El presidente del gobierno socialista español, Pedro Sánchez, convocó estas elecciones anticipadas tras el nefasto resultado para su partido y la coalición gobernante en los comicios de mayo como una manera de contener la hemorragia que debilitaba su gobierno mientras fortalecía a la derecha.

La noche del 28 de mayo, tras el resultado adverso en las elecciones municipales y autonómicas, Pedro Sánchez era la figura responsable del desastre, pero actuó rápido y sin temblarle el pulso. Su audacia fue premiada. Era una jugada sagaz, que llevó adelante con una campaña de optimismo.
La fórmula de la derechización que viene creciendo en Europa no funcionó en España, donde la campaña del PSOE se centró en pedir que el país no diera un retroceso de medio siglo hacia los oscuros años de la dictadura franquista.
“No hay ningún presidente del Gobierno de España que haya gobernado después de perder las elecciones”, Núñez Feijóo.
El discurso de esa derecha dura, expresada por el partido de ultraderecha Vox, principal aliado del PP, tuvo efectos contraproducentes. La fórmula que se creía ganadora alcanzó los votos suficientes para una mayoría absoluta y el PP terminó aislado y con poca capacidad de negociación, pese a haber obtenido mayoría de votos.
Mientras que en el PSOE, pese a sus diferencias y a la oposición que ha tenido por parte de los partidos independentistas catalanes, vascos, gallegos y mallorquines, hoy fuerzas decisorias, tienen más proximidad con Sánchez que con el candidato del PP, Alberto Núñez Feijóo.

El empate que complica hasta al rey
El pasado sábado 29 de julio, cuando se supo el resultado del recuento final del voto CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes), el proceso electoral en España terminó de complicarse para sus dos mayores aspirantes: Pedro Sánchez, actual presidente de gobierno en funciones del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y Alberto Núñez Feijóo del Partido Popular (PP).
Dicho resultado le otorgó un diputado más al PP y se lo restó al PSOE, con lo que la posibilidad de este de ser investido en segunda ronda empata con la de su opositor.
El resultado electoral definitivo le otorga 121 diputados al PSOE (y no 122 como se creía hasta el viernes), 137 al PP, 33 a Vox, 31 a Sumar, 7 a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), 7 a Junts per Catalunya, 6 a Euskal Herria Bildu, 5 a Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Partido Nacionalista Gallego (PNG), Coalición Canaria (CC) y Unión del Pueblo Navarro (UPN) uno cada uno.
Así, el bloque de la mayoría de derecha, conformado por el PP, que obtuvo la mayor votación, y su aliado Vox alcanzan a 170, a 6 de la mayoría absoluta necesaria para investir a su candidato mayoritario Alberto Núñez Feijóo, pues ni con los votos de los otros partidos minoritarios que pudieran adversar al PSOE les alcanza.
Pero, además, los partidos autonómicos no reciben bien las posturas nacionalistas y centralistas impulsadas principalmente por la extrema derecha de Vox, que los ataca constantemente. Asimismo, la decisión del rey tampoco es fácil, pues debe escoger uno entre el más votado o el que tiene más apoyos.

La investidura
El artículo 99 de la Constitución dicta que una vez conformadas las Cortes y asuman los diputados, que será este 17 de agosto, el rey debe reunirse con los líderes de cada uno de los partidos y, a partir de esas conversaciones, tomar la decisión de proponer un candidato para que sea investido por los diputados para formar gobierno.
Tras la constitución de las Cortes, se supone que los diputados voten según línea de partido, pero, de alguna manera, Vox intenta hacer ver que la lealtad partidaria puede no ser tan sólida, al pedirle al candidato del PP que busque dialogar directamente con diputados electos del PSOE y no con su líder.
La negociación con los catalanes no es fácil para el PSOE y algunos la ven como un callejón sin salida. Aprovechando su condición de ser prácticamente indispensables para la investidura de Sánchez, tanto el ERC como Junts per Catalunya ponen en la mesa su reclamo más ambicioso: la amnistía de los separatistas acusados por la crisis de 2017, incluido Carles Puigdemont, refugiado en Bruselas, y la posibilidad de convocar a un referendo independentista.
«Hoy, el PSOE no tiene ninguna otra mayoría alternativa. Tenemos una palanca de fuerza que hemos de saber aprovechar unidos, para avanzar”, decía un comunicado de ERC, que convocaba además a Junts a hacer frente común en las negociaciones.
Sin embargo, el partido de Puigdemont acusa a los republicanos de no haber conseguido nada con su postura conciliadora con el PSOE. Aunque la coalición ERC y Junts gobernó Cataluña hasta octubre de 2022, en esa provincia los socialistas obtuvieron más votos, con lo cual, parece que el discurso secesionista no tiene tanta acogida.
Sánchez ha sido claro que tanto la amnistía como el referendo no son negociables, pero es posible que esa postura se suavice, principalmente, respecto al primer punto, que sería de especial interés para Puigdemont. Según los cálculos, es posible que el PSOE prefiera tener que enfrentar unas elecciones que se repitan que sumergirse en una mayor crisis de gobernabilidad.
La presidenta del gobierno de Madrid y líder del PP, Díaz Ayuso, se apoya en un argumento nacionalista y centralista al decir que Sánchez “venderá nuestra nación, con España de vacaciones”. Así, alude a que en las próximas semanas las negociaciones entre PSOE y Junts se realizarán cuando la mayoría de los españoles disfruta de sus vacaciones y no estarán tan atentos a la política nacional.
Según el diario El Mundo: “si hubiese un pacto de la izquierda con Junts para la constitución de las Cortes, ese 17 de agosto, se vería afectada también la ronda de consultas del Rey, que se inicia justo después. Porque para entonces estaría algo más clarificada la guerra de bloques y Felipe VI debería decidir entre encargar la investidura al líder del partido más votado (PP), que era lo previsible hasta ahora, o a quién (Sánchez), ya entonces sí de manera fehaciente, por el acelerón de las negociaciones tras el cambio de escaño en Madrid, puede tener, por la gracia de Puigdemont, una mayoría para ser investido. Y así habría presidente por la vía rápida, a principios de septiembre.”

