Escuchando el susurro del río me quedé pensando, en el camino que hace desde su nacimiento en lo más profundo de la montaña y, que, al pasar por praderas, veredas, fincas y bosques, lleva en su entraña la vida y la esperanza en la sabia de sus aguas que se desplazan, en forma rectilínea, a veces columpiando y, a veces culebreando o en cascadas. Su cantar, porque los ríos tienen el encanto de cantar melodías de la naturaleza que salpica al restregarse en las piedras, produciendo, por otra parte, una delicia en el paisaje que engalana con su fragancia espumosa. Pensaba, además, en el cuido que hace de sus amigos árboles y bosques enteros, a los que nutre y da vida, y si la naturaleza es sabia, quizá sea a sabiendas de que aquellos, en plena armonía y convivencia, le devuelven la caricia de su sombra. Cuida de culebras, caracoles, diversas clases de pájaros, garzas, venados, dantas, tigres, sin contar la diversidad de peces, algunos vestidos de colores, mientras, ranas y sapos con sus saltos y su croar seductor encajan tanto en la abundancia y exuberancia del paisaje como en la floresta, majestuosidad de selvas vírgenes. ¡Qué decir de los círculos que juegan a la ronda, cuando algo interrumpe la aparente quietud de la poza! Sí, está claro, los seres vivos están sentenciados a depender del agua como se expresó el jefe Seattle ante la arrogante oferta de Franklin Pierce presidente de Estados Unidos (1864) para comprarles un territorio:
“(…) Esta agua cristalina que escurre por los riachuelos y
corre por los ríos no es solamente agua,
sino la sangre de nuestros antepasados”.
Obviamente, la cita tiene un contenido filosófico condensado en una posición ante la vida, el agua ni se compra ni se vende, el agua es un derecho humano (¡El río es de todos!), además, se extrae con claridad la obligación de cuidar el agua cristalina de los ríos. Por eso, debemos disciplinarnos y reeducarnos para evitar los basureros que van a los ríos. En Costa Rica hay más de 1.250 especies de orquídeas apoyadas en árboles y plantas con flores besadas por abejas o colibríes que disfrutan del néctar, recreando, además, el espectáculo. Cerca de 165 especies de anfibios, alrededor de 200 especies de mamíferos y más 850 especies de aves, que anidan cerca de ríos y quebradas. Algunos ríos esconden sus aguas bajo la corteza terrestre en un viaje silencioso con la finalidad de lubricar paredes internas de nuestra madre tierra. Así, pues, hay tantas cosas que maravillan, la Amazonía deslumbra, al tiempo que obliga a pensar, en el derecho al agua, pues de ella depende en parte la existencia humana. Y como América Latina y el Caribe es parte de nuestro mundo, debemos detener el capitalismo salvaje que, entre otras cosas, poco le importa envenenar la tierra y contaminar ríos con sus pesticidas y agroquímicos. Las cosas no quedan ahí, para mantener precios y ganancias en el mercado, se echa cantidades de melones al barranco, mientras en otros países echan café al mar. Amén de empresas que fomentan la extracción de toneladas de arena de los mares (hacen castillos en tierra firme), convirtiendo su lecho en cementerios o depósitos de basura que ponen en peligro redes de ecosistemas. Finalmente, pensé en la forma de cantar de los planetas a que se refirió Pitágoras, también, cuando el río canta, evoca remembranzas de ancestros que decidieron participar del círculo de producción y reproducción de la vida, en el cuido y el respeto de la madre tierra, lo verde y azul de nuestro planeta ¡Súmate a cuidar el planeta!

