Ignacio Álvarez, español experto en Medio Oriente:

Sin invasión de Irak no hubiera existido el Estado Islámico

Profesor de Estudios Árabes en la Universidad de Alicante (España), coordinador del área de Oriente Próximo y Magreb en la Fundación Alternativas,

Profesor de Estudios Árabes en la Universidad de Alicante (España), coordinador del área de Oriente Próximo y Magreb en la Fundación Alternativas, columnista en el diario español El País −donde escribe con frecuencia sobre estos temas−, Ignacio Álvarez vino invitado a Costa Rica para dar un seminario en el Centro de Estudios de Medio Oriente y África del Norte de la Universidad Nacional.

UNIVERSIDAD conversó con él sobre la situación en Medio Oriente, sobre los cambios que implicará el retorno de Irán al escenario regional luego de la firma del acuerdo para el control de su programa nuclear, y la crisis migratoria que enfrenta la Unión Europea.

Álvarez afirma, entre otras cosas, que “sin la invasión de Irak no hubiese existido el Estados Islámico”.

“La mayor parte de los países europeos no parece dispuesta a recibir con los brazos abiertos la ola masiva de refugiados que huyen de la guerra”, dijo a UNIVERSIDAD el académico español Ignacio Álvarez.
“La mayor parte de los países europeos no parece dispuesta a recibir con los brazos abiertos la ola masiva de refugiados que huyen de la guerra”, dijo a UNIVERSIDAD el académico español Ignacio Álvarez.

Usted comentó en artículo reciente que la firma del acuerdo entre Irán y las cinco potencias +1 que negociaban con ese país por el control de su programa nuclear abría una nueva etapa en Oriente Medio. En su opinión, ¿eso reavivará las tensiones entre Irán (chiitas) y Arabia Saudita (sunitas)? ¿Qué consecuencias tendría eso para la región?

−Es una apuesta clara de Estados Unidos (EE. UU.) a un reequilibrio de fuerzas en la región, tratando de incluir a Irán en el grupo de países amigos. Hasta ahora había confiado en Israel y Arabia Saudita como sus grandes aliados en la región. Pero el caos que vive la zona indica que esos aliados son incapaces de garantizar la estabilidad de la región.

Con el acuerdo, Irán va a jugar un papel clave: es una potencia regional con peso específico y tiene que formar parte de la solución de muchos de esos conflictos. ¿Cuál puede ser la respuesta de Arabia Saudita? ¿Va a aceptar el nuevo statu quo o se va a oponer a esta repartición de fuerzas? La intervención saudí en Yemen demuestra que no se van a resignar a quedar como aliado de segunda categoría.

Arabia Saudita aparece vinculada a los grupos extremistas que operan en la región, entre ellos el Estado Islámico, y apoya a los rebeldes sirios, lo que transforma a los saudíes en una fuerza desestabilizadora muy importante en la región. ¿Cuál es su apreciación sobre el papel de la casa de Saud en el escenario actual de la región?

−El papel de Arabia Saudita es negativo en términos generales, porque tiene un proyecto sectario para la región, basado en exacerbar las tensiones confesionales entre suníes y chiíes. Esto se puede ver tanto a escala doméstica como en todo el golfo, donde están azuzando los odios sectarios contra los chiíes. Pero también exacerba las diferencias dentro de la familia suní. Quisiera destacar que cuando se habla de Arabia Saudita se le considera la punta de lanza del sunismo, cuando en realidad no es así. Es la punta de lanza del wahabismo, una versión minoritaria dentro del propio sunismo.

Ellos quieren imponer, a toda costa, esa versión del islam, que es muy nociva, una versión sectaria, rigorista, puritana, antioccidental, antimodernista. Esa versión choca con las propias tradiciones existentes en la región. En la misma Siria siempre han coexistido las diferentes tendencias del islam, pero eso se está rompiendo, lo cual es un problema.

Usted habla también de la oportunidad de que la “comunidad internacional” aproveche esta coyuntura para tratar de apaciguar las turbulentas aguas de Oriente Próximo. Hasta hoy el papel de esa comunidad solo ha agravado la situación. ¿Qué cambios vislumbra en ese papel y qué podrían hacer para apaciguarla?

−No es una solución sencilla. Los países occidentales, en particular, son responsables de la situación en el terreno, debido a la pasividad que han mantenido desde el estallido de las tensiones. La inacción de los actores internacionales ha abierto la participación de los actores regionales: Irán, Turquía, Qatar y Arabia Saudita. Cada uno apostando en función de sus intereses. Podría pensarse en una intervención −que no tiene que ser armada, sino de carácter diplomático− que presione a las partes en conflicto y a todos los actores que tienen intereses en la región, principalmente Arabia Saudita e Irán, que son los que, de alguna manera, tienen mayor responsabilidad.

Usted es muy crítico del presidente sirio Bashar el Asad. Pide que sea llevado al Tribunal Penal Internacional. ¿A cuáles líderes y dirigentes de la región dejaría de llevar a ese tribunal? Al primer ministro israelí Benjamin Natanyau, al rey Salmán de Arabia Saudita, al presidente de Egipto, Al-Sisi; a George W. Bush, a Blair, a Aznar, que han causado una inmensa tragedia en Irak y en Oriente Medio? ¿A quiénes?

