El derecho a la educación en centros penitenciarios: ¿Hacia dónde va?

La experiencia de privación de libertad involucra una multiplicidad de factores y dificultades en torno a la cotidianidad y el desarrollo humano, social

El estudiante preso, si bien está preso,

no es preso, sino estudiante”.

(Lewkowicz, 1996, El malestar en el sistema carcelario)

La experiencia de privación de libertad involucra una multiplicidad de factores y dificultades en torno a la cotidianidad y el desarrollo humano, social y psicológico de las personas internas. La cárcel es un contexto determinado por limitaciones y múltiples privaciones que ponen en riesgo el crecimiento personal y el desarrollo de habilidades y procesos básicos para la vida y la salud mental.

En este sentido, parece importante reflexionar y posicionar el tema de la educación en el contexto penitenciario, siendo un tema y problemática que no ocupa, usualmente, las agendas de la vida política, social e inclusive, ni siquiera, de la dinámica académica o científica.

De esta manera, la educación y el derecho a esta, en el contexto penitenciario, debe ser analizada y visualizada con una mirada que entienda su complejidad y especificidad, así como las dificultades que enfrenta su realización y con base en esto, pueda establecerse acorde con dichas necesidades, especificidades y condiciones que requiere, exige y predispone y, por ende, se garantice su disfrute y se potencie el desarrollo académico, profesional y personal de  los estudiantes participantes.

“La educación en centros penitenciarios conforma un escenario altamente complejo, generado por múltiples tensiones que se derivan, entre otras cuestiones, de la articulación entre dos sistemas con marcos normativos diferentes: el sistema educativo y el sistema penitenciario”. Blazich, De Milén & Viedma, 2007, p.3).[1]

En nuestro país, la educación en centros penitenciarios se desarrolla inclusive hasta en el nivel universitario. Sin embargo, que exista la oferta no garantiza que se esté realizando de manera idónea o que esté asegurando el desarrollo de aprendizajes significativos.  ¿Cómo sabemos si se están logrando los objetivos de aprendizaje? ¿Cuántos espacios de reflexión y de mejora se desarrollan en torno a esta? ¿Cuál es el estado de la misma? ¿Hacia dónde va y cuáles son los principales retos para su adecuado desarrollo?

Es trascendental entonces que los procesos educativos en centros penitenciarios sean repensados y analizados con criticidad para potenciar el desarrollo personal, educativo y profesional de los privados y privadas de libertad y con esto potenciar además el proceso de egreso del centro y su “re incorporación” a la dinámica social.

“Es la educación en general, y en especial en los establecimientos penales, la que actúa como resguardo de la condición de ser humano para aquellas personas que alguna vez han delinquido” (Scarfó, 2002, p. 292).[2]

Así, más allá de las consideraciones pedagógicas y técnicas de los procesos educativos, acerca de las cuales hemos enfatizado en su importancia, la educación en este contexto involucra la reivindicación de un derecho humano. La educación es un derecho de todos y todas; su disfrute trasciende a la condición de privado o privada de libertad, debe garantizarse y desarrollarse de manera adecuada. Ante esto, la tarea es, primero y siempre, política y de voluntad. Luego técnica, profesional e integral, entre otras cosas.

El encierro “(…) no debe llevar consigo una privación adicional de los derechos civiles, ya que el único derecho que se priva, al estar detenido, es la libertad ambulatoria” (Scarfó, p. 292).

Entonces, los espacios educativos deben ser un lugar de oportunidades y de movilización de nuevas vidas posibles; más aun si se establecen en un centro penitenciario. El estudio y la preparación académica en instituciones carcelarias no debe verse con desprecio o sin el énfasis e importancia que requiere. Es una cuestión que nos involucra a todos, la cárcel y su dinámica, como institución pública y de gobierno, nos representa a todos.

Es un buen momento para traer este tema a la vida política, social y a la académica. Reflexionemos en torno a este, evaluemos, valoremos y sistematicemos los logros, hagamos visibles los desafíos y las experiencias, y propongamos mejoras.

 

[1] Blazich, G., De Milén, S. & Viedma, A. (2007). La educación en establecimientos penitenciarios argentinos: estudio de algunas cárceles de las ciudades de resistencia y corrientes. Revista digital. 1. Pp. 1-25. Instituto de Investigaciones en Educación, Facultad de Humanidades, Universidad del Nordestes, Argentina.

[2] Scarfó (2002). “El derecho a la educación en las cárceles como garantía de la educación en derechos humanos”. Revista IIDH. 36. Pp. 291-324.

 

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