Entre búhos te veas….

Por supuesto, esta columna sigue dedicada al ser humano, al humanismo variopinto, a las luchas por la dignidad de todos

Por supuesto, esta columna sigue dedicada al ser humano, al humanismo variopinto, a las luchas por la dignidad de todos (y todas, si me obligan al uso del lenguaje inclusivo… pero dudo de su eficacia). Como probaré, el frío no está en las cobijas: no bastan leyes ni leguleyos para cambiar actitudes de respeto. No es cuestión de signo político: ¿acaso en la Rusia salida de la URSS ni en Cuba, con décadas de supuesto trato igualitario hacia la camarada, lograron superar seculares escollos machistas? Y en régimen capitalista (con las salsas que sean) tampoco estamos logrando mayores progresos reales.

Explico con un afiche a la vista: una mundialmente conocida empresa de comida “express” (como señala su publicidad) no se atrasa en señalar qué tipo de mercancía ofrece a domicilio, siendo un factor importante en la transacción. Pero sigamos con análisis semiológico, a ver si desde allí, en lo causal, actuamos sobre las consecuencias y rompemos el cerco.

¿Qué tiene que ver ello con búhos?  Cosa más curiosa: en ese volante, en una esquina visualizan ese simpático animalito. Tanto en la Grecia antigua, asociada con Atenea, la lechuza representaba la sabiduría. Igual, de este lado del Atlántico, los nativos americanos atribuían a los búhos la misma idea sagrada. Hace unos días, y bajo el lema de “Fe en la razón”, la “Sociedad racionalista costarricense” ofreció una conferencia… con un lindo búho como logo: más allá de épocas y geografías, con visión antropomórfica, ¡un simbolismo respetable!

Pero en esa publicidad a todo color, una llamativa construcción en diagonal infiere una relación entre, por un lado: la misma “ave rapaz nocturna (…) de ojos grandes…” (según la definición del DRAE) y, por otro, una señorita con una blusa (t-shirt) del mismo motivo. Salta a la vista un notorio juego de identificación entre los ojos del animalito y… los senos de ella… ¡Vaya! Fuera de mi estrechez académica, mi empleada añade otra lectura semiológica: sobre el mismo tema “búho” detecta una significativa inversión; así como normalmente el búho mira con atención hacia alrededor; ella, la vendedora (¿de aquello o de qué?) por todos medios obliga a verla… en su esplendorosa “pechonalidad”.

No hay ningún bloqueo mío respecto de esa parte anatómica… pero en su lugar y en su momento… parte estética en esplendoroso reflejo de la Creación (con mayúscula, mejor), parte funcional fabulosa en caso de amamantar… Pero el circundante reduccionismo visual confirma lo que postula Sandra Chaves E., en reciente publicación: “el ser humano se vende entero y se vende a pedacitos” (La Nación, fin de noviembre 2017). Abogada, ella refiere al reciente caso de venta de órganos…  y yo, aquí… a esa imagen degradante de la mujer… por la mujer (y el hombre, por supuesto). Ahora más, en diciembre ¡¡cuidémonos, enteritos!!! Somos seres humanos de cuerpo y hasta alma, con vocación más allá de simple mercancía… Felicidades… a todos los seres humanos (y de repente hasta a los búhos, por qué no).


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