Opinión

 Carmen Lyra: Exilio y muerte

14 de Mayo de 1949’.  Ciudad de México.

Una tarde como hoy de 1949 moría María Isabel Carvajal Castro.  Vivía con la familia Mora Valverde,  desde hacía más de un año,  acogida por la Embajada de México en Costa Rica y especialmente por el Embajador Carlos Darío Ojeda Rubira, a quién le correspondió el generoso gesto de recibir a María Isabel y a Manuel Mora en los aciagos días después de realizado el Pacto  de Ochomogo  y el Pacto  suscrito en la Embajada de México, para poner fin a la guerra civil en Costa Rica. Traicionado el pacto y amenazada de muerte María Isabel,  se logró hacerla llegar a las puertas de la Embajada  de México quienes la recibieron brindándole asilo y protección. Días después lograron tomar un avión, saliendo del aeropuerto de la Sabana,  el avión fue objeto de disparos, obligando a su piloto a devolverse a Panamá.  Viaje interrumpido por los intentos de asesinatos desde el aeropuerto de la Sabana, finalmente vía La Habana, llegan a la ciudad de México en la cual María Isabel y Manuel Mora junto con otros compañeros y familiares van a vivir su destierro al calor de la generosidad y hospitalidad del pueblo mexicano, y que  hoy les decimos gracias.

La guerra civil fue el espacio social de lo más fascista y retrógrado de los políticos,  los prejuicios de la ignorancia que se mantuvieron por muchos años en la sociedad costarricense,  se asesinó con saña en la batalla de San Isidro del General y en la batalla de El tejar del Guarco,  se asesinaron presos,  se robaron propiedades y bienes,  los vencedores rompieron el pacto conocido como el pacto de Ochomogo y el pacto de la Embajada de México,  donde se comprometen al respeto de los derechos políticos,  para que las fuerzas armadas del Partido Comunista depusieran las armas y las fuerzas Figueristas  entraran sin resistencia a la ciudad de Cartago y a la ciudad capital de San José. Don Manuel Mora Valverde,  decide la ruta del exilio ante las amenazas a la vida de María Isabel Carvajal.

En palabras escritas por Manuel Mora dando testimonio de esos momentos nos narra cuando él se dirigió a la embajada de México y el embajador lo recibió con estas palabras:  “ está usted en su casa y en su país,  México lo recibe con los brazos abiertos” le respondí que le agradecía mucho su bienvenida pero que yo no había pedido asilo que yo no quería salir del país,  me explicó entonces que era Figueres quien le había solicitado que me diera asilo porque estaba seguro de qué me iban a matar pues ya me tenían localizado,  Figueres le dijo estas palabras: “ no quiero cargar con esa responsabilidad”,  usted ya no puede salir de aquí me dijo el señor embajador,  usted está en territorio mexicano. Las tropas de Figueres habían rodeado la embajada con soldados armados,  el embajador y sus empleados sacaron sus rifles,  yo no pude salir de momento me avine a quedarme en la embajada,  pero con la idea de fugarme después. Invitados por el embajador pasamos todos al interior del edificio y después de un rápido cambio de impresiones,  le informé que tenía noticias de qué Frank Marshall había jurado arrastrar a  Carmen Lira del pelo por las calles, por considerar que Carmen era la consejera de todos los crímenes. En  este momento Chavela estaba en cama enferma,  al mismo tiempo le dije a don Miguel que el gobierno estaba obligado obligado a darle protección a Carmen Lira, el embajador de México en el acto, me ofreció recibir a Carmen Lira en la embajada y el ministro de seguridad me dijo que en vista que las tropas de Figueres ya sabían que yo había abandonado la casa donde estaba oculto era seguro que no intentarían entrar a ella antes de qué  abandonara la embajada…. yo un poco alterado dije en voz alta que si no se arreglaban los problemas que acababa de plantear yo me iría de la embajada aunque tuviera que saltarme una tapia un rato después,  Núñez me visitó y en presencia del embajador me ofreció asilar a Carmen Lira un convento de monjas minutos después me visitó Monseñor Sanabria y me dijo que el  estaba dispuesto a  recibirme en el palacio arzobispal, siempre que se me permitiera salir de la embajada.

