Opinión

Ambiente y elecciones

El tema ambiental ha solido estar ausente, a lo sumo de relleno, en las elecciones nacionales, en estas elecciones presidenciales y parlamentarias

El tema ambiental ha solido estar ausente, a lo sumo de relleno, en las elecciones nacionales, en estas elecciones presidenciales y parlamentarias se repite con creces la situación. Pero este tema no es el único que brilla por su ausencia. Si yo fuera una persona indígena o madre jefa de hogar, un obrero agrícola, una pequeña productora o pescadora artesanal, pensaría que no es conmigo la cosa, que se trata de unas elecciones pensadas únicamente para el Gran Área Metropolitana y con temas concentrados en el “hombre meseteño promedio”. Además, quizá como nunca antes, estamos frente un proceso electoral que más bien es un proceso de descarte que haremos con base en el miedo y no por lo que soñamos o anhelamos para el futuro del país y del planeta.

En general, los problemas ambientales -por lo menos los más estructurales- tienen su origen en las desigualdades sociales y eso parece omitirse en los planes de la mayoría de los partidos. En eso de la desigualdad nos hemos convertido, en los últimos años, en potencia latinoamericana; mientras que la brecha entre el ingreso que reciben los hogares más ricos de Latinoamérica y los más pobres disminuyó, en Costa Rica la desigualdad más bien aumentó, como lo confirman diversos estudios  e informes. Por lo tanto, en la pobre visión y nula acción de orden estructural para hacer frente a esta situación y no incluir la destrucción del patrimonio natural en los costos de producción, estamos condenados a círculos de depredación, destrucción, deposición, vulnerabilización, apropiación desigual de los bienes comunes, de manera que unos están “sobreconsumiendo” los recursos de los cuales dependemos para vivir las actuales generaciones y quienes no han nacido, y la gran mayoría está malviviendo de las migajas derramadas.

Sin embargo, a pesar de su literal vital importancia, el tema de la gestión ambiental es invisible en el debate oficial del TSE. En general, después de leer la mayoría de planes en áreas relacionadas con economía, reforma institucional, actividad agrícola, turismo, infraestructura o alguno que otro aspecto que hace alusión específica a lo “ambiental”, la sensación es que el abordaje es de relleno, simplismo, con muchas contradicciones y sobre todo grandes vacíos, donde la mayoría pone el énfasis en nuevas leyes obviando la falta de cumplimiento de las más de 7.000 mil existentes.

Falta de “cómos” es una constante, que los “cómos” dependen de Asamblea Legislativa, Poder Judicial y hasta de la voluntad divina; pero en ambiente, lograr mayor conciencia e institucionalidad para el control y gestión socioambiental es indispensable. Se necesitan recursos nuevos, pues el presupuesto del 1% al 2% del total asignados al Minae ya sabemos que alcanza para las escobas y “palopisos”.

En general, con un par de excepciones, poco se dice y mucho menos se delinea alguna estrategia de participación social integral, lo de participación ciudadana quedó como apellido vacío de un partido que ya por lo menos no tuvo el descaro de estafar una segunda vez al sector ambiental con un “Pacto Ambiental”, como lo hizo el PAC hace cuatro años dentro de su campaña electoral, para luego incumplir y contradecir lo pactado. Pero al pensar en la urgencia de cambios que nuestra sociedad necesita y lo complejo que resulta tomar decisiones extremas y hasta las más sencillas en este país, no pensar en animar la participación ciudadana es apostar a las mismas fórmulas que nos tienen donde estamos, así que se perpetúa que las decisiones, por ejemplo, sobre transporte público, las tomen tecnócratas que andan en carro y que han dejado hace más de un cuarto de siglo de ser peatones y andar, al menos, en bus.

La campaña destaca por su decadencia, parece a ratos un espectáculo de sucesos, una colección de ocurrencias y cinismos, a veces una pesadilla mediática de ejercicios vacíos y competencia de micro opiniones, mal llamados debates, donde vemos montajes que ya le gustaría a uno simplemente creerlos.          Mientras tanto, el electorado se queda tratando de ver en cuál caudillo patriarcal, porque para colmo solo hay candidatos hombres.

Ante la falta de esperanza, no es extraño que tengan que bajar a un Dios de furia y miedo para ayudar a disuadir a los electores con temor y chantaje “divino” para que vote de tal o cual forma, tratando de hacer de la fe un activo electoral manipulable y por lo tanto descartable. Agotada la esperanza, dilapidada la fe, para mucha gente no quedará nada. Resulta un poco inútil “condenar” a una mayoría que se abstiene de votar.

Toca asumir de alguna manera, más con las neuronas que con el hígado, que parece ser el órgano que más estamos activando en estas (des)elecciones nacionales; toca dejar a un lado las emociones y analizar, que esto, aunque nos insistan en la figura de la “fiesta electoral”, es de otro orden, que lo que está en juego es el país entero.

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