Calzones costarricenses

En mayo, y quizás por lo de los habituales, aunque cada vez más escasos, abejones, suelen abundar las ocurrencias costarricenses

En mayo, y quizás por lo de los habituales, aunque cada vez más escasos, abejones, suelen abundar las ocurrencias costarricenses, en especial las ya nacionalizadas de inspiración neoliberal y las más antiguas de un facilismo sin inspiración campesina y nutridas más bien por un Estado que buscó llegar a toda la población con escuelas, zapatos, banca, salud, y al que le entró asma a los contados pasos, para terminar siendo el Estado de los políticos-empresarios y sus clientelas privadas y públicas.

Entre las primeras bromas hay una que remite a las universidades privadas. Conste que, dicho así, no existen. Debe haberlas de gran calidad, de aceptable entrega y otras a las que “calidad” suena a vocablo alienígena. Lo común en ellas es que constituyen un buen negocio porque las universidades públicas no tienen capacidad para atender la demanda social de estudios “superiores”. Un CONESUP (órgano adscrito al MEP), se supone que regula y fiscaliza las universidades privadas. Por supuesto el Conesup no tiene, ni en cantidad ni en calidad, los funcionarios para desempeñar esas tareas (véase, por ejemplo, La Nación S.A.: 5/05/2015). Aquí surge la broma: se exige que el Conesup realice lo que es su función. Pero, al mismo tiempo, y argumentando déficit fiscal y facilismo, se rehúsa toda nueva carga impositiva mientras el Estado no recorte funcionarios y, a los que mantenga, les pague salarios reducidos, a la altura de los ofertados por la empresa privada.

Lo que ocurre al Conesup, pasa también en el Ministerio del Trabajo (un 33% de trabajadores no recibe el salario de ley, pero el Ministerio no tiene inspectores para fiscalizar el asunto) o a la Policía del Tránsito (no puede vigilar carreteras, y al mismo tiempo, penalizar la restricción de placas), por hacer dos referencias. Son necesarios más trabajadores públicos y, sin duda, mejor remunerados, pero los neoliberales exigen recortar personal y pagarles nada o casi.

En lo de las universidades privadas, a la broma se añade cierta saña. La Rectora de la Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología, pide se entregue a las universidades privadas unos ¢2.000 millones (0.5% del FES) al mismo tiempo que acusa el intento de regular sus tarifas administrativas como “comunismo”. Lo de compartir fondos públicos, y proyectos, no es la peor idea, si se hace con propiedad. Pero lo de las megatarifas sin regulación alguna toca el corazón del “negocio universitario” y cuaja en chiste cruel.

Sin embargo, existe una salida para resolver el desafío de las “universidades” privadas que estrujan y estafan a estudiantes y ciudadanos. Habrá alguna. La oferta universitaria privada es un servicio privado ofrecido a clientes también privados. El Estado no tiene por qué interesarse en el asunto, excepto si se produce delito. Así, basta con legislar para que familias y estudiantes que se sientan victimizados por los servicios o precios de sus proveedores ‘universitarios’ puedan exigir sus derechos ante los tribunales y éstos, expeditamente, resuelvan en uno u otro sentido de acuerdo a la prueba. Las sanciones incluirían devolución de dinero, multas elevadas y cárcel por timo u otra tipificación. Lo malo de la salida es que “tribunales expeditos y certeros” es sinónimo de “unicornio azul” en Costa Rica. Con algo hay que alimentar el jolgorio.

Otra buena broma de mayo es un texto en UNIVERSIDAD que reclama el cambio prometido al gobierno de L. G. Solís. Primero, ya se sabe que el hombre “fingía verla venir”. Segundo, no hay gobierno parlamentario y constitucional que pueda cambiar en 4 años la trama de corrupción clientelar y venalidad (ligada con ineficacia pública) construida por décadas. El cambio no es un desafío administrativo sino que, básicamente, consiste en un proceso político-cultural. Compromete la identidad de los ciudadanos. Lo que se puede exigir a Solís es dar un pasito por aquí, ofrecer una muestra por allá mientras su PAC, no el Gobierno, amarra ciudadanos para volver a ganar en el 2018. Para esto el PAC tendría que estarse transformando a sí mismo. Señas de ir hacia esto, no da. Pero, a diferencia de los abejones mayeros, de mayo, está en el PAC ofrecer signos de vida para alcanzar lo que decían les ilusionaba. Si su chifladura en cambio era el Gobierno, tampoco lo tienen del todo. Y por intentar ejercerlo (fingir bailar con ella), terminarán hasta sin calzones. Ninguna broma es buena si no exhibe su ropa interior.

 

 

 


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