Genera gran expectativa y hasta temor la inclusión de la inteligencia artificial y otros descollos en el mundo laboral como parte del desarrollo de la nueva tecnología, de cara a la ciencia del presente. Se podría imaginar que esto mismo se generó siglos atrás con el movimiento del maquinismo, al dejar sin empleo a muchas personas y obligar a otras a trasladarse de las periferias a los centros metropolitanos industriales, y como consecuencia pasaron de un sistema de servicios personalizado/casero a uno masificado por la tecnología de ese entonces, producto de la Revolución Industrial.
De igual manera, la aparición de la electricidad en Europa y, siendo Costa Rica uno de los primeros en introducirla a nivel de continente, produce que vaya desapareciendo el oficio de farolero, es decir, el de la persona encargada de encender los faroles en una población y mantenerlos en buen estado, con el fin de darle iluminación a la noche. En igual sentido, se han perdido con el desarrollo inteligente tecnificado, el puesto de ascensorista, de mecanógrafo, entre otros, y pareciera, que pronto —así como desapareció el de cochero— también el de chofer de transporte público, consecuencia de la Inteligencia Artificial y la Robótica.
Como se puede apreciar, no se debe abstraer de esta realidad el derecho laboral, pues todo cambio ha conllevado el mismo resultado y, hasta ahora, el ser humano —persona trabajadora— ha sabido readaptarse y reinventarse, manteniéndose posicionado dentro de la economía de producción mundial. Lo que sí es menester es adelantarse a las consecuencias que se vienen producto de todos estos cambios que son parte de la vida y, hoy por hoy, de manera globalizada, en tiempo real y sin fronteras.
En este sentido, un artículo interesante (https://www.gq.com.mx/articulo/inteligencia-artificial-que-profesiones-no-podran-ser-reemplazadas), advierte cómo la inteligencia artificial se inmiscuye cada vez más en el mundo del trabajo como, por ejemplo, los chatGPT desplazan, en cierta medida, a las personas físicas de primera entrada dentro del servicio al cliente, pero ello no va a significar que las personas se queden fuera del sistema productivo si se logran optimizar —y esto desde la enseñanza primaria formal— las habilidades humanas complejas y emocionales que se van a requerir dentro del mundo del trabajo, mediante servicios humanizados, en donde se desarrollen las virtudes y habilidades blandas de la empatía, creatividad, intuición, sensibilización y proactividad.
Pero, al lado de esto, también deben venir regulaciones estatales de control moral, éticas y legales que hagan posible la convivencia de lo laboral con el avance tecnológico, sin interferencia alguna en su desarrollo, pero sí con conciencia social de lo que está significando y la gran oportunidad que significa complementarse con estas dentro del beneficio humano, en pro de la optimización de las tareas y el aumento de la eficiencia en la productividad.
