de gerentes y directores de las grandes empresas y bancos privados que no pagan impuestos ni las cuotas de CCSS? Si se considera un contrapeso incisivo e imparcial, que no es cómplice de intereses de grupos de poder y del mismo Gobierno, ¿por qué no denuncia los salarios de más de ¢9 millones del Superintendente de Pensiones y del Gerente del Banco Central?, quienes no aportan contribución solidaria ni les aplican rebajas que ascienden a un 55%, como en el caso de algunos de los catedráticos pensionados.

Más aún, por qué no consideran salarios de lujo los de los diputados, de más de ¢4 millones, que superan por mucho el promedio de lo que devengan los catedráticos pensionados del Magisterio, que sí han pagado religiosamente sus cuotas por décadas. Además, los gobiernos nunca crearon el fondo obligado por ley que hoy ascendería a más de ¢4 billones; eso se lo han robado a los docentes de este país, y ni usted ni la prensa que representa han dicho ni media palabra, porque, aunque sea la verdad, no les conviene a sus jefes…

Don Ignacio ha realizado la declaración más elocuente de un periodista aparentemente informado de lo que pasa en este país, donde la mentira se transforma en verdad sin sonrojo alguno por parte de sus publicistas. Una prensa que se ha convertido en el principal aliado de un gobierno que deja que los sectores económicos poderosos le impongan su agenda. Ahora pretenden también imponerla al Poder Judicial;  sin embargo, en este poder de la República todavía quedan jueces, como el mismo presidente de la Corte, don Fernando Cruz, que no se presta a las triquiñuelas de los poderes fácticos y que defiende los derechos humanos y la institucionalidad democrática, aunque eso lo lleve por el camino de la amargura y el escarnio público.

¡Qué lamentable que en este país sin ejército tengamos una prensa emulando a esa barbarie periodística que apela a las más innobles armas del terrorismo de la mentira! Por algo dijo don Pepe que su gran error histórico-político había sido entregarle el periódico La Nación a la oligarquía de este país, suavizando sus términos.

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