Construyamos nuestro plan de acción

El gobierno y los ricos son realmente una minoría, que no puede minimizar la voz de las mayorías y esa voz también debe hacerse sentir en la urnas, no es válido que sigamos haciendo lo mismo y esperando resultados diferentes

Después del anuncio del gobierno, en que vimos que el  sumiso Carlos Alvarado va  a obedecer el mandato de las Cámaras Empresariales y la frustración que eso ha generado en la clase trabajadora, ya bastante vapuleada en los últimos tiempos, me dispongo a compartir con ustedes las reflexiones de un dirigente sindical que pretende tener la calma para replantearse el curso de la acción.

Primeramente, quiero decir que estoy consciente de que lo que esbozo, es un discurso a lápiz, sin pretensiones de precisión y mucho menos de imposición, eso dejémoselo a los grupos de poder y al gobierno, ejecutor de los dictados de aquellos.  Más bien lo que quiero alcanzar es una provocación, el sembrar una semilla que germine las ideas que realmente pretendo generen la transformación que se requiere.

De previo, permítanme alivianarme de una queja, expresar un cierto grado de frustración, totalmente convencido de que debo proteger a los seres que amo y que mi obligación ciudadana y patriótica es defenderme de un enemigo invisible que está matando en el mundo entero a cantidades de personas y, por más que me digan que es de baja letalidad, lo cierto del caso es que las imágenes y lo que ya sucedió en China,  está sucediendo en Italia, España y desgraciadamente pronto veremos recrudecer en Estados Unidos, me convence de que debo ser cauto, que las miles de personas muertas son una real tragedia y que no quiero que eso suceda en mi país y que si puedo evitarlo, o, cuando menos minimizarlo, todo mi esfuerzo actual debe estar enfocado en ello.

En ese contexto, como dirigente sindical siento mucha frustración, no creo que sea el momento histórico para llamar a la protesta, sobre todo en la modalidad de manifestaciones populares, que en este caso pueden ser suicidas u homicidas, por más que eso implique el dejar el campo abierto a que los vivillos de siempre hagan mesa gallega.  Tengo que soportar con estoicismo la queja de los que protestan porque los sindicatos y sindicalistas no estamos haciendo nada, sabedor de que esos son los mismos que en otras oportunidades, cuando hemos llamado a la manifestación popular, nos han dado la espalda, cuando han sido amables, incluso, que pueden ser los que acremente nos han criticado como inconscientes, vagabundos o vividores oportunistas.

Hecha esta catarsis, me aventuro a hacer mi planteamiento de acción.  La historia reciente me dice que las manifestaciones multitudinarias de calle, protestas masivas, no han sido siquiera tomadas en consideración por el Poder Político Económico, esa casta política, en efecto, como ya lo han declarado, no le tienen miedo a ese tipo de manifestaciones (no le temen al pueblo), por lo que, si no queremos los mismos resultados, estamos comprometidos a buscar formas diferentes de accionar.  Creo que en este campo estamos llamados a ser inventivos, originales a replantearnos nuestra manera de accionar a ser innovadores y aprovechar las circunstancias que la realidad nos ofrece.

Una primera línea de acción que quiero plantear y que ya lo hacía un día de estos a través de un video es la protesta consumo, el encierro a que nos hemos visto obligados  nos ha demostrado que podemos vivir con mucho menos de lo que estábamos acostumbrados, que esa compulsión a comprar desenfrenadamente no es algo vital, que podemos vivir sin ser compradores  consuetudinarios, qué tenemos un gran poder cuando dejamos de adquirir los productos de aquellos que obtienen de las ganancias que logran de nuestro dinero, la fuerza para tratar de atacarnos, en síntesis que si no les compramos lo que nos venden, los debilitamos y nos empoderamos.  Esta es una primera línea de acción que debemos ensayar, como un ejército disciplinado, decirle a las Cámaras que los vamos a golpear en donde más les duele, que no van a poder acumular más riquezas, porque conscientemente vamos a dejar de comprarles, que vamos a empoderarnos quedándonos en nuestras casas, aún cuando ya no haya amenaza de pandemia, para contrarrestar el efecto de la mayor plaga que existe y que es ese poder egoísta y desenfrenado de los acumuladores de riqueza que nos atacan y pretenden avasallarnos.

