Las múltiples caras de la política hoy

¡Usted sabe que no debía haber hecho eso!

Al dejar el cementerio, donde acababa de enterrar a su nieto, de tan solo siete años, Lula subió al carro de la Policía Federal (PF) y saludó de lejos, con la mano, a quienes se habían reunido allí para apoyarlo.

Al dejar el cementerio, donde acababa de enterrar a su nieto, de tan solo siete años, Lula subió al carro de la Policía Federal (PF) y saludó de lejos, con la mano, a quienes se habían reunido allí para apoyarlo. Cuando bajó el carro, un delegado de la Policía Federal (PF) del equipo que lo custodiaba le dijo:

–Usted sabe que no debía haber hecho eso.

–Usted sabe que yo debía, le contestó Lula.

El incidente se transformó en una nueva pieza del escenario político brasileño, alimentando, desde la semana pasada, las celebraciones callejeras del carnaval. Como pocas veces, los temas políticos se expresaron en las calles, con críticas a Jair Bolsonaro que la gente cantaba mientras desfilaba bailando.

Está sobre la mesa del debate público la reforma de la seguridad social, que incluye un polémico aumento de la edad de jubilación. Pero desde que asumió el nuevo gobierno, el primero de enero pasado, el clima político del país se ha enrarecido, en particular por el uso de ciertas expresiones poco habituales para calificar el opositor. Estas expresiones se manifestaron nuevamente al conocerse la muerte del nieto de Lula y de la autorización otorgada por el Poder Judicial para que asistiera al entierro durante hora y media. El diputado federal e hijo de Bolsonaro, Eduardo Bolsonaro, publicó: “Lula es un preso común y debería estar en un presidio común”. Para el hijo de Bolsonaro, el que la PF lo haya escoltado al cementerio solo contribuye “a dejar el ladrón de moda posando de pobrecito”.

El senador Humberto Costa, líder del Partido de los Trabajadores (PT) en el Senado, lo acusó de ser un “psicópata descalificado”. “Esta raza de víboras que no respeta el sufrimiento humano va a responder por esta agresión sin nombre”, agregó.

El rechazo a las declaraciones del diputado Bolsonaro fue mucho más generalizado que la ya esperada reacción del PT, partido del cual Lula es fundador y su principal figura.

El PT ya anunció una campaña para movilizar el país en favor de la libertad de Lula, cuya prisión consideran injustificada. “Lula libre es condición fundamental para recuperar la democracia en Brasil”, afirman los promotores de la campaña.

Otra mirada

El otro escenario político que concentra la atención en América Latina es la situación en Venezuela. Luego del enorme operativo organizado por Estados Unidos para enviar a ese país paquetes con productos alimenticios y remedios desde las fronteras con Colombia y Brasil, y por mar, desde Puerto Rico, el presidente de la Asamblea Legislativa venezolana, Juan Guaidó, proclamado presidente en ejercicio, realizó una gira por Brasil, Paraguay, Argentina y Ecuador, en un avión de la Fuerza Aérea Colombiana. Desde Ecuador, de donde partió el domingo, anunció su regreso a Venezuela, sin que se precisara la fecha ni el procedimiento para su entrada al país. En Venezuela crecía la posibilidad de que Guaidó fuera detenido al regresar por haber violado una orden judicial que le prohibía abandonar el país.

Después de la enorme atención de los medios a las actividades en torno al envío de los paquetes a Venezuela, que incluyó un concierto con diversas figuras internacionales, la atención se desvió de la ciudad fronterizo colombiana de Cúcuta. Sin embargo, desde allí no dejaron de surgir noticias, aunque poco destacadas por los medios. Entre esas noticias estaba la de que el concierto, en el que se esperaba recaudar $100 millones, habría dejado solo $2,4 millones.

El cierre de la frontera luego de las actividades de la semana pasada ha dejado prejuicios a la ciudad. El mercado de Cúcuta “se ha hundido por cierre fronterizo”, tituló el diario venezolano El Nacional el pasado 26 de febrero.

