De exoneraciones y atenciones: el Estado insensible

Pedro (nombre ficticio) es un joven que desde su nacimiento presenta parálisis en las piernas, brazos, además de movimientos involuntarios.

Pedro (nombre ficticio) es un joven que desde su nacimiento presenta parálisis en las piernas,  brazos, además de movimientos involuntarios. Posee gran capacidad intelectual y una conversación  analítica, fluida y amena. Por causa de eso, él se moviliza en una silla de ruedas con motor. No conozco a su familia, lo que comparto es a partir de esas conversaciones amigables de pacientes en espera de un servicio público, que nos acompañamos durante ocho horas en una sala de cirugía.

La familia de Pedro se ve amorosa y “empunchada”, todos ayudaron para que pudiera estar en el hospital temprano y habían hecho múltiples acomodos para recogerlo ya operado, porque se requería más brazos que los de su madre para llevarlo de vuelta a casa. Me los encontré en un hospital de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) donde le iban a realizar una cirugía de tendones. Pedro me la expuso con claridad, pero no es muy fácil para mí explicarla. En resumen, es muy importante para mantener su calidad de vida, porque cuando los tendones se recogen le producen dolor en sus músculos. Habían llegado a las 6 a.m., en ayunas, la primera y fría semana de diciembre de este año; era la segunda vez que le programaban la cirugía. Iban pasando uno a uno, cada persona con cirugía programada, mayores, jóvenes, mujeres y hombres con miedo y a la vez con esperanza.  Íbamos quedando los parientes que esperábamos, Pedro y su madre.

A la 1:45 de la tarde les comunicaron que “ya no lo pasaban al quirófano, porque la anterior cirugía fue muy larga”. Segunda vez que los devolvían, según contaron. Ver las lágrimas de esa madre me partió el corazón; entre enojo, tristeza e impotencia su hijo nos miraba con angustia y desilusión, además de que tenía hambre y una vía intravenosa puesta por un enfermero  habilidoso que forma parte de una excelente planilla, pero con  protocolos un tanto obtusos. Me contó Pedro que no es fácil que le pongan la vía porque su brazo se mueve mucho. “Usted sabe”, me dijo, “pasar por esto para nada”, enseñándome su brazo y mirándome con unos hermosos ojos claros de dulce mirada.

Nos cuenta su madre que antes tenían una silla corriente, ahora consiguieron una de motor, pero como es más grande, se vieron obligados a adquirir otro carro donde se pudiera trasladar con más facilidad. Para ello, creo que dijo que hicieron un préstamo y comenzaron el proceso de exoneración. En un tiempo no muy rápido lo lograron.

Ella  su madre, es su asistente,  es parte de ese grupo de mujeres que realiza su vida y su existencia a favor de un sueño;  Pedro  estudia para psicólogo y ella es una de sus mejores seguidoras.  La retribución es la realización profesional de su hijo.

Me comentó Pedro que debió suspender la matrícula en la universidad por la espera de esta operación, por segunda vez cancelada. Él está preocupado porque estudia con beca, aunque asegura que no se la van a quitar porque ha demostrado resultados académicos excelentes y la necesidad de las cirugías.

La vida independiente se torna difícil. Por ser un carro exonerado de impuestos, la madre no lo puede usar si no va Pedro. Cuando lo lleva al mall para que comparta con sus amigas y amigos, tiene que quedarse esperándolo porque es prohibido andar el carro sola; no puede devolverse a la casa y luego ir a recogerlo. La vida independiente y la exoneración pesan en la vida de esa mujer heroica.

Viendo la lista de los grandes contribuyentes que despertó al país de nuevo, me pregunto: ¿por qué el Estado se toma tantos esfuerzos para perseguir el mal uso de un carro exonerado y pone tantas trabas y tan pocos esfuerzos en otras exoneraciones? Es fácil perseguir cuando son personas doblemente discriminadas, que forman parte de los delgados hilos del sistema en donde se perpetúan  las injusticias.

¿Qué hacen Conapdis,  Coindis,  el Inamu,  la Asamblea Legislativa,  el Ministerio de Hacienda?  ¿Qué hacemos todos? Recuerde que también hay muchos niños y niñas con discapacidades que requieren que toda norma o reglamento los tome en cuenta, a ellos, a ellas y a sus familias.


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