Solo con justicia social se superará la crisis pandémica

Latinoamérica y el Caribe será la región más golpeada en lo económico y, si no logra cobrar más impuestos a lo sectores más poderosos, la pandemia la pagarán los pobres y lo que queda de la clase media.

Establecer impuestos a los patrimonios que superen el millón de dólares, así como a las utilidades de grandes empresas que más bien han visto sus ganancias dispararse durante la pandemia; pero al mismo tiempo aliviar la carga de los hogares empobrecidos, por ejemplo, reduciendo a cero los impuestos a la canasta básica.

Esas son algunas de las recomendaciones que hace el informe ¿Quién paga la cuenta? Gravar la riqueza  para enfrentar la crisis de la COVID-19 en América Latina y el Caribe, recientemente publicado por la organización no gubernamental Oxfam.

El informe propone además que, cuando llegue la etapa de la recuperación, los Estados deberán emprender reformas tendientes a una mayor recaudación para “blindar las políticas sociales”, pero ello debe pasar por reducir la regresividad de las políticas fiscales; es decir, que los ricos paguen como ricos.

En esa dirección, es vital “detener la ingente pérdida de ingresos fiscales a causa de la evasión fiscal”, así como elevar o crear tasas sobre rendimientos de capital, revisar los impuestos a la propiedad y los incentivos tributarios.

Cabe destacar que algunas de esas propuestas son muy coincidentes con las ya hechas en Costa Rica por el grupo de Economía Pluralista al presidente Carlos Alvarado desde abril, mediante una carta.

Asier Hernando, director de Oxfam para América Latina y el Caribe, durante una charla organizada por la Fundación Gabo, señaló que la pandemia incrementó la pobreza en la región en un 3,2% y ponderó que ello es aún más grave en el contexto en que, durante el último año, se observó lo que llamó “la desafección con la democracia”, pues “la frustración por parte de la población era mucho mayor y vimos diferentes movilizaciones en las calles. Vimos lo que pasaba en Chile, vimos lo que pasaba en Colombia, vimos lo que pasaba en Ecuador, vimos lo que pasaba previamente a Nicaragua o lo que pasó en Honduras”.

Al mismo tiempo, apuntó que desde 2002, 66 millones de personas en Latinoamérica habían salido de la pobreza, pero la región se mantenía “frágil” y “vulnerable” porque “dependía de las exportaciones y porque solo una serie de sectores muy concretos eran los que esperaban una parte importante de la riqueza”.

Por ello, advirtió que unas 52 millones de personas “pueden retroceder otra vez a la pobreza”. Vale notar que en Costa Rica, la pobreza desde mediados de los años 90 muestra un estancamiento pues nunca se aleja del 20% de la población. Aún no se puede precisar el golpe que en este rubro está produciendo la crisis pandémica, pero sí se identificó un aumento drástico del desempleo, que ha alcanzado un 20%.

Hernando también se refirió a la situación de las mujeres y dijo que a través de las labores de cuido en el hogar, que normalmente asumen, “son motor oculto de la economía actualmente” y que “mucho de la carga que tenían antes en el cuidado, que ya doblaba la de los hombres, se acentúa mucho más ahora”.

Se da entonces una situación que “condena a las mujeres al sector de la informalidad; ningún trabajo formal permite dedicarse a cuidados a los que el patriarcado las condena” y por ello “un aspecto fundamental de la crisis es que acentúa la desigualdad de los cuidados” en el hogar.

La crisis no es igual para todos

El informe de Oxfam puntualiza que América Latina y el Caribe es la región “más desigual del planeta” y que ahora, además de ser el epicentro de la crisis sanitaria desde el 1 de junio,  “se ha convertido también en el epicentro de la crisis económica”.

Al mismo tiempo alarma porque “los elevados niveles de desigualdad y de pobreza, preexistentes a la crisis, junto con la alta informalidad y unas administraciones públicas con recursos insuficientes, son un efecto multiplicador que explica la vulnerabilidad de la región y limita su capacidad de contener la pandemia”.

Sin embargo y sin tapujos, el análisis de Oxfam sentencia que “esta crisis no afecta a todos por igual”, ya que desde el principio de los confinamientos han surgido ocho nuevos “mil millonarios” en la región, personas cuyo patrimonio supera los $1.000 millones. Al mismo tiempo, se estima que 40 millones de personas perderán sus empleos y, hay que insistir, 52 millones podrían recaer en la pobreza.

La riqueza de esa élite de “supermillonarios” de la región ha crecido un 17% desde mediados de marzo, según el documento. Eso quiere decir que ese club del privilegio vio su patrimonio colectivo aumentar en $48.200 millones, lo cual equivale a la 38% del total de los paquetes de estímulo que los gobiernos han puesto en marcha para paliar la crisis, o a nueve veces el monto de los préstamos de urgencia que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha aprobado.

Por todo ello, los especialistas de Oxfam hablan de “dos realidades contrapuestas”. Por un lado, la mitad de la población de la región sobrevive día a día, con el mercado laboral marcado por la informalidad. “Para la gran mayoría de la ciudadanía, los confinamientos han acabado por ahogar los magros ahorros o mostrado la vulnerabilidad de unos servicios públicos que no alcanzan a garantizar cobertura ni derechos”, señala el informe.

Pero, por otro lado, “ser extremadamente rico en América Latina y el Caribe te convierte
prácticamente en inmune a esta crisis económica”, lo cual también se debe a que durante las últimas décadas “se han venido desmantelando los esquemas de impuestos a las grandes fortunas, hasta el punto de que en la actualidad tan solo tres países cuentan con un impuesto al patrimonio: Argentina, Colombia y Uruguay”.

Esa desigualdad radical también es notable en el ámbito empresarial, pues mientras miles de pequeñas y medianas empresas enfrentan cierres en muchos casos definitivos, “los beneficios de grandes corporaciones como Microsoft, Visa o la farmacéutica Pfizer han crecido entre un 30% y un 50% desde principios de año”.

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