Wall Street avanza posiciones en la Casa Blanca y en América Latina

Una curiosa entrevista de Steve Bannon, entonces encargado de la estrategia política de la administración Trump, puso fin a su corta carrera en Casa Blanca

Una curiosa entrevista de Steve Bannon, entonces encargado de la estrategia política de la administración Trump, puso fin a su corta carrera en la Casa Blanca. “Aquí peleamos todos los días. Estamos todavía peleando. Está el Tesoro, Gary Cohn (jefe del Consejo Económico Nacional) y el lobby de Goldman Sachs”, dijo Bannon en su entrevista a Robert Kuttner, director de la revista The America Prospect, que se identifica a sí misma como una revista “orgullosamente liberal” y que ha mantenido una línea desafiante contra Trump desde el momento mismo en que asumió el poder.

“Nunca esperé una llamada de Bannon”, dijo Kuttner, quien aseguró no haberle tampoco solicitado nunca una entrevista. Lo que los unió fue la visión de que el gran desafío que enfrenta Estados Unidos es lo que Banon califica como una guerra económica desatada por Beijing contra Washington.

“La guerra económica de China es todo”, le habría dicho Bannon a Kuttner. “Debemos enfocarnos decididamente en esto. Si continuamos perdiendo estaremos, dentro de cinco años, diez años máximos, alcanzando un punto de inflexión del cual nunca nos podremos recuperar”. “Hay un guerra económica y nos están aplastando”.

En sus declaraciones a la revista, Bannon dijo también otras cosas, entre ellas que “no hay una solución militar para el problema de Corea del Norte”, una visión distinta a la expresada por Trump pocos días antes.

Enfrentado a Wall Street

Entre los grupos a los que Bannon estaba enfrentado en la Casa Blanca se incluía el yerno de Trump, Jared Kushner. Aliados durante el período de instalación del nuevo gobierno, rompieron relaciones cuando Trump nombró a Gary Cohn, un banquero de Goldman Sachs, como su principal asesor económico, e incluyó entre esos asesores a Dina Powell, exfuncionaria de la administración Bush y expresidente de la Fundación Goldman Sachs, señaló Kuttner.

No es de extrañar entonces que los corredores de la Bolsa de Nueva York  estallaran en aplausos cuando se supo que Bannon, el estratega de la campaña de Trump y exdirector de la revista conservadora Breibart, había renunciado.

Terminaba así otro round de las intensas luchas desatadas en el interior de la Casa Blanca desde que Trump asumió la presidencia. Ganaban los “globalistas”, contra los que Bannon arremetía desde su revista.

Pero su derrota puede tener consecuencias. Como escribió el editor de uno de los sitios identificados con Alt-Right, un grupo partidario del nacionalismo xenófobo, “cualquier movimiento para despedir a Bannon es más peligroso para el futuro de la administración Trump que cualquier cosa que Robert Mueller pueda hacer”.

Mueller es el exdirector del FBI que investiga los vínculos de la campaña de Trump con los rusos y que algunos estiman que podría llevar al impeachment del presidente.

Trump enfrenta renovadas críticas del propio Partido Republicano, algunos de cuyos dirigentes se desmarcaron de la posición del presidente, que al principio se negó a condenar las manifestaciones de los supremacistas blancos en Charlottesville, la semana pasada, en las que murió una mujer atropellada por los manifestantes.

Las divisiones estallaron ante las diferentes respuestas en el Partido Republicano, después de que Trump insistiera en que los contramanifestantes de izquierda eran tan responsables como los neonazis y supremacistas blancos por el baño de sangre en Charlottesville, según se podía leer en el New York Times, el miércoles pasado.

El ala más tradicional del partido “ve con profunda desconfianza” algunas actitudes de Trump, como los ataques al fiscal General, Jeff Sessions; sus enfrentamientos con la mayoría republicana en el Congreso, en particular con el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell; o el despido del expresidente del Comité Nacional Republicano Reince Priebus como Jefe de Gabinete de la Casa Blanca, el mes pasado, afirmó la periodista Jimena Vergara.

