Sube el tono del debate político internacional

Después de un cuarto de siglo de dominio prácticamente sin contrapeso en el escenario militar internacional

Después de un cuarto de siglo de dominio prácticamente sin contrapeso en el escenario militar internacional, Estados Unidos reaccionó ante lo que ve como una amenaza a ese predominio por parte de Rusia y China.

Fue el secretario de Defensa, Ashton Carter, quien alzó la voz en un discurso pronunciado el pasado 7 de noviembre en la biblioteca presidencial Ronald Reagan, en California, en el marco del Foro de Defensa Nacional.

Un lugar y un momento cuidadosamente elegidos para lanzar advertencias a sus rivales, ante un escenario conformado por expertos en temas de seguridad y funcionarios del Pentágono; un discurso en el que, quizás, se expresó de la manera más dura contra Rusia, su antiguo rival de la Guerra Fría, afirmó un comentarista de la agencia alemana DW, en una opinión similar a la expresada por Robert Burns, de la agencia norteamericana AP.

Terroristas como los miembros del Ejército Islámico “se oponen totalmente a nuestros valores”, dijo Carter. “Pero otros desafíos son más complicados y, dado su tamaño y capacidades, potencialmente más dañinos”.

Y citó: “En Europa, Rusia ha estado violando la soberanía de Ucrania y Georgia, y tratando de intimidar los estados bálticos (…) “En Siria, Rusia está echando gasolina en un ya peligroso incendio, prolongando una guerra civil que alimenta el verdadero extremismo que Rusia dice combatir”.

El secretario de Defensa norteamericano estimó que Rusia desarrolla “actividades amenazantes”, tanto en el mar como en el aire, el espacio y el ciberespacio. “Más inquietantes todavía, las bravuconadas nucleares de Moscú plantean dudas sobre el compromiso con la estabilidad estratégica, sobre su respeto a las normas contra el uso de armas nucleares y el respeto al profundo cuidado que los líderes de la era nuclear tenían de no alardear con armas nucleares”.

Frente a lo que Carter estimó como amenazas sobre el uso de armas nucleares por parte de Rusia, Estados Unidos “está invirtiendo en las tecnologías más relevantes para enfrentar las provocaciones rusas, como nuevos sistemas no tripulados, un nuevo bombardero de largo alcance y tecnologías innovadoras, como armas electromagnéticas, láseres y nuevos sistemas de guerra electrónica, espacial y ciberespacial, incluyendo algunas pocas sorpresas que yo no puedo, realmente, describir aquí”, afirmó el secretario de Defensa norteamericano.

Las armas electromagnéticas son descritas como armas de largo alcance, que disparan proyectiles usando electricidad, en vez de propulsores químicos. Un campo magnético, creado por corrientes eléctricas elevadas, acelera el lanzamiento del misil, que alcanza 4.500 millas por hora (más de 7.000 kilómetros).

Estados Unidos –añadió el funcionario– está modernizando todo su arsenal nuclear, no solo los submarinos, los bombarderos y los misiles lanzados desde tierra armados con bombas nucleares, sino también las bombas mismas.

Todo esto es una verdadera parafernalia de dimensiones y capacidad de destrucción fácil de imaginar, muy alejadas de la tradicional bomba atómica que Estados Unidos hizo explotar dos veces sobre Japón en 1945, al finalizar la II Guerra Mundial.

Histeria

El discurso de Carter fue comentado por la agencia rusa RT. En un artículo titulado “Nueva fase de histeria de EE.UU.: ‘Rusia y China están desafiando al orden mundial”, la agencia lamentó que pusiera “en una misma línea” a Rusia y China con el Estado Islámico a la hora de enumerar los desafíos para Estados Unidos.

“En el contexto de esa ‘histeria’ del Pentágono, cabe recordar la reciente reacción de Moscú a los nuevos planes de Estados Unidos de desplegar bombas nucleares avanzadas en la base aérea Büchel, en Alemania. El despliegue es el último movimiento planeado como parte de un programa de intercambio nuclear conjunto de la OTAN”, afirmó la agencia. El Kremlin había denunciado ese despliegue, que podría cambiar el balance estratégico en la región y obligar a Rusia a tomar medidas similares.

