De tortugas y abogados del Diablo

En el Semanario 2090 del 17 de junio del 2015, página 12, Alonso Chaves Benavides publica el reportaje titulado “Documental aclara y defiende modelo

En el Semanario 2090 del 17 de junio del 2015, página 12, Alonso Chaves Benavides publica el reportaje titulado “Documental aclara y defiende modelo de comercialización en Ostional”, cuyo enfoque remite a la legalidad de la actividad y a la polémica que esta ha suscitado a lo largo de cuatro décadas.

El escribir sobre un modelo de aprovechamiento de un recurso natural de alta fragilidad ecológica, como lo es la extracción, venta y consumo de huevos de tortuga en playa Ostional -que conozco poco no obstante haber observado el documental-, y sobre la legalidad y polémica ambiental que han acompañado a la actividad por muchos años, -que tampoco domino-, me convierte en abogado del Diablo. Solo que en esta ocasión el Ángel de las tinieblas se hace valer de criterios sustentados en la teoría de la evolución y su abogado litigará con arreglo a los preceptos de Darwin.

De pronto, el abordaje del problema en frío –obviando las susceptibilidades propias de la polémica- nos permite contribuir con su resolución.

Del reporte se obtiene que el manejo de los huevos de la tortuga lora (Lepidochelys olivacea) en Ostional es “sostenible”. En primer lugar, Darwin y Wallace se preguntarían: ¿qué evidencia científica (cuantitativa y cualitativa) apuntaría en dirección de la sostenibilidad del proyecto? ¿Existen estudios minuciosos acerca de la dinámica poblacional de la especie en el espacio-tiempo que lleva el proyecto de realizarse? ¿Cómo se comportan, comparativamente, las arribadas de hoy con respecto a las de ayer? Siendo las tortugas animales longevos, ¿qué edades caracterizan a las tortugas que arriban durante los tres primeros días de cada arribada?, -que son las que en Ostional no dejan descendencia, pues sus huevos son sustraídos por los pobladores humanos. ¿Son las mismas poblaciones las que todos los años tienen a Ostional como nicho reproductivo? ¿Se conocen con algún grado de certeza las rutas migratorias de dicho reptil o sus migraciones son sólo de tipo local? ¿En qué grado el factor depredación (hombre en la playa y el mar y los animales en ambos ecosistemas) regula numéricamente las poblaciones de la tortuga lora?

De las preguntas formuladas, bastaría con que una de ellas permanezca en el limbo del conocimiento para que haya que apelar al “principio precautorio” (precepto de la ética científica y política actual), cual mecanismo preventivo capaz de garantizar la sustentabilidad de un sistema cuya fragilidad depende de multiplicidad de factores, como lo es la conservación de las especies vivas.

A manera de ejemplos, ¿qué podría suceder, en el plano evolutivo de la tortuga lora, si con cada arribada los primeros individuos que anidan en Ostional corresponden a los de menor edad o a los más fuertes o saludables? ¿Habrá evidencia científica del porcentaje de nidos que resultan afectados por la construcción de otros nidos después de los tres primeros días de cada arribada? ¿Cómo afectará al éxito reproductivo (vigor híbrido) la práctica humana de espantar depredadores naturales (zopilotes, coyotes, felinos, etc.) o limpiar la playa para que una mayoría de neonatos alcancen las aguas marinas y se aventuren en ellas? Cuando de factores del medio se trata, no olvidemos que el equilibrio ecológico de las especies puede alterarse tanto por disminución como por aumento de sus poblaciones.

Si el reporte no menciona el estado en que se encuentra la investigación de la relación hombre-tortuga lora en el proyecto de Ostional por más de cuatro décadas, el documental sí habla de la ausencia de trabajos científicos que se aproximen al verdadero estado de la situación; es decir, los datos recopilados por funcionarios de la Universidad de Costa Rica no han sido objeto de sistematización científica.

Asunto aparte y de corte político es la realidad socioeconómica que viven las comunidades costeras que, hasta hoy, no cuentan con un gobierno que les garantice su reubicación legal a 200 metros de la playa y en su misma localidad, para que, desde allí, puedan cuidar de los recursos naturales de nuestra Tierra y así evitar el caos comercial que hoy día afecta a la reproducción natural de todas las especies de tortugas marinas que arriban a nuestras playas.

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