Costa Rica en el foro de los buchones

En Davos durante décadas se han gestado políticas de concentración de la riqueza global.

Desde Casa Presidencial se enviaron los respectivos comunicados de cómo el presidente Alvarado en su viaje al Foro Económico Mundial sostuvo reuniones, pontificó sobre cambio climático y besó anillos para cementar el ingreso de Costa Rica a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El Foro de Davos es al neoliberalismo lo que el cañón es a la bala. Décadas de políticas de concentración de riqueza global se han gestado en ese exclusivo y elitesco festín en los Alpes germanoparlantes de esa potencia mundial en bancos turbios y evasión fiscal que es Suiza.

Este 20 de enero, el informativo Bloomberg publicó un estudio sobre las doce fortunas personales que más crecieron del 2009 al 2019, entre quienes departen en en el Foro de Davos. Sólo la mención del nombre “Mark Zuckerberg” ya hiede a cantidades obscenas de dinero y según el estudio, su fortuna pasó de $3.000 millones a $58.600 millones, un aumento del 1.853%. Otro famoso multimillonario, Bill Gates -que de hecho ha tratado de mercadearse como un benevolente y desprendido filántropo- pasó de $50.800 millones, a $94.500 millones. También al sector de tecnologías pertenece Marc Benioff, cuyo patrimonio en estos diez años pasó de $700 millones a $6.500 millones, un incremento del 823%.

Rupert Murdoch, magnate de medios de comunicación siempre comprometidos con la más obtusa derecha (como Fox News), pasó de $3.200 millones a $18.300 millones. El único que perdió terreno fue George Soros, quien pasó de $18.000 millones a sólo $7.000 millones. Pobrecito.

Por otra parte, al día siguiente la organización Oxfam publicó un informe en el que señala que las fortunas de multimillonarios de ese tipo se duplicaron desde el inicio de la crisis económica en el 2008 y que esas fortunas crecen a un ritmo de $2.500 millones al día, “las élites económicas y las grandes empresas tributan a los tipos más bajos de las últimas décadas”, lo cual “tiene un coste humano enorme, que se traduce por ejemplo en la falta de personal docente para niñas y niños o de medicamentos en los centros de salud”.

Añade que “la provisión privada de este tipo de servicios penaliza a las personas pobres y favorece a las élites”.

Año tras año, los participantes del Foro de Davos se sientan a hablar entre otras cosas de “desigualdad” y “brecha de género”, pero la doctrina económica y política que mantienen en marcha es más elocuente que sus habladas.

Entonces, ¿qué trae el presidente Alvarado de su excursión al campamento de invierno de los más grandes buchones del mundo? Resulta que “insertó” a Costa Rica en lo que Klaus Schwab -fundador del Foro- llama la Cuarta Revolución Industrial, pidió que el país sea parte de una red de centros de esa iniciativa.

Según un comunicado de Casa Presidencial, el Centro para la Cuarta Revolución Industrial -con sede en San Francisco, California-, “tiene las mejores prácticas en lo último en tecnología, en impresión 4D, en biotecnología, en manejo de bases de datos, en inteligencia artificial, en block chain. Es decir, es el Centro que maneja la punta de las diferentes tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial”. El concepto también incluye la llamada Internet de las cosas y la nanotecnología.

Alvarado explicó además que la incorporación de Costa Rica “es una forma de ponernos a la cabeza. Ser un laboratorio que pone a disposición todas estas tecnologías, no solo para un grupo o para quienes tengan los recursos para hacerlo, sino de toda la población”.

Esta poligamia entre biotecnología, nanotecnología, bases de datos e inteligencia artificial apunta a una pesadilla distópica, más aún si esas tecnologías consolidan su concubinato en el contexto de un mundo cada vez más violentamente desigual, construido en el Foro de Davos.

Por supuesto que Alvarado no dejó escapar la posibilidad de tomarse la foto con Schwab, pero vale la pena citar lo que el fundador del Foro ha escrito sobre esta nueva revolución industrial: “Aún con todas las oportunidades que surgen de la Cuarta Revolución Industrial -y son muchas-, no viene sin riesgos. Quizás uno de los más grandes es que los cambios exacerbarán las desigualdades. Y como todos sabemos, un mundo más desigual es menos estable”.


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