−Considero que Asad es el principal responsable de la situación que se vive sobre el terreno. Probablemente la mayor crisis que ha habido en la región desde la II Guerra Mundial, con más de 250.000 muertos, de 70.000 desaparecidos, cuatro millones de refugiados y ocho millones de desplazados internos. Por lo tanto, es el principal responsable y debería ser juzgado por crímenes de guerra. El que se juzgue a otros depende de la magnitud de los crímenes. Es cierto que la invasión de Irak fue la que creó un caos que se va contagiando, poco a poco, a los demás países. Es esa invasión la que crea el terreno adecuado para que el sectarismo haga explotar todas las tensiones acumuladas, que haya introducido este etnosectarismo que persigue a los suníes, a los que se acusa de connivencia con el régimen de Saddan Hussein.

Sin invasión de Irak no hubiera existido el Estado Islámico (EI). El EI es un hijo de esa invasión, una respuesta a la marginación a la que son objeto los suníes de Irak. En el caso de Israel, también hay una clara responsabilidad no solo del primer ministro Benjamin Natanyahu, sino también de los laboristas. Israel está aprovechando este caos en la región para impulsar su proyecto colonialista, que consiste en dividir, fragmentar la población palestina, territorial e ideológicamente. Eso les permite colonizar más territorio y crear una política de hechos consumados que les facilite anexarse ese territorio más adelante, agrupando a los palestinos en guetos y haciéndolos completamente dependientes de las decisiones de Israel. La franja de Gaza está cerrada a cal y canto desde el 2007. Se ha convertido en una cárcel a cielo abierto, donde se está castigando al conjunto de su población de más de 1,5 millones de personas.

En Egipto estamos asistiendo un retorno al autoritarismo, pero Al-Sisi tiene importantes respaldos internacionales, tanto de EE. UU. como de Arabia Saudita. Los países del Golfo también ven con buenos ojos ese retorno al autoritarismo. En todo caso, la situación de Egipto, en términos económicos, es muy delicada.

Gaza está transformada en un verdadero gueto, mientras Israel amplía la colonización en el territorio ocupado de Cisjordania. ¿Cómo va a terminar eso?

−Por ahora, esa política israelí de castigos colectivos no ha repercutido en Israel, no ha tenido un costo político para el país. Lo lógico hubiera sido que la comunidad internacional se alzara contra esa política, contra ese embargo que practica Israel sobre la población civil palestina, contra esas guerras que lanza para tratar de acabar con Hamas y que contravienen las normas internacionales. Hoy el 50% de la población de Gaza está en pobreza extrema. Israel trata de que la comunidad internacional solo discuta ese problema, que se preocupe de que esa población no se muera de hambre, pero no de las violaciones de sus derechos. Israel ha tenido éxito en eso.

La crisis ha afectado también a Turquía, que ha entrado en un período de inestabilidad. El PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) también ha renovado su ofensiva contra el gobierno turco. ¿Se profundizará la crisis también en Turquía?

−Turquía tiene una política contra el presidente sirio, pero también antikurda. No les interesa que los kurdos afiancen su autonomía, lo que genera una política que se puede volver en su contra, pues abrió las puertas al Estado Islámico.

El AKP (partido mayoritario en el gobierno) tiene una deriva autoritaria peligrosa. Turquía es uno de los países de la zona que tiene más periodistas encarcelados. Luego de las últimas elecciones fue incapaz de formar gobierno, por lo que habrá nuevas elecciones en noviembre. Las cosas no están saliendo tan bien como se esperaba. Partía como un actor clave para servir de puente entre las partes en conflicto y ahora cada vez está más aislado, como consecuencia de sus políticas domésticas y regionales.

Turquía también esta sufriendo cambios trascendentales en el ámbito doméstico, con una situación delicada en términos económicos, de alta inflación y devaluación de la lira. En el ámbito regional Turquía ha pasado de la política de cero problemas con los vecinos a la política de todos los problemas con los vecinos. Todas las relaciones se han enturbiado, especialmente con Israel y Siria, por el involucramiento muy activo de Turquía en la crisis de ese país vecino.

Una de las consecuencias de la crisis en Oriente Medio es la ola migratoria que enfrenta Europa. En su opinión, ¿tiene Europa condiciones para enfrentar esa crisis?

−Creo que no. No tiene capacidad para controlar esa ola de refugiados que está llegando a territorio europeo. Esta situación es resultado de errores cometidos por parte de la Unión Europea (UE), de esa política de esperar y ver, de no involucrarse en la crisis siria, de dejar las manos libres al gobierno en Siria para que masacrase a su población. Confiaba la UE de que eso no la salpicaría. Se ha encontrado con todo lo contrario, con la irrupción del EI y la amenaza yihadista, con atentados en algunos países donde hay mayor presencia de musulmanes.

En su momento, España rechazó recibir 5.000 refugiados, aunque ahora parece dispuesta a aceptarlos, por orden de Merkel. La mayor parte de los países europeos no parece dispuesta a recibir con los brazos abiertos la ola masiva de refugiados que huyen de la guerra. Lo que está por verse es si esta llegada masiva de refugiados va provocar un cambio de políticas en Oriente Medio, si esa respuesta humanitaria va a ser acompañada de un mayor involucramiento diplomático para resolver la guerra en Siria.

 


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