Nos visitó en la  embajada Rosendo Argüello acompañado de su padre y se presentó, pese a que estuvo en el bando de Figueres,  a ofrecernos su ayuda le di las gracias y le rogué que me ayudara a poner a salvo a Carmen Lyra y que me ayudara también a trasladar a Arnoldo y a Carlos Luis de la Casa de don Carlos Sanz. el doctor Argüello me cumplió en cuanto al traslado de Arnoldo y Carlos Luis , intervino también junto con su hijo  un hijo de Fernando Madrigal, para trasladar a Carmen Lira a la embajada de México.

Al llegar al aeropuerto …un grupo de matones me agarró y me metió violentamente en una oficina el embajador de México que me acompañaba se abrió paso junto con Roberto fernandez Durán y  logró  Liberarme de mis agresores .fernandez Durán era el jefe de la seguridad que había sido escogida por Figueres para darme protección desde mi salida de la embajada de México. el embajador y fernandez me sacaron de la oficina y me condujeron al avión abriéndose campo por entre gentes apasionadas que gritaban injurias. Está presente en mi memoria el chino Rodriguez y su compañera Cristina quienes sin temor a  la multitud vociferante ….llegaron hasta donde yo estaba, ahí me abrazaron,  el chino se quitó su pulsera del reloj y me la colocó en la muñeca habíamos gestionado el vuelo que no pasara por Nicaragua pero se hizo exactamente lo contrario, se me mandó en un vuelo de la Panamerican que venía de Panamá rumbo a México y que debía detenerse una hora en Nicaragua, los sucesos que se produjeron después nos salvaron de caer en manos de Somoza,  tomamos asiento en el avión Carmen Lyra,  Judith y yo. Una parte de los pasajeros que venían de Panamá con destino a México no subieron al avión porque en el rato de permanencia en el aeropuerto se dieron cuenta de qué había la posibilidad de qué se produjeran actos de violencia contra el avión la nave arrancó y se dirigió hacia el extremo oeste de la Sabana o sea el extremo de la pista aquí se detuvo unos minutos para calentar motores,  cuando comenzó a rodar se observó que un grupo de gente armada que se había mantenido oculta en algún lugar se acercaba rápidamente con el fin evidente de atacar efectivamente atacaron a tiros. El avión tuvo tiempo de levantarse un poco, pero los agresores siguieron disparando. Los tiros atravesaron la cabina del piloto quien se salvó por casualidad,  el motor del aparato fue dañado y una llanta estallada,  el avión se elevo violentamente y un momento después el aviador me envió a un joven que al parecer trabajaba como sobrecargo a informarnos que su obligación era aterrizar en el mismo aeropuerto de la Sabana porque el avión estaba dañado pero que en vista de qué si actuaba de esa manera,  la vida mía corria peligro,  había resuelto devolverse a Panamá y aterrizar en ese lugar. Ese sobrecargo me dijo que era costarricense y nieto de Magón siempre le agradeceré. En Panamá el avión aterrizó en un campo especial nos esperaban las autoridades Yanquis con bombas contra incendios fui trasladado al cuartel central de Panamá que comandaba el coronel Remón. Carmen Lira y Judith fueron alojadas en una clínica. Con Remon tuve un incidente y fui en calabaza. El incidente se produjo porque no me dejó humillar por unos corresponsables Yanquis. En la madrugada de ese día me buscó el ministro de gobierno de Panamá, que me manifestó simpatía Personal. Después de qué conversamos me hizo sacar del calabozo y me ofreció gestionar mi salida del país. En la mañana me trasladaron al aeropuerto donde me encontré con Judith y Chavela que esperaban, nos embarcaron hacia Cuba, también se me tuvo preso en un calabozo del aeropuerto, me mantuvieron unas cuantas horas hasta que me visitó el diputado Manolo Luzardo y me saludó en nombre del partido. Me informó que estaba haciendo gestiones para que me enviara a México. Efectivamente al día siguiente volamos a México. Sólo me resta recordar que el gobierno de Otilio tuvo que pagar no sé si total o parcialmente el avión de Panamericana prácticamente.”

