Al valor de la opinión

Si se denominase alguna característica compartida a lo largo de los años que logre explicar la situación sociopolítica que ha regido en Costa Rica entre sus habitantes, podría aceptarse la de discrepante

Si se denominase alguna característica compartida a lo largo de los años que logre explicar la situación sociopolítica que ha regido en Costa Rica entre sus habitantes, podría aceptarse la de discrepante. Cabría, solamente, tomar cierta noticia atractiva a la voz popular para encontrar la infinidad de posiciones con respecto a ella, a como ocurre en el caso del matrimonio igualitario, reformas fiscales, aborto, entre otros acontecimientos en donde aparecen quienes le apoyan sin dudar, aquellos que reniegan su debate y los que deciden no opinar por creer que no tienen cabida para poseer la razón sobre el tema, pero ¿acaso algunos sí la tenemos?

Solemos sostener nuestras propias creencias bajo el autoproclamado fundamento que sabemos suficiente sobre aquello de lo que opinamos y, por tanto, somos poseedores absolutos de la razón, desembocando un auge hacia la ignorancia imperante en los pseudo debates nacionales que brindan de resultado nada más que esparcimientos de falacias y parásitos al conocimiento. Pareciese que se omite cualquier discernimiento entre los hechos, como valores fácticos y axiomáticos, con respecto a las opiniones, entendiéndose como una manifestación personal de nuestro pensar, puesto que si sus diferencias fuesen englobadas  separadamente a la hora de exponer nuestras ideas, comprenderíamos que solemos basarnos no en hechos comprobables, sino en juicios de valor que han gozado de una incondicional protección.

A la hora de recurrir a un último razonamiento durante discusiones, se ha empleado erróneamente la idea de que al ser una “opinión” propia no puede considerarse como correcta ni equivocada. Sin embargo, ¿no sería acaso una opinión errónea si se fundamenta en falacias o silogismos inválidos? Si se argumentase a favor de la xenofobia, diciendo que en Costa Rica los migrantes centroamericanos no obtienen empleo y viven a costas de beneficios sociales que les brinda el gobierno, sería posible plantear cifras verídicas que vienen a desmentir estas acusaciones y, por tanto, demostrar la invalidez del razonamiento. No obstante, estos no son los únicos parámetros a la opinión, puesto que se deben también considerar normas básicas de convivencia en sociedad, rigiéndose por cierta filosofía moral universal. Con el fin de obtener un concepto preciso que detalle la definición de la moral en estas circunstancias y conforme a estos lineamientos, cabe utilizarse aquella del filósofo James Charles, que la cataloga como “el esfuerzo de guiar nuestra conducta por razones”. Por lo que se obtiene que a la hora de definir nuestras opiniones no debemos exclusivamente centrarnos en si el argumento se basa en hechos comprobables, sino también en si es acorde a razones que compartimos y, sobre todo, si se sintoniza con parámetros básicos de convivencia social, a como lo es la tolerancia humana.

Al traer este razonamiento a la práctica en la cultura costarricense, se halla el inmensurable vacío presente en la formulación de ideas coherentes y opiniones correctas a la hora de comunicarnos con aquellos que discrepan con nuestras posiciones, ya que hemos desarrollado sociedades ajenas y desconocidas a opiniones basadas en los hechos, deducidas por premisas válidas, congruentes a la moral que hemos adoptado y afines a regulaciones normativas óptimas para la vida en sociedad. Esto no es más que una aquejante anomia reflejada en realidades nacionales, donde dicha falencia desencadena conflictos lógico-axiológicos, pues las manifestaciones de noticias falsas, prejuicios excluyentes, posiciones deshumanizantes e incongruencias dentro de convicciones personales se ven proliferadas por tan perjudicial ignorancia acreciente.

No resulta sorpresivo encontrarse actualmente en una cultura donde se difiere violentamente sobre cualquier tema presente a la luz pública, si hemos abandonado el valor de las opiniones. Se nos brinda día con día la invitación de enriquecer nuestro saber con el arte de debatir informadamente, aprovechémoslo.


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