El paño de fondo de las declaraciones de Carter –se podía leer en un despacho de la agencia AP– “es la realidad de que después de más de dos décadas de dominar las relaciones entre las grandes potencias, Estados Unidos observa cómo Rusia se reafirma y China expande su influencia militar más allá de sus propias costas. En conjunto, estas tendencias desafían el predominio norteamericano y su prevalencia en el orden mundial”.

Del mismo modo, como Estados Unidos avanza sus posiciones en Europa y trata de encerrar a Rusia dentro de sus fronteras, en Asia busca evitar que China desarrolle su influencia y extienda su presencia militar más allá de sus costas.

Si en Europa el frente de batalla está en Ucrania −mientras la OTAN despliega nuevas armas cada vez más cerca de las fronteras rusas−, en Asia el frente de tensiones está en el mar del Sur de China.

Carter pronunció su discurso solo una semana después de navegar por la zona a bordo del portaviones norteamericano, el USS Theodore Roosevelt, al que abordó partiendo de una base en Malasia.

El mes pasado, un barco de guerra norteamericano, el destructor USS Lassen, navegó por aguas costeras de una isla artificial que China está ampliando en el archipiélago Spratly. “La actividad de un barco de guerra norteamericano en el mar del Sur de China daña la confianza mutua y provoca tensiones regionales. China está extremadamente preocupada por eso”, aseveró el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi.

Se trata de una zona donde diversos países como Vietnam, Malasia, Filipinas, Taiwán o el pequeño sultanato de Brunei reivindican islotes.

Como una potencia en crecimiento, expresó Carter, debemos esperar que China tenga crecientes ambiciones y se modernice militarmente. Ahora será el comportamiento chino la verdadera prueba de su compromiso con la paz y la seguridad. Por eso es que los países de la región están mirando las acciones chinas, en áreas como la zona marítima y el ciberespacio”.

Ya en mayo pasado, un documento del Consejo de Estado chino sobre su estrategia militar provocó reacciones en Washington, el cual dejaba en evidencia, según el corresponsal del Washington Post en Pekín, “el dramático crecimiento de las ambiciones del país en materia de defensa –especialmente de las ambiciones navales–, a la par de su rápido crecimiento económico”. De la defensa de sus aguas costeras, ahora China se proyectaba hacia la protección en alta mar.

En realidad, Estados Unidos ha reorientado sus prioridades hacia la región Asia-Pacífico, donde reforzó su presencia naval, así como el armamento y equipos militares.

Estados Unidos está invirtiendo en nuevos sistemas no tripulados, un nuevo bombardero de largo alcance y tecnologías innovadoras, como armas electromagnéticas, láseres y nuevos sistemas de guerra electrónica, espacial y ciberespacial
Debate político

Oriente Medio

Mientras trata de contener la proyección militar de sus rivales en Europa y Asia, Estados Unidos busca consolidar su presencia en Oriente Medio, el gran foco de conflicto armado en la actualidad.

Para eso, el presidente Barack Obama se reunió con el primer ministro israelí, Benjamin Natanyahu, en Washington, la semana pasada. Según la BBC de Londres, se trata de renovar la multimillonaria asistencia norteamericana a Israel.

“No hay ningún país en el mundo que reciba más dinero de Estados Unidos para su seguridad que Israel. El último acuerdo entre Washington y Tel Aviv, de ayuda para la defensa de Israel, fue firmado por los gobiernos de George W. Bush y Ehud Olmert en 2007. Eran $30.000 millones por diez años, del 2009 al 2018, sin contar los casi $700 millones que EE.UU. ha invertido en el ‘domo de hierro’, el programa antimisiles israelí. Netanyahu llegó esta semana a Washington para aumentarla, quiere ampliar la ayuda por otra década y que pase a una suma todavía no clara entre $4.000 y $5.000 millones anuales”, puntualizó la BBC.

Se trata, en todo caso, de una danza multimillonaria de recursos, difícilmente sustentable en el tiempo, mientras se moderniza una capacidad militar de efectos devastadores, cuyas consecuencias para la humanidad son fácilmente imaginables.

 


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