Los signos de que las actividades de los extremistas de derecha están creciendo en los Estados Unidos son cada vez más peligrosos, decían medios norteamericanos. Desde los enfrentamientos de Charlottesville las banderas nazis ondean sin complejo en casas de los Estados Unidos, dijo Chloé Rochereuil, en un largo artículo en Mashable, donde mostraba esas banderas ondeando.

Grupos neonazis vendían camisetas con alusión de los vuelos de la muerte, en los que las dictaduras argentina y chilena hacía desaparecer a opositores, en los años 70.

Pero parece que, por ahora, las posiciones se van despejando en la Casa Blanca. Un cambio que no se puede disociar del nombramiento del general John Kelly como sustituto de Priebus al frente del gabinete, el pasado 31 de julio. Kelly, que fue jefe del Comando Sur del ejército norteamericano por cuatro años, entre 2012 y 2016, conoce bien América Latina. “El retiro de Bannon es una victoria de Kelly, general retirado del cuerpo de marines, cuya misión es imponer disciplina entre el personal de la Casa Blanca”, afirmó el NYT.

Bannon, destituido, anunció su regreso a Breibart. “La presidencia de Trump, por la que hemos peleado y ganado, ha terminado”, afirmó. “Todavía tenemos un enorme movimiento, y haremos algo por la presidencia de Trump. Pero esta presidencia ha terminado. Será algo distinto”.

Wall St. en América Latina

Wall Street tiene más motivos para sentirse bien representada en la administración Trump. La gira del vicepresidente Mike Pence por América Latina la semana pasada dejó claro que la expectativa de Washington es imponer en América Latina el modelo que el presidente Mauricio Macri ha impulsado en Argentina.

Pence expresará a los presidentes de los cuatro que visitará –Colombia, Chile, Argentina y Panamá– “el respaldo a las importantes reformas económicas en la región, y compartirá su preocupación sobre el inquietante colapso de la democracia en Venezuela”, dijo el Panama Post, citando “un alto funcionario de la Casa Blanca quien pidió mantener el anonimato”. “Colombia, Argentina, Chile y Panamá representan el futuro, el futuro de la libertad, la oportunidad, el comercio y el crecimiento”, agregó.

Para el diario argentino Clarín, cercano a Macri, la visita  era considerada en Washington “como un fuerte apoyo de EE.UU. a la nueva etapa bilateral inaugurada con Mauricio Macri”.

Ya la administración Obama había expresado ese apoyo, con la visita que el entonces presidente norteamericano hizo a Buenos Aires poco después de asumir Macri y cancelar a los fondos buitres norteamericanos miles de millones de dólares. Un arreglo que el gobierno de Cristina Kirchner no había aceptado, por lo que las relaciones entre los dos países permanecían tensas. Pero la llegada de Macri al poder abrió las perspectivas de un arreglo.

Son muchachos de Wall Street, saben lo que tienen que hacer, dijeron entonces voceros del sector financiero norteamericano, refiriéndose al equipo económico del nuevo gobierno argentino.

Citando una entrevista de la vocera de la Casa Blanca Helen Aguirre Ferré a CNN, Clarín destacó: “hay muchos temas que nos unen”. “El presidente Trump es amigo desde hace muchísimos años del presidente Macri”, pero también el argentino suma “condiciones muy importantes para Estados Unidos, en busca de un nuevo camino en lo que tiene que ver con el apoyo a los acuerdos comerciales y bilaterales”. Y destacó que hay sintonía bilateral en temas “económicos, en el interamericano e internacional, con el que compartimos muchos puntos de vista, muy distintos al gobierno anterior”.

En el marco de la visita de Pence, llegó a Argentina Myron Brilliant, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, con un grupo de importantes empresarios norteamericanos.

“Si bien Brilliant sostuvo que la sinergia entre el gobierno de Macri y el sector privado hoy está presente, hacia delante todavía faltan reformas clave para que las inversiones lleguen al país”, dijo Clarín. Se trata de las reformas tributaria, laboral y aduanera. “Los costos laborales son altos en la Argentina. Las reformas no van a ser fáciles, ni aunque haya una mayoría en el Congreso. Llevarán tiempo”, agregó. “Queremos crear la marca Argentina en Washington”, buscar una “relación más estratégica con la Argentina”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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