“Terminó el show, y ahora Cúcuta ¿qué” se preguntaba el columnista Édgar Cortés en las páginas del diario La Opinión de Cúcuta el pasado domingo. “Ahora la crisis de la ciudad se agrava porque en esa informalidad que vivimos, lo poco que movía la ciudad eran los venezolanos que atravesaban el puente y algo compraban, y en algo beneficiaban a la ciudad”, afirmó.

“Aquí también hace falta ayuda”, había dicho la BBC en un reportaje sobre la ciudad que destacaba la carencia de servicios públicos, desde camas en hospitales hasta los mayores índices de desempleo del país.

También en Brasil, donde el cierre de la frontera ha impedido el acceso de los venezolanos a Pacaraima, hay preocupación, inclusive porque la ciudad fronteriza brasileña se abastece de electricidad venezolana.

En Brasil, en su reunión con Guaidó, Bolsonaro afirmó que no ahorrará “esfuerzos” para restablecer la “democracia” en este país. Pero su vicepresidente, el general Hamilton Mourão, propuso un diálogo con Maduro. “Alguien tiene que conversar, ¿no?”, se preguntó Mourão en una entrevista a un diario brasileño el viernes pasado. “Hay que abrir un canal con Maduro, con las fuerzas armadas. Esto es un conflicto complicado, que no se va a resolver de un día para otro”, agregó.

Al otro lado del mundo

Al otro lado del mundo, las miradas estaban puestas en la cita entre el presidente norteamericano, Donald Trump y el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, celebrado en la capital vietnamita, Hanói, el 27 y 28 de febrero pasados.

La reunión terminó de forma abrupta. Con la mesa puesta y los comensales ausentes, Trump regresó a Washington el jueves, mientras el presidente norcoreano iniciaba una visita oficial de dos días a Viet Nam, antes de iniciar su largo viaje de unas 60 horas, en tren, por China, de regreso a Pyongyang.

La cumbre fue la secuencia de lo negociado el año pasado por los dos presidentes en Singapur. Una reunión que contribuyó a aliviar una tensión que parecía muy cerca a un conflicto de dimensiones insospechadas. Desde entonces, Corea del Norte ha mantenido su decisión de suspender sus pruebas nucleares y de misiles.

De acuerdo con Trump, los coreanos querían ahora el levantamiento de las sanciones que les impide comerciar petróleo y exportar carbón y productos del mar, a cambio de cerrar su principal complejo nuclear de Yongbyon. Para el Secretario de Estado Mike Pompeo, el fracaso de las negociaciones fue causado principalmente por diferencias en la secuencia del desarme coreano y el levantamiento de las sanciones.

La visión de los norcoreanos es otra. Según su ministro de relaciones exteriores, Ri Yong Ho, Corea del Norte había demandado la suspensión parcial de las sanciones, a cambio del cierre del complejo de Yongbyon. En su opinión, se perdió una oportunidad única de llegar a un acuerdo y reiteró que la posición de su país sobre este tema no variará en el futuro.

“Mientras Washington no esté dispuesto a dar el primer paso en el alivio de las sanciones –dijo Ankit Panda, editor del periódio The Diplomat, ante una consulta de la BBC sobre los resultados del encuentro– este proceso probablemente permanecerá estancado”.

El fracaso del encuentro provocó desazón en Corea del Sur, donde se esperaba que un acuerdo abriría la puerta para nuevas inversiones en su vecino del norte. La agencia Yonhap estimó que el fracaso de la cumbre había puesto el reloj de seguridad en la península de Corea en cero, poniendo en entredicho el esfuerzo por desactivar el peligro nuclear en la zona.

Como actor principal en todos los escenarios, el resultado de los esfuerzos de Washington en las fronteras de Venezuela y en la mesa de negociación con Corea del Norte no parecen, sin embargo, haber hecho mella en la popularidad de Trump. Una encuesta publicada el fin de semana pasado por la cadena NBV y el Wall St. Journal indicaron que la popularidad del presidente había subido de 42,3% a 46% y el mandatario aseguró que ganará las elecciones del año que viene con una diferencia aún mayor que la lograda el 2016.

Con objetivos poco claros, tanto en Cúcuta como en Hanói, las iniciativas norteamericanas terminaron en un impasse. Pero parece que ante la opinión pública norteamericana pesa más el impulso que el punto de llegada.

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