Por otra parte, otra línea de acción que se me ocurre enunciar es la necesidad de que tengamos medios de difusión propios, fuertes, es necesario exigir al Estado que con la apertura del espectro radiofónico se democraticen las frecuencias radiales y televisivas, de tal forma que haya una verdadera apertura a otros grupos de interés que representen los legítimos intereses del pueblo, un canal televisivo, una radio de alcance nacional y eventualmente un periódico digital o escrito fuerte, que lleve la visión de la clase trabajadora a ser claramente posicionada como medio de generación de opinión y que contra reste el discurso hegemónico de los dueños del capital. Pero, mientras esto se alcanza y que demanda de arrebatarlo a sectores que no quieren ceder, vamos a utilizar las redes sociales para posicionarnos y aquí también el poder de cada uno de nosotros va a ser vital, vamos a ignorar los medios de comunicación tradicionales y potenciar los mensajes afines de los que están a nuestro lado, vamos a comprar solo el periódico que sea equilibrado y vamos a castigar al que sea tendencioso o no ofrezca las visiones o los puntos de vista en juego, vamos a compartir los posteos de los sindicatos, de los activistas, de aquellos que denuncian la corrupción, vamos a viralizar la denuncia en contra de los políticos corruptos y vamos a ignorar a esos que pretenden fomentar discursos de odio infundado, de los que quieren fomentar ficticias diferencias en el pueblo como poner a pelear los empleados públicos con los privados, a aquellos que han encontrado en el dividir a la gente una forma de conquistarnos, seamos cautos, démonos cuenta quiénes están o no de nuestro lado, quienes pretenden distraernos de los reales problemas, enfrentémoslos con intelecto, abrámonos a la discusión y al diálogo inteligente y rechacemos el dogma y la discusión plagada de odios y sin sentidos.

Por otra parte, una vez que termine el tiempo del resguardo en nuestras viviendas y que finalmente venzamos la epidemia, es necesario que todas y todos nos demos cuenta que si no protestamos es inútil confiar en que otros lo hagan por nosotros, es necesario que si van a seguir dándose las manifestaciones populares la paralización del país no lo sea porque se bloquean calles, sino porque todo el pueblo, al estilo de los chalecos amarillos en Francia está en la calle. El gobierno y los ricos son realmente una minoría, que no puede minimizar la voz de las mayorías y esa voz también debe hacerse sentir en la urnas, no es válido que sigamos haciendo lo mismo y esperando resultados diferentes, debemos tomar conciencia de la fuerza que cada uno de nosotros tiene y ejercerla como es debido, ya es hora de que si exigimos acciones enérgicas, la exijamos a nosotros mismos y las ejecutemos sin tener miedos.

Por último, quiero cerrar con un acervo espiritual indiscutible, volvamos a transitar los caminos del amor, esté es la mayor fuerza de todas, recordemos que la comprensión y la solidaridad fueron las que construyeron las instituciones que hoy nos hacen grandes como nación, la CCSS, cuyo valor no podemos minimizar ante la crisis que estamos viviendo, no habría sido posible sin un gran pacto social, sin un ceder reflexivo de un sector que no privilegió la acumulación de capital y estuvo dispuesto a posponer sus intereses particulares por el interés común, pero también por un grupo de hombres valientes que supieron poner los puntos sobre las íes y que estuvieron dispuestos a dar su sangre si la patria se los demandaba para defender sus ideales, ese tipo de compromiso es el que hoy en día se requiere, la pregunta es si estás dispuesto a tenerlo.

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