El exilio político o el destierro debe ser analizado en la historia política de Costa Rica desde una perspectiva de dimensión regional comprendiéndolo como una política desde el poder de exclusión institucional, de la vida política y de la vida pública en general. aproximadamente 4000 costarricenses según los testimonios,  tuvieron que salir del país por la persecución y la represión dirigida por la junta militar de gobierno de José Figueres Ferrer,  más lo cientos  de encarcelados  y quiero cabe recordar en este momento,  a Emilia Prieto, Pilar Bolaños, Estela Peralta, María Alfaro,  Corina Rodríguez,  María Esquivel, Carlos Luis Fallas, Adolfo Braña,  Arnoldo Ferreto,   Carlos Luis Sáenz, Fernando Chávez,  Jaime Cerdas,  Fabián Dobles,  Víctor Cordero, Álvaro Montero Vega , Manuel Moscoa, Antonio Valerín. Los asesinados en la carretera interamericana de la Cangreja,  al final de la guerra; Edwin Vaglio,  Mónico Hernández y Horacio Montiel.  Miles  de exiliados en Nicaragua,  Guatemala, México, Estados Unidos,  Panamá , Venezuela,  Chile,  Cuba, los cientos de trabajadores que fueron cesados de las instituciones del Estado como administrativos,  docentes,  funcionarios sin ninguna responsabilidad patronal. Derechos sociales que defendieron hasta con la vida.

El señor Figueres no cumplió el pacto, su ambición fue ser el jefe de facto de la junta militar y su objetivo perseguir violentamente a los líderes comunistas, a los dirigentes sindicales con saña,  como el crimen del Codo del Diablo,  a las maestras comunistas y calderonistas, y especialmente prohibirle a María Isabel venir a morir a su patria.

En palabras del diputado José Albertazzi Avendaño, “ de ese caos,  de esa tragedia y de ese infierno creados por la apatía de unos y la complicidad criminal de otros, salió nuestra querida Carmen Lira una mañana,  en un avión que recibió los impactos de algunos rifles entregados al desenfreno. Venía herida, de muerte, escapando a la saña  de quienes de ello estoy dolorosamente convencido, sin  respetar ni su relevante personalidad ni dolencia, la habrían sumido en una bartolina  inmunda apresurando el fin de sus días, escarnecida y humillada.”

Entre el final de los acuerdos por la paz y el armisticio el 19 de abril y su llegada a la ciudad de México hay escasos 10 días donde el preciso refugio de la Embajada de México salvó las vidas de estas tres primeras víctimas de la represión y violencia al finalizar la guerra civil en Costa Rica.

Su amiga Emilia Prieto escribió en 1950 al año de su muerte : “vivir para el pueblo, significa muchas cosas excelsas: talento, generosidad, conciencia, honestidad y valentía, muy particularmente y es un sentido muy amplio de responsabilidad social e histórica.”

Por más de un año estuvo en la Ciudad de México, desde donde solicitó varias veces a José Figueres Ferrer su deseo de regresar a morir a su patria, esencial derecho humano.Siempre fue rechazado su retorno a pesar de qué intercedió el arzobispo Monseñor Víctor  Sanabria y su amigo Vicente Sáenz.

Podemos imaginar la tristeza de la costarricense como lo manifiesta en una de sus últimas cartas enviadas a sus familiares “ me paso pensando en ustedes ya va a cumplirse un año de este destierro tan injusto porque yo siempre he luchado por el bienestar de mi pueblo y a esto llaman aconsejar crímenes.  Cuando nos volveremos a ver a estar juntos.?”

Podemos imaginar cómo habrá menguado su espíritu y aumentado su debilidad física al saber que tantos compañeros y compañeras habían sido encarcelados en Costa Rica o tuvieron  que exiliarse por las decisiones de la junta militar, de la prohibición de las organizaciones sociales como los sindicatos y las asociaciones gremiales. También podemos reconsiderar su visión ética hacia los trabajadores y hacia la necesidad de lucha y organización sobre todo en el clima internacional de la Guerra Fría y el liderazgo de Estados Unidos en la política de la cortina de hierro y la división del mundo.

El 17 de mayo de 1949 se publicaron unas condolencias al pueblo de Costa Rica por parte del secretario de la confederación de trabajadores de América Latina Vicente Lombardo Toledano: “…la violencia política trajo a Carmen Lira hasta México. Arrancada de su pueblo y de su tierra, como acto final de una serie de ondas conmociones que sufriría la gran escritora de Costa Rica, vivió en México llena de angustia por la suerte de los suyos y por los acontecimientos a lo largo de nuestro hemisferio. Enfermo aquí y la ciencia fue inútil para salvarle la vida. Su último deseo era el de morir en su patria; pero ni esto siquiera le fue dado.”

