“Anglofascismo”, ¡un debate impostergable!

La culpable de estas líneas es Cristina Fernández, presidenta argentina, quien abogó por un “nuevo capitalismo”. La cuestión entonces desembocó en preguntarme sí los

La culpable de estas líneas es Cristina Fernández, presidenta argentina, quien abogó por un “nuevo capitalismo”. La cuestión entonces desembocó en preguntarme sí los llamados “gobiernos progresistas” latinoamericanos –con excepción de los procesos de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, que son harina de otro costal− disponen de autonomías respecto al  “capitalismo nuevo”, como sistemas distintos de acumulación originaria.

Actualidad mundial: El investigador Leonardo del Grosso resume el asunto diciéndonos, palabras más, palabras menos, que la categoría social formada por personas con  propiedades y capital desde la aparición de la revolución industrial, hoy constituye la reacción mundial de lo que era la nobleza en la baja Edad Media, cuando se resquebrajó el régimen feudal.Ello explicaría que esta, como expresión de “gobierno”, esté cada día más  de acuerdo con un “terrorismo bueno”, a partir de la invasión a Irak en 1991; la invasión de Somalia en 1993 y 1994; los bombardeos de la OTAN contra la República Srpska (Yugoslavia) en 1995; nuevos bombardeos en Afganistán en 2001; golpe y destitución temporal de Hugo Chávez en Venezuela, en 2002M y  promoción de actos violentos contra Caracas desde San José (ver agencia de noticias venezolanas 22/09/14); ataque de Israel al Líbano en 2006, a Palestina en 2009, 2012 y 2014; bombardeo de la OTAN sobre Libia y el asesinato de Gadafi en 2011; invasión de Arabia Saudita y otros Estados del Consejo de Cooperación del Golfo contra Bahréin en 2011; sostenida desestabilización contra Siria desde 2011 y apoyo a los kurdos en 2014,  para la división territorial siria; invasión de Francia desde 2013 contra Mali; etc, etc. El planeta es ahora teatro de operaciones permanentes de estas fuerzas, que ya algunos estudiosos estadounidenses llaman “anglofascizmo” –con zeta de nazi−, procurándose un espacio vital con justificaciones verdaderamente alocadas. En el fondo está claro que el último objetivo es descabezar cualquier alianza económica entre Rusia y China, modificar el mapa del Este europeo, del Medio Oriente y Latinoamérica, que no amenace los intereses  corporativos.

Perfiles en Latinoamérica: Acá estas personas con propiedades y capital, a partir de mediados de 1800 fiscalizan el mínimo cambio económico y político en nuestra América, y a diferencia de lo sucedido desde la Revolución Industrial en Europa, emergen constituyendo grupos que buscan solución a la presente crisis cíclica, uniéndose unas veces a los intereses del “anglonazismo” y otras reforzando o debilitando, según la ocasión y sus intereses, sus “alianzas estratégicas” con el Estado, en materia de educación maquilera, la exportación de materia prima e importación de esa materia con valor agregado, controlando la construcción de obras viales, promoviendo la reducción de la inversión social, apoyando el desarrollo de la ciencia y tecnología, olvidando supremas necesidades locales, etc. Estos perfiles quedaron en evidencia el mes pasado en Argentina cuando, por un lado, se arenga contra los llamados fondos buitres y, por el otro, descubren que desde la privatización del Banco Hipotecario por  Carlos Menem, uno de estos grupos controla el 7% de las acciones bancarias. Así, arrimándose al Estado, los inversionistas nunca perderán un peso y un alto porcentaje del servicio de la deuda la pagamos todos.

En el caso costarricense, la discusión del famoso plan del presupuesto es notoria. La creciente participación de estos grupos en los negocios estatales los hacen rechazar, bajo la tesitura de que todo déficit fiscal es malvado  (¡pobre John Maynard Keynes!), cualquier intento estatal de  recuperar su política de inversión social, de aumento de demanda interna o de fomentar el desarrollo de pymes −verdaderas creadoras de empleo acá−, de elevar la  calidad en el empleo y consecuentemente mayor equidad y movilidad social. Estamos hablando desde una perspectiva reformista, cepalina, al mejor  estilo de los años 70, pues entiendo que plantear el antiinjerencismo de las calificadoras de crédito  o demandar  un Estado con autodeterminación para su pueblo, equivale a resucitar a Juan Rafael Mora. Y yo creo que volverían a fusilarlo, porque ninguno de los grupos que están hacia el centro de la derecha del péndulo ni a la izquierda, están dispuesto a articular la lucha por  30 años de contrarreforma social, pues carecen de esa articulación de actores más allá de las elecciones y, como ha sucedido en Brasil, Argentina, Chile, etc., el divorcio entre quienes fueron electos y las masas, con algunas excepciones, facilitan la reducción del llamado “Estado del bienestar.” Pero no  nos preocupemos: ¡mal de muchos….!

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