Agendas individuales y agendas colectivas en la UCR

La Universidad de Costa Rica (UCR) es una comunidad conformada por un universo heterogéneo de personas, intereses y visiones.

La Universidad de Costa Rica (UCR) es una comunidad conformada por un universo heterogéneo de personas, intereses y visiones. En la base de esa diversidad subyace un desiderátum común, plasmado en el Estatuto Orgánico, que nos conmina a la búsqueda de la excelencia académica y del bien común.

En este contexto, cada persona maneja una agenda individual, centrada en sus propias ambiciones y expectativas, en sus propósitos personales. Pero la institución no puede ser simplemente la suma de agendas individuales. La UCR no podría cumplir su misión sobre la base de la mera yuxtaposición de proyectos individuales. Nos quedaríamos muy cortos.

Los logros históricos esenciales de nuestra institución se han basado en grandes esfuerzos colectivos. Podríamos mencionar, a manera de ejemplos, la reforma universitaria, el III Congreso Universitario, así como la consolidación de facultades y escuelas, centros e institutos, el posgrado y la regionalización, entre muchos otros.

No obstante, las corrientes ideológicas dominantes en el país favorecen lo individual sobre lo colectivo. Una epidemia de individualismo afecta a nuestra sociedad. El balance entre lo propio y lo colectivo se ha distorsionado a favor de lo primero; y esta distorsión se vive en muchos ámbitos.

Este fenómeno tiene diversas manifestaciones en la UCR: el frecuente desinterés por los proyectos que no nos incumben directamente, la incapacidad para sumarnos a colectivos que procuren el cumplimiento de metas institucionales, la apatía por el trabajo de las instancias colegiadas, la incapacidad para dialogar con colegas desde una perspectiva interdisciplinaria. Es frecuente notar que la opinión que se tiene de decisiones de las autoridades institucionales se basa en si las mismas nos benefician directamente, a nosotros o a nuestras unidades académicas.

La suma de los proyectos y agendas individuales no lleva a una construcción colectiva como la que perfila el Estatuto Orgánico; las agendas individuales nos permiten llegar hasta cierto punto, muy limitado por cierto. La UCR y el país requieren de mucho más. El futuro de la institución pasa necesariamente por nuestra capacidad para incorporarnos a agendas colectivas. ¿Cómo lograrlo?

Quizá lo primero sería desarrollar la capacidad de respetar y conocer a las demás personas, en nuestras facultades y escuelas, y en la institución en general. O sea, de interesarnos genuinamente por lo que hacen otras personas. Solo se aprecia lo que se conoce y, para ello, debemos acercarnos a las diversas comunidades de la UCR para saber qué hacen, qué aportan, qué las limita, qué las desvela. Este esfuerzo abriría puentes de comunicación y mutuo entendimiento.

El conocimiento del trabajo de las otras y los otros debe acompañarse del respeto hacia la diversidad de labores en la institución. La sobrevaloración de lo que nosotros hacemos y la subvaloración de lo que hacen los demás es otra manifestación de individualismo; debemos combatirlas conociendo,  apreciando y respetando los múltiples quehaceres y saberes de la comunidad universitaria.

Los colectivos académicos, en departamentos, escuelas, facultades, sedes institucionales, centros e institutos, deben plantearse metas comunes, que trasciendan lo individual y se dirijan a propuestas colectivas; esto se logra cuando los planes de desarrollo resultan de construcciones conjuntas, y cuando estas se asumen como propias. Para ello, se requiere trabajar codo con codo, con aprecio y con respeto, con quienes comparten nuestros espacios.

¿Cómo fortalecer, a contrapelo del individualismo y la mezquindad, dinámicas en las que las agendas colectivas y las individuales se equilibren, y en las que construyamos espacios donde la generosidad y las metas grupales adquieran un mayor protagonismo? Las respuestas no son sencillas, pero quizá valdría la pena reflexionar en qué medida, en el trabajo diario que hacemos, estamos balanceando las aspiraciones individuales y las colectivas. Sería un buen paso para mejorarnos.

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