Costa Rica: Un país apocado

Un país que se conforma con poco es un país apocado.

Un país que se conforma con poco es un país apocado. ¿Acaso no es lo que nos ha pasado desde que los falsos profetas de los organismos financieros internacionales nos vendieron la idea de que zocándonos la faja y entregándonos en manos del mercado nos convertiríamos en uno de los  primeros países ricos del mundo pobre? Mensaje que se replicó por parte de quienes apoyaron la firma del TLC con Estados Unidos y, al mejor estilo de los predicadores de la prosperidad, anunciaban que con la apertura disfrutaríamos del paraíso.

Al final, al no salir del sótano, nos hemos venido conformando con medio administrar las crisis. El gobierno de don Oscar Arias celebró lograr paliar los efectos de la crisis del 2008, pero sin impulsar ninguna reforma sustantiva y sostenible; todo lo contrario, durante su gestión de gobierno arrancó la carrera ascendente del déficit fiscal. El gobierno de don Luis Guillermo celebró la reducción de la tasa de hogares pobres en un 0.5%, de 20.5% en el 2016 a un 20% en el 2017. Y el gobierno actual la reducción del déficit fiscal en un 0,2%,  de un 6.2% en el 2017 a un 6% en el 2018, y la reducción de la tasa de homicidios en un  0,4%, de un 12.1% en 2017 a 11.7% en 2018.

Como podemos apreciar, seguimos conformándonos con las migajas que caen de la mesa. Y por  ese camino no vamos a lograr avanzar al ritmo que nos enseñaron quienes impulsaron la Primera y la Segunda República, con logros sustantivos como la creación de la banca estatal,  la educación gratuita y obligatoria, los parques nacionales, la eliminación del ejército, la reforma social, la creación de instituciones como el ICE y la CCSS, entre otras de bienestar social. Sí, como se ha repetido hasta la saciedad, seguimos viviendo de las glorias pasadas.

Además del discurso mesiánico de la prosperidad económica de corte religioso, que nos ha vendido falsos paraísos, ¿qué otros factores culturales, políticos, psicosociales podrían explicar este apocamiento de la Costa Rica de las últimas cuatro décadas (una señora que no alcanza a “ponerle vida a los años”)?. La pregunta es una invitación al debate.

Hice referencia, en otro artículo publicado en este medio, a la observación del teólogo alemán Geiko Müller, profesor visitante en la Universidad Nacional, quien percibía, en la década de 1990, la “oligarquización de la educación” como uno de los problemas fundamentales del país. ¿Hasta qué punto, efectivamente, la falta de democratización de la economía  nos ha conducido a la oligarquización de la sociedad en general? Y, entonces, hoy a pesar de ser calificados en el rango de “democracia plena”, especialmente por sostener un régimen de libertades civiles, hemos venido devaluando la democracia  económica y social. Es decir, somos políticamente democráticos pero económicamente oligárquicos. Gran contradicción que podría explicar, entre otros factores, la persistencia de la pobreza extrema, los pocos avances en erradicación de la pobreza en general, tener una infraestructura colapsada, ser el novenos país más desigual del mundo…

Don Pepe, confesó alguna vez que su gran error político fue haber dejado el periódico La Nación en manos de la oligarquía del país. El error hoy es más grave: dejar todo un país en manos de la oligarquía. La que solo ve la viga en el ojo ajeno de los trabajadores públicos mientras oculta sus ganancias para eludir el pago de los impuestos y continuar engordando sus arcas con la complicidad de los políticos a “sueldo”. Para superar este sesgo oligárquico, necesitamos, según el decir de Weber, políticos que vivan para la política y no de la política. 


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