El cruce de cartas
El domingo 30 se supo del cruce de misivas entre los dos candidatos mayoritarios. Núñez Feijóo hizo saber en redes sociales que había enviado una carta a Sánchez solicitándole una reunión urgente. “No hay ningún presidente del Gobierno de España que haya gobernado después de perder las elecciones”, dice Feijóo en la carta.
“Un factor continuo de gobernabilidad y normalidad en nuestro país a lo largo de toda su trayectoria democrática lo ha constituido el reconocimiento de que la fuerza política ganadora en elecciones generales es la que debe gobernar”, señala.
La petición del PP a Sánchez es que se abstengan de votar y le permitan gobernar con su aliado Vox y quizás un voto más, lo cual, de todas formas daría un gobierno muy débil.
Sánchez respondió a Feijóo que aceptará reunirse con él, igual que con el resto de portavoces de los grupos parlamentarios una vez que se dé la constitución de las Cortes, donde se siente seguro de que tendrá los apoyos suficientes para la investidura.
La carta sorpresa del PSOE sería un apoyo de los catalanes de Carles Puigdemont, que le diera mayor seguridad en el triunfo, pero la postura del líder de Junts está por verse.
Mientras, en las tiendas del PP también están pensado en repetir elecciones. Algunos analistas consideran que las propuestas de Núñez Feijóo a Sánchez más que una genuina conciliación lo que buscan es hacerlo ver como responsable del fracaso del proceso electoral y la crisis de gobernabilidad que conlleva.
Los dilemas de Sánchez
Este lunes, en un vídeo en redes sociales, vuelve a explotar la imagen de un optimismo ahora renovado al decir que “los que proponían la derogación y el retroceso no son mayoría. Estoy convencido de que existe una amplia mayoría social para seguir avanzando”. La situación es compleja, pues el país podría pasar meses en negociaciones e intentos de resolver la decisión popular.
Lo otro, que parece ser donde se centran los esfuerzos Sumar y el PSOE es convencer a los representantes de Junts que voten por Sánchez ante un posible avance del PP. Ya no solo se trata de la abstención, sino del sí de los 7 votos de Junts.
Por su parte, un nuevo gobierno presidido por Sánchez, como resultado de una negociación en la que conceda demasiado a los catalanes, sería objeto de muy fuertes críticas y posiblemente fortalecería a la derecha.

Podemos y Sumar
Las diferencias entre los principales aliados del PSOE, Unidas Podemos y Sumar, han sido públicas y notorias. A poco de saberse el resultado electoral ya Unidas Podemos salió a decir que sus 5 diputados electos actuarán con independencia.
El claro debilitamiento de Unidas Podemos en las elecciones de mayo auguraba un destino muy difícil para el gobierno de izquierda encabezado por el PSOE. Pero Sumar y IU lograron remontar con una propuesta más clara.
Alberto Garzón, líder de IU, dijo: “Lo que ha conseguido Sumar es extraordinario. Hace solo dos meses el espacio político estaba noqueado y, en muchos territorios, desaparecido. Ahora ha sido clave para frenar a la reacción y lo será para repetir gobierno de coalición».
El logro de Sumar es 31 escaños, los 3.014.006 de apoyos y el 12,31% del voto. Irá a su primer congreso para constituir órganos como nuevo partido, ya no como coalición.
El bloqueo y la repetición de elecciones
A partir del momento en que una votación de investidura fracase, el rey Felipe VI tiene que disolver el Parlamento dos meses después y convocar nuevas elecciones.
Entre 2015 y 2019, España vivió cuatro elecciones generales debido a situaciones de bloqueo.
El escenario de repetir elecciones no es conveniente para el país, que tendrá que pasar varios meses en un vacío de mando político, con un gobierno en funciones, mientras
España ejerce la presidencia del Consejo de la Unión Europea.
