Alta sensibilidad

Que interesante escuchar a quienes dicen que ahora no se puede decir nada porque hay personas demasiado susceptibles y creen que todo se dice en “mal plan”; que ahora, por culpa de las minorías, hay que filtrar los comentarios para_que_entren_en_lo_políticamente_correcto.

Que interesante escuchar a quienes dicen que ahora no se puede decir nada porque hay personas demasiado susceptibles y creen que todo se dice en “mal plan”; que ahora, por culpa de las minorías, hay que filtrar los comentarios para que entren en lo políticamente correcto. Yo me pregunto: ¿no debería ser así siempre? Tal vez, más bien, te hace falta cultivarte un poquito más y hablar un poquito menos. No es que no podás decir lo que opinás, sino que, por favor, tu opinión esté libre de insultar. Un poco de respetar para que te respeten y tratar como deseás que te traten.

No es que ahora andemos de hipersensibles por la vida censurando aquellos comentarios ofensivos, sino que ahora estos son más visibles, y nos hemos percatado de que forman parte de la perpetuación de la discriminación. “¿Qué tiene de malo un inofensivo chiste? Es que ahora no se puede hacer humor”, dicen por ahí. Pues no es eso, el punto es que, si ocupás ofender a alguien para tus “chisticos”, pues de comediante tenés lo que tengo yo de cantante, que por cierto es: ¡nada!

Es muy diferente dar la opinión sobre un asunto que incitar la discriminación o la alusión de que ciertos aspectos van implícitos a ciertos grupos, como la consigna de que los nicaragüenses vienen a Costa Rica a violar, matar y robar, por ejemplo. Entonces es acá donde entra la famosa frase de Jean Paul Sartre: “Mi libertad se termina donde empieza la de los demás”. Mi libertad de expresión como derecho fundamental me permite decir lo que se me dé la gana. Sin embargo, eso no quiere decir que tengo derecho de ofender o insultar, y que puedo violentar verbalmente a los demás porque simplemente son diferentes a mi realidad; eso no es inofensivo.

Aquí no se trata de que ahora las minorías nos rigen y todo lo desean a su forma. Tampoco está bien insultar a una persona blanca, católica o heterosexual, o que, si se ataca a un hombre, entonces no hacemos nada. El problema es que, cuando se voltea la tortilla y estamos del lado caliente del sartén, nos percatamos de que algo está sucediendo. No omito el hecho de que algunas personas de estas minorías desean aprovecharse de su condición porque de todo hay, pero sí es verdad que preferimos solo tachar por unos y unas pocas a todos que discernir entre los y las que en realidad busca una equidad y ecuanimidad; hay excepciones a toda regla. No está bien decir que todas las mujeres sean oprimidas y que todos los hombres sean opresores, o que todos los blancos sean racistas; es simplemente una condición de la persona que no la convierte en esto o lo otro.

¿Por qué no se piensa antes de hablar siempre y no solo cuando alguien te puede corregir? La empatía está en peligro de extinción, ya solo ladramos cuando algo nos afecta directamente y, cuando no es así, pueden seguir con sus risas y sus burlas. Así no se vale: o somos justos o no; o buscamos la equidad o simplemente vemos los atropellos pasar por nuestra puerta. Van diciendo por ahí que las minorías exageran y tienen complejos de inferioridad; pero no es así, es simple: si a un perrito siempre se le maltrata, su instinto será el de buscar una posición defensiva ante la realidad de ser siempre lastimado.

Hemos vivido largo tiempo sin entender que todos somos seres humanos aún con nuestras diferencias, y resulta que, ahora que hemos tomado un poco de conciencia en este asunto, salís diciendo que todo es machista, homofóbico, racista o transfóbico, y que no hay libertad de expresión. ¡Qué curioso! Puede que sea verdad y que estuviera tan normalizado que lo podíamos decir a diestra y siniestra sin que alguien nos dijera que nuestro comentario era ofensivo. Dar valor por quien es la persona y no por lo que la sociedad ha estigmatizado y estereotipado es lo que se necesita. Solo pedimos respeto, que ese perrito lastimado pueda encontrar un hogar donde no tenga que preocuparse por las heridas que pueda sufrir, sino simplemente por ser.


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