Opinión

Aforismos sobre las crisis de los partidos políticos

En mi opinión, los análisis que he estado leyendo, en general, pecan de superficiales, inmediatistas y voluntaristas.

Creo yo que,

El problema no está en los individuos.

El problema no es moral.

El problema no está en cambiar a las personas, ni las estructuras partidarias.

El problema es mucho más profundo.

Y está en un sistema amañado, electoral, estatutaria,  financiera y legalmente. En la forma de financiación diseñada, y  el sistema de cociente y subcociente.

El problema está en  la falsa esperanza de encontrar un mesías o una fórmula mágica. Y en la ausencia de proyectos-país compitiendo.

 

Todo en función de una forma de hacer negocios con, desde y por medio de el Estado de algunos grupos que han cooptado a los partidos políticos por medio del sistema de financiación.

 

A lo anterior agreguémosle que el narcotráfico encontró un enorme portillo a la infiltración de los partidos por medio del sistema de financiamiento que usaban esos grupos de negocios y de interés para perpetrar sus negocios.

 

Aparte de la posible mezcla de intereses que podría estarse dando entre el lavado, narco y negocios legales útiles de antiguos grupos nacionales.

 

Los partidos derivaron en fuente de negocios en sí mismos y en la posibilidad de controlar las condiciones para los negocios desde el Control del Ejecutivo.

 

Un movimiento sindical del sector público maleado por las prebendas ofrecidas por estos grupos de control en el proceso de crecimiento  y hegemonización.

 

La crisis de los partidos inicia con el agotamiento del modelo hegemónico inicial socialdemócrata, la adaptación de los liderazgos del PLN a las nuevas tendencias mundiales y su acomodo a la nueva corriente de «los negocios primero», abandonando los intereses y necesidades de las mayorías que fue la promesa de su proyecto inicial.

 

Hace años que el electorado venía cobrándole al bipartidismo el abandono de las necesidades y del interés de las mayorías por parte de esos partidos. Cuando surge el PAC se le ve como la posibilidad de retomar un rumbo ciudadano que recupere el interés de las mayorías. Cuando el PAC traiciona esta expectativa y comienza a gobernar como sus antecesores, le es duramente cobrada esta traición y cuál Maria Antonieta es pasado por la guillotina electoral. Actualmente, el PAC es un fantasma que vaga por la realidad, sin darse cuenta de su defunción.

 

Lo que le ocurre al PAC es que no encuentra la manera de gestionar de forma distinta al «status quo» y termina plegándose a la lógica y el juego de intereses. Ofreciendo a cambio un truco en la otra mano que fue el desarrollo de los derechos humanos de los nuevos grupos en procesos de visibilización y reconocimiento, lo cual no alcanzaba, ni alcanza, para solventar el gran vacío que produce la ausencia de un proyecto país.

 

Actualmente, los partidos, o más bien los grupos de interés dentro de los distintos partidos, tratan de resolver el frío en las cobijas. Cambiando de personas, o de estructuras, sin darse cuenta de que el problema va mucho más allá de eso.

 

Así que da igual si renuncia Viales o no. Si se va Laura o no, si se van los pillos o no. Dentro del actual sistema-estructura de partidos, no hay solución posible. Y esto solo terminará agravándose con nuevos mesías y nuevas fórmulas mágicas que de nuevo decepcionarán a tirios y troyanos, en un círculo interminable que bien podría llevarnos hacia modelos autoritarios por desesperación y decepción de la ciudadanía.

 

En este momento no es ni siquiera posible construir una nueva plataforma político-partidaria. La urgencia mayor es crear un movimiento, cuyo objetivo sea crear las condiciones para el surgimiento de un verdadero sistema democrático de partidos en este país. De tipo transpartidario, a-partidario y ciudadano que tenga por objetivos: Cambios drásticos en el Código Electoral, en el modelo de financiamiento de los Partidos Políticos, en sus formatos de organización, en las formas directas de control ciudadano. Que varíe drásticamente el sistema de cociente y subcociente y que además proteja a la organización ciudadana de la hegemonización oligopólica y plutocrática de los medios comerciales de comunicación, algo en lo que ya contribuyen bastante las redes sociales, pero amenazadas por el peligro de la desinformación sistemática.

 

Aparte de generar estas condiciones mínimas, necesitamos partidos que nos digan claramente, para qué, para quiénes y cómo se proponen darle un rumbo al país con base en los intereses de las mayorías.

 

¿Y el FA? El FA no parece estar en capacidad de ver todo lo que está ocurriendo y capitalizar políticamente la situación. Como decía mi abuelo, «ocupan carbura» para madurar rápidamente.

 

 

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