En este mensaje califican a Carmen Lira como un escritora brillante como maestra y extraordinaria mujer que deja una senda para los jóvenes a través de su ejemplo y su obra,  así como también la califica como víctima de la violencia en esos días de pérdidas de libertades. En ese entonces Vicente Lombardo había visitado Costa Rica en diversas ocasiones estableciendo vínculos importantes con Isabel,  Manuel Mora Rodolfo Guzmán , Jaime Cerdas, Arnoldo Ferreto, quienes  en diferentes ocasiones participaron en reuniones de la Central de Sindicatos y en sus Congresos realizados en la Ciudad de México,  como por ejemplo en diciembre de 1941 que se realizó el Primer Congreso de la Central de Trabajadores de América Latina donde participaron los delegados costarricenses Rodolfo Guzmán,  Carmen Lira y Arnoldo Ferreto.

José Albertazzi  nos dice: “ muerta, es mucho más: es una bandera desplegada a los vientos del futuro, es una protesta alzada contra el despotismo, es un juramento de tenacidad en la lucha, un luminoso signo de solidaridad social. Pienso muy especialmente en Corina Rodriguez y María Alfaro en Luisa González en Estella Peralta en Emilia Prieto sus amigas y compañeras que perpetuarán su lucha.”

Carmen Lyra supo leer su tiempo, su voz se levantó con la palabra como estandarte para narrar y criticar una sociedad que no estaba acostumbrada  a verse, ella construyó ese espejo de mujeres, de niños, de trabajadores, los que nadie quería ver,  en su ensayo Grano de oro, le enseñó a leer tanto al pobre como al  rico, puso números a la pobreza y dignidad a los niños descalzos. Así veo a Carmen Lira, feminista,  digna,  emancipada de lastres y prejuicios,  de una independencia por la que un siglo después aún luchamos las mujeres,  de una solidaridad de clase y género. Comunista, líder,  amorosa y combatiente, de ahí tanto temor,  que aún enferma hace 75 años,  los que ganaron en la pírrica victoria de la guerra civil de 1948 le temieron y se fueron contra ella, ya enferma como crueles  y violentos hombres patriarcales, a darle aún más a su corazón y a su cuerpo, y no le permitieron venir a su casa de orquídeas y bajareque a descansar y morir.  No, la violencia contra la mujer tuvo en ella la máxima crueldad.

Creemos en la necesidad de un resarcimiento político , moral y ético; donde la memoria colectiva logre construir un lugar adecuado para sus víctimas  y los responsables de las violaciones a los derechos humanos, solo así se puede avanzar en el fortalecimiento de nuestra sociedad.

En palabras de María Isabel, en una carta dirigida a su amiga María Isabel Audrey :  “hemos sufrido mucho durante estos años, la gente de mi tierra es pacífica y trabajadora  y sólo el egoísmo de los ambiciosos en el poder provocó la guerra civil. Pero si no eran buenos los gobernantes que sostuvimos, tampoco son algunos de los que hoy mandan. Y sucederá lo mismo: a nosotros se nos atribuyen males que no hicimos y se nos niega el mérito en lo constructivo que realizamos; a los hombres honestos que ahora están en el mando se les atribuyen los crímenes y barbaridades que cometen los sinvergüenza irresponsables, y son estos, los aprovechados de antes y de hoy, que ha hundido a Costa Rica en la miseria y la venganza. Los chicos sabrán distinguir y hacer justicia; yo pienso que con tal que mi patria no vuelva a padecer debemos superar los rencores y trabajar por ella.”

Este es el testamento político de María Isabel Carvajal,  un mensaje de justicia política, de construcción por la paz y por la inutilidad de la guerra y la muerte. Sus palabras son espléndidas porque vienen de la voz de una víctima de la violencia, que sin ánimo de venganza llama a distinguir y a buscar sólo la justicia.

El exilio es el alejamiento de las personas de su tierra natal, siempre a lo largo de la historia se ha utilizado como un gran castigo, una dura pena para las víctimas. Una ruptura de la civilidad y los derechos humanos. La sociedad costarricense había vivido políticas de destierro desde los gobiernos de Braulio Carrillo,  Francisco Morazán José Maria  Montealegre,  Tomás Guardia y Federico Tinoco: en la ciudad de México había vivido el exiliado costarricense Rogelio Fernández Güell.

En palabras de un periodista Adolfo Herrera García a dos años de su muerte escribió: “ la vida de Carmen Lira se apagó con el fusilamiento espiritual más cruel que recuerda la historia de Costa Rica. Se le echó de su patria bajo ráfagas de ametralladora y finalmente, se le tuvo de pie ante el paredón del destierro dos años, para terminar, al cabo, por fusilarla  de